En medio de la pandemia el trabajo en el Call Center no paró, había pandemia y crisis económica, pero la voraz hambre de ganancias de las empresas de telefonía celular y los bancos es mayor.
Martes 22 de septiembre de 2020
En el pico de la pandemia, con salarios recortados, horarios rolados y en la total incertidumbre, a las y los trabajadores de call centers se nos hizo asistir a los edificios de operaciones. Con el argumento de que no era seguro tener en casa la información que manejamos, las empresas decidieron que nuestras vidas valen menos que unos cuantos datos bancarios.
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Algunos servicios se fueron a home office, pero con jornadas más largas y metas más altas, mientras que a quienes les dieron licencias han empezado a ser reincorporados, pero en otros puestos y sin previa consulta.
De lo que jamás se habló fueron de los miles de despidos que se operaron en lo oscuro, siempre pensando en el bien de la ganancias de la empresa y no en el de las familias de los trabajadores.
En el área de operaciones las cosas no fueron más alegres. Si mantuviste tu trabajo o ingresaste en las primeras semanas de la “nueva normalidad”, habrás notado cómo pasamos de pasillos vacíos al habitual hacinamiento de nuestros centros laborales.
La cosa no acabó ahí. En cuanto pudieron, nos dejaron ver que nuestros miserables bonos, que apenas son del 30% de nuestros salarios de 4 mil pesos, iban a ser lo primero que se iba a recortar.
Métricas que aumentaron en un 75%, criterios de llamadas ridículos como que se escucha tu respiración en las llamadas, cuando nos vemos obligados a portar cubre bocas y careta en espacios sin ventilación, o exigencias de no dejar de marcar ni un solo minuto, son sólo algunos ejemplos.
Pero, ¿qué podemos hacer?
Es cierto, miles de jóvenes, mujeres y adultos mayores aguantamos estas exigencias patronales porque necesitamos el trabajo, pero no por eso tenemos que aceptar migajas.
¿Dónde está lo esencial de cobrarle seguros a las personas que han perdido el empleo? ¿Dónde se encuentra lo vital en no decir “hola” al contestar una llamada? ¿En dónde se encuentra la lógica de que generemos millones y cobremos algunos pesos?
La respuesta es sencilla: EN NINGUNA PARTE.
Es por eso que tenemos que entender que nuestro trabajo vale más, que nuestras hijas e hijos merecen una vida digna y que es inaceptable que nos traten como trabajadores de segunda mientras bancos y empresas ganan millones con lo que producen nuestras llamadas.
No les basta con que expongamos nuestra vida teniendo que trabajar en condiciones insalubres. Quieren que dejemos la vida por unos cuantos pesos, recortando nuestros de por si bajos salarios.
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Tenemos que organizarnos y poner un alto. En el contexto de pandemia, quienes no dejaron de recibir millonarios ingresos deben garantizar trabajo digno, guarderías gratuitas para poder cuidar a nuestra familia, comedores con comida de calidad y precios accesibles, pero sobre todo tenemos que buscar las vías que junto a otros trabajadores que viven una situación similar a la nuestra, pelear por todos nuestros derechos laborales.
Esto se debe traducir en que exijamos un aumento salarial de emergencia, que alcance para cubrir el costo de la canasta básica, que peleemos por prohibir los despidos (que en la pandemia se calculan serán 12 millones los trabajos perdidos sólo en nuestro país), así como exigir que los bonos no sean considerados parte neta de nuestra nómina y no formas de pagar menos por nuestro trabajo.
Pero sobre todo, tenemos que exigir control de las condiciones de seguridad y salubridad, con Comisiones de Seguridad e Higiene controladas por las y los trabajadores, que regulen el uso de insumos, la distribución de equipo de protección, las licencias laborales y la sanitización de nuestros puestos.
Ningún acto de utopía hay en estas demandas. Es solamente lo necesario para que trabajar no sea un hecho que nos ponga en riesgo.