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Red Internacional
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Elecciones 2015. Más allá del horizonte (de octubre)

Frente a un escenario económico y social complejo, cómo podrán gobernar Scioli o Macri. El ajuste necesario y el límite que puede imponer la clase trabajadora.

Eduardo Castilla

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo

Viernes 14 de agosto de 2015

Hace algunas semanas, algunos analistas políticos se preguntaban si el gobierno que emerja de las elecciones de octubre deberá funcionar (o no) como una coalición política. No se trata de una hipótesis a descartar. Por el contrario, hay elementos, que indican un camino hacia allí.

La crisis del sistema de partidos, que explotó en diciembre del 2001, lejos está de haber encontrado un punto de retorno completo. Las elecciones del domingo pasado, donde todos quedaron a un paso de sus objetivos (pero a un paso al fin) muestra la (relativa) fragmentación del campo político burgués. De ahí que el escenario que viene es el de la negociación y la rosca. Pero exploremos la posibilidad de las coaliciones.

Scioli 2016

Un triunfo de Scioli lo obligaría a una coalición con los gobernadores del PJ. Daría continuidad al esquema actual del kirchnerismo. Para hacerlo, tiene el hándicap de ser una figura aceptable para el pejostismo, uno más entre los “gobernas” según suele estilarse. Pero no se trata solo de afinidad sino, ante todo de limitaciones políticas.

Aunque Scioli pareciera apostar estratégicamente a la unificación del peronismo, ese camino está -cada día más- plagado de obstáculos. El resultado del domingo pasado se erige como uno más.

Con los números obtenidos, Scioli perdería hasta 20 diputados propios. Un costo importante que le impondría negociaciones constantes con aliados y adversarios. De mantenerse un resultado similar, además, habría balotaje. Scioli podría ganar, pero eventualmente enfrentando una importante oposición política, concentrada en el voto a su adversario. La eventualidad de ganar en primera vuelta no se descarta, máxime cuando aún restan tres meses de campaña pero su actuación durante la crisis por las inundaciones en la provincia que gobierna, está lejos de sumarle simpatías en la población.

Se puede avizorar que será muy difícil que Scioli asuma con un caudal de votos superior al 54% de Cristina Fernández en 2011. Esto, de por sí, configura una presidencia con debilidades para imponer orden en un “río peronista” que está más que revuelto. Al interior del partido fundado hace más de 70 años, los barones del conurbano sufren por estas horas los golpes de la inestabilidad. Si eso no alcanzara, la burocracia sindical mantiene una división histórica y al interior de la misma CGT “Balcarce” hay cuestionamientos a Caló por lo que parece un intento de continuar en su puesto bajo un eventual gobierno sciolista.

Scioli tendrá en contra, además, las contradicciones que le reporta ser el “heredero del modelo”. Para sostener parte del apoyo de la base social kirchnerista que lo votará como “mal menor” contra Macri, deberá administrar de manera juiciosa alguna dosis de Relato.

Macri 2016

En el marco de que un triunfo de Massa resulta muy difícil, Mauricio Macri podría convertirse en presidente si logra canalizar el conjunto del encono existente contra Scioli y el kirchnerismo. Encono que, según los analistas, afecta más a la presidenta que al gobernador.

El actual jefe de gobierno porteño, de convertirse en presidente estará obligado a constituir una coalición política. Los indicadores actuales dicen que, de ganar, lo haría en un eventual balotaje. Si es así, su base propia estará limitada dentro de ese amplio espectro opositor. No está de más recordar que las PASO del domingo le dieron solo un 26%.

Si los caminos de la política lo llevan a la Casa Rosada deberá construir legitimidad propia desde el vértice estatal. Es probable que las bicicletas amarillas anden muy bien en la capital pero difícil que en Jujuy o el gran Buenos Aires tengan el mismo efecto.

Todo esto lo obligaría a incluir a la UCR en un armado político que continúe la alianza Cambiemos en el gobierno, como condición necesaria para una mayor extensión nacional y conquistar una base política más estable.

Un dilema no menor radica en que el macrismo tendría al movimiento obrero organizado en la oposición. Macri recita por estos días los diálogos que prefiere la burocracia sindical, pero será difícil estrechar un vínculo orgánico que permita lograr una “paz social” estable. Allí reside también la necesidad de ampliar la alianza de gobierno.

Un mundo (y un país) inestable

Las opciones políticas de la clase capitalista se reducen a Macri o Scioli. Con uno u otro deberá lograr las “correcciones” al “modelo” que permitan garantizar una nueva rentabilidad para sus negocios. Pero el mundo asiste a la ronda de devaluaciones de la moneda china y al fin de la “era de las comoditties”. Argentina sufre, además, los vaivenes de la moneda brasileña. Cada día, la idea de un ajuste “gradual” –como el prometido por Scioli- parece entrar más en cuestión.

Allí, en la necesidad de aplicar un ajuste a favor del empresariado, radica la necesidad mayor de una coalición política para quien llegue al poder.

Y eso se debe a que, a diferencia de los primeros años 90´, no hay hoy en Argentina una clase trabajadora derrotada, sino un movimiento obrero que se fortalecido socialmente a lo largo de la “década ganada” a pesar de haber continuado sufriendo los avatares de la precarización laboral.

Esa relación de fuerzas favorable al movimiento de masas es un dato a tomar en cuenta por la clase dominante. Las luchas de la Línea 60 y Cresta Roja, donde los trabajadores derrotaron el ataque patronal y la represión estatal, dan la pauta de las dificultades para revertir la misma.

En ese escenario, el fortalecimiento de la izquierda, expresada en la continuidad del Frente de Izquierda y en su renovación en las recientes elecciones, abre un escenario de mayores choques y duras luchas. La gran pelea de Lear del año 2014, con enorme influencia del PTS, está ahí, en el pasado reciente, para recordar que la clase trabajadora no entrega posiciones sin combates.


Eduardo Castilla

Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.

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