A propósito del cine experimental, “principio de variancia” y “resistencias” en Jean Epstein, Stan Brakhage y Gilles Deleuze.
Santiago Martín de Salterain Estudiante de Filosofía | UNSa
Jueves 25 de agosto de 2016
Jean Epstein, cineasta francés de mediados del siglo XX, nos habló de un “cine del diablo”. ¿Qué razones tenía para utilizar dichas palabras? Sin pretensiones heréticas ni ateas sino más bien metafóricas, Epstein entendió -en un curioso y creativo análisis de la biblia- a “Dios” como aquello que fija, que establece, que pretende conservar.
Por otro lado el “Diablo” representa el devenir, el movimiento y el cambio, se trata de lo que el cineasta dio a llamar principio de variancia: cada vez que aparece el diablo en la biblia algo cambia de rumbo. En otras palabras, el diablo representaría lo que para Epstein es la lógica de la vida misma, encontramos aquí una especie de “heraclitismo” rudimentario que hace del continuo cambio su principio básico.
Ahora bien, al arte precisaba de ese movimiento. Epstein vivió el nacimiento del cinematógrafo y encontró un arte que funcionaba en base al movimiento, el movimiento técnico del celuloide. El cine se le presentó entonces como representante del principio de variancia, principio del movimiento esencial de la vida y principalmente como resistencia al principio conservador, al principio representado por Dios. Es en este sentido estético-político y no en el religioso en el que deben entenderse sus palabras.
Del otro lado del océano, Stan Brakhage, cineasta experimental norteamericano contrapuso el “Cine Amateur” con el “Cine Profesional”. Este último es el representado por aquellos que han fijado las normas de cómo debe ser el cine, los profesionales son los que establecen, fijan, crean un modelo a seguir que debe ser respetado. El cineasta amateur, en cambio, experimenta constantemente con nuevas posibilidades y se resiste a la lógica esencialmente comercial que hace funcionar a la máquina profesional. En el caso de Brakhage su experimentación se llevó a cabo mediante la manipulación artesanal del celuloide.
“Stellar” de Stan Brakhage
Más o menos durante los mismos años el filósofo Gilles Deleuze nos habló en “Control y devenir” del concepto de “Minoría” versus el de “Mayoría”. Como bien lo explica en una famosa entrevista, Deleuze no entiende “Minoría” en términos de cantidad, sino por aquello en lo que se diferencia de una “Mayoría”. El concepto de “Mayoría” hace referencia a aquellos que pretenden fijar un modelo a seguir, por ejemplo, el de hombre blanco, europeo, heterosexual, etc., de modo que “Minoría” hace referencia entonces a aquello que se resiste a lo que fija, a aquello que existe como puro “proceso”, en palabras del propio Deleuze.
Dios/Diablo, Profesional/Amateur, Mayoría/Minoría… quizás diferentes duplas que nos hablan de lo mismo… Dos nociones entrelazadas podríamos sacar de esto que hemos mencionado hasta aquí: 1) la posibilidad de pensar un cine menor en el caso de Brakhage y Epstein; 2) el hecho de que toda resistencia a aquello que pretende fijar un modelo, sea desde el arte o no, implica movimiento, es decir, el principio de variancia de Epstein.
“Ritual in transfigured time” de Maya Deren
Esto último que hemos dicho con respecto a la resistencia no representa ninguna novedad, pero quisiera dejar abierta la posibilidad de pensar/experimentar que puedan existir diferentes tipos de resistencias, así como existen diferentes resistencias cinematográficas al cine “Profesional”, como Stan Brakhage, Maya Deren, Godfrey Reggio o David Lynch, entre otros. Quizás lo que hay son “resistencias”, de modo que tal vez algunas cosas que no pueden ser “dichas” o denunciadas en una pancarta si pueden en cambio ser “dichas” en el arte y viceversa. Quizás se trata también de poner en movimiento/proceso la misma noción de resistencia.