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Red Internacional
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PUTIN ARRASA MILES DE VIVIENDAS. Megaoperativo de demolición urbana en Moscú desata protestas masivas

Decenas de miles de personas se manifestaron el pasado domingo en Moscú contra los derribos masivos de viviendas y el desalojo de 1,6 millones de personas.

Clara Mallo Madrid | @ClaraMallo

Viernes 19 de mayo de 2017

El plan aprobado por la alcaldía moscovita supone el realojo de 1,6 millones de personas y la demolición de casi 8.000 bloques de viviendas en tiempo récord. El 22 de abril, tras la aprobación por parte de la Duma estatal, el gobierno de Vladímir Putin dio luz verde al Ayuntamiento de Moscú para que derribe en el plazo de dos años gran parte de los edificios de viviendas erigidos en tiempos del líder de la burocracia postestalinista, Nikita Jruschov (1953-1964).

Las autoridades indican que las causas de este derribo masivo son el mal estado de conservación de estas viviendas, pero lo cierto es que el plan final presentado por el ayuntamiento afecta a viviendas de distintas épocas, al margen del estado en que se encuentren las construcciones.

En los últimos años las autoridades ya han trasladado a nuevas viviendas a 160.000 familias, pero ahora con este plan se pretende la demolición de todas las "jruschovkas", conocidas así por el periodo en el que fueron levantadas, bajo el mandato de Jruschov. Estas viviendas fueron erigidas ante la dramática escasez de vivienda tras la Segunda Guerra Mundial, momento en que Jruschov lanzó un programa de vivienda social gratuita que permitió que cientos de miles de personas tuvieran un lugar donde habitar. Esas viviendas siguieron construyéndose después de que aquel dejara el poder pasando a ser un elemento representativo del entramado urbano ruso. Se trata de pequeños bloques de cinco alturas que dominan muchos de los barrios de las grandes ciudades rusas. Casi todos situados en barrios cercanos a los centros de las ciudades, zonas que como en Moscú se encuentran muy demandadas por parte del mercado inmobiliario.

El difícil acceso a la vivienda debido a su carestía, que en ciudades como Moscú alcanza niveles desorbitados, es uno de los mayores problemas que afrontan los rusos. Aunque el argumentario del gobierno se centra en el mal estado en que se encuentran las “jruschovkas”, parece que sin duda el derribo de más de 8000 bloques de viviendas en el centro de Moscú supondrá grandes oportunidades para los inversores en el mercado inmobiliario. Rusia se convirtió en 2014 en el mayor mercado europeo de bienes inmobiliarios comerciales a final de 2014 y en los últimos años viene formando parte de los primeros puestos. Los espacios que ocupan estos edificios son zonas muy demandadas para la actividad comercial. El mercado inmobiliario de vivienda se había visto afectado por la crisis, como demuestra la existencia en la periferia de Moscú de enormes bloques de viviendas pendientes de vender, edificios inacabados, o solares a la espera de que se desarrolle la demanda. Estas viviendas podrían ser ahora utilizadas en los planes de reasentamiento urbano que pretender reubicar a ese más de millón y medio de personas, lo que supondrá un enorme negocio para este mercado en crisis.

En Rusia el avance de la restauración capitalista supuso uno de los grandes logros del imperialismo del último periodo del siglo XX y comienzos del siglo XXI, además de un enorme factor de desmoralización de la clase obrera a nivel mundial, asentándose el relato del “triunfalismo” del capitalismo. Pero si algo muestra este proceso sin duda es el carácter destructor del capitalismo. El retroceso económico, social y cultural que se vivió en Rusia con la restauración capitalista no tuvo precedentes, y esta enorme destrucción que trajo consigo el capitalismo continúa hoy.

De los ex Estados obreros deformados y degenerados, Rusia fue quizás uno de los más golpeados socialmente con el avance del capitalismo. En la antigua URSS la restauración capitalista significó un brutal retroceso y destrucción de fuerzas productivas. La restauración debió desde el comienzo destruir todo el entramado industrial ruso basado en una economía no orientada hacia el mercado mundial y revertir el enorme peso que en la economía tenía la industria militar como consecuencia de la Guerra Fría. El avance de la restauración capitalista, además de suponer un retroceso y destrucción de las fuerzas productivas, también significó un retroceso social y cultural brutal que destruyó, y aún sigue destruyendo, toda una serie de conquistas que las masas mantuvieron durante el periodo de la URSS.

La consolidación del estalinismo en la URSS, con la imposición de una dictadura burocrática sobre el Estado conquistado por la Revolución, significó una derrota para la clase trabajadora mundial. Pero, al mismo tiempo, las conquistas sociales de la revolución se mantuvieron, aunque restringidas y cada vez más limitadas. Hacia los años 80, el Estado soviético garantizaba que gran parte de sus ciudadanos tuvieran seguridad laboral y estabilidad de precios. Casi todos tenían acceso gratuito a la educación, a los servicios de salud, a una jubilación relativamente temprana y a diversas prestaciones sociales. Muchas empresas estatales proporcionaban vivienda barata, guarderías, vacaciones, alimentos a bajo precio y otros servicios. El sistema de control de precios permitía que las necesidades básicas, como alimentación, vivienda, transporte público y cultura fueran medianamente accesibles.

El cambio sufrido en Rusia tras más de 25 años de restauración demuestra la voracidad del capitalismo y su capacidad destructiva. Las conquistas perdidas por los rusos son evidentes: así lo muestran las noticias sobre el reasentamiento de cientos de miles de personas respondiendo a las necesidades del mercado, la despenalización de la violencia machista a pesar de que las cifras hablan de que una mujer muere cada 40 minutos por cuestión de género, la persecución de la homosexualidad y la existencia de campos de concentración para homosexuales como denuncian activistas internacionales.

Un cambio abismal, comparado con los avances en derechos sociales que se consiguieron tras la revolución de 1917 y que muchos de ellos se mantuvieron hasta la caída del estado soviético pese a las deformaciones y retrocesos que supuso el estalinismo.

Las nuevas necesidades del capitalismo ruso, plasmadas en las políticas antisociales de Putin causan un malestar se expresa paulatinamente en masivas movilizaciones contra la corrupción, como la convocada en marzo que movilizó a decenas de miles y terminaron con la detención de más de 700 manifestantes. También se expresa en una respuesta ante la LGTBI fobia, las protestas contra la despenalización de la violencia de género, o las manifestaciones de los moscovitas ante los planes de derribo de viviendas. Respuestas que muestran el desencanto de la población rusa con el orden existente y reafirman que la legitimación y la naturalización del capitalismo como orden social no es un proceso sin contradicciones.