Reseña de la novela El Hogar de José Henrique (autor de La Enfermedad y El Hotel), editada por Final Abierto. “Narré Julián, vaya y narré. Capaz que si usted narra, este bufo le haga caso y se dispara”.

Facundo Aguirre @facuaguirre1917
Viernes 28 de agosto de 2020 15:46
Reseña de la novela El Hogar de José Henrique (autor de La Enfermedad y El Hotel), editada por Final Abierto.“Narre Julián, vaya y narre. Capaz que si usted narra, este bufo le haga caso y se dispara”.
Con estas palabras el personaje de Sandes interpela al de Julián, figura alrededor de la cual se teje la historia de El Hogar, la nueva y lograda novela de José “Pepe” Henrique. ¿Es la literatura un arma cargada y depende del narrador gatillarla? Tenemos el desafío de encontrar la respuesta al enigma a lo largo de 164 páginas que van contando una historia cargada de memoria, de sabores, de densidades, símbolos y definiciones, que nos describen los tiempos oscuros de la dictadura genocida.
Pensar es resistir. Aún en la más anónima y profunda retaguardia, en un costado silencioso donde el militante, Julián, se transforma en mendigo para sobrevivir a los grupos de tareas, en portador de un puñado de harapos y de la suciedad impregnada como cucarda de la derrota. Esta parte de la novela transcurre a la par que la Copa del Mundo de 1978. Julián guarda recortes de diarios y se limpia el culo con los nombres impresos en letras de molde de los verdugos, mientras caga entre los restos recién derrumbados del campo de concentración El Atlético.
Si el personaje de Sandes tiene razón, todo narrador es un vindicador. La condición es tejer con las palabras la memoria precisa, las posibles alternativas que presenta la historia de los muertos que oprimen como una pesadilla el cerebro de los vivos. El escritor debería ser una especie de Simón Radowitsky literario, que nos hace entender el acto justiciero de la bomba volando por los aires al coronel Ramón Falcón. Y no importan, en el caso de la narración, ni la oportunidad, ni el error estratégico del acto terrorista, sino el describir su poética y racionalidad; echar luz sobre el proceso del mismo.
El “fusilado que habla” de Rodolfo Walsh, la historia de los fusilamientos de José León Suárez relatada en boca de Juan Carlos Livraga en Operación Masacre, es una figura “herética” de la literatura argentina. Una literatura en la que no faltan crímenes aberrantes y masacrados en feroces enfrentamientos políticos.
La particularidad de Walsh es que se presenta como la construcción literaria de la memoria de los crímenes de la burguesía contra la clase trabajadora. Es un llamado a no empezar de cero en la construcción de una conciencia histórica de los oprimidos. En esta tradición se inscribe La patria fusilada de Paco Urondo, dándole voz a los militantes asesinados en Trelew por la dictadura de la autoproclamada Revolución Argentina.
La generación representada por Walsh y Urondo encuentra en la figura de los fusilados no solo a las víctimas de regímenes represores, sino a los combatientes que buscan derrocarlo. En Operación Masacre esa figura combatiente se perfila en Julio Troxler, invocado en la novela de Henrique como fusilado por esbirros de la Triple A, en los mismos basurales que supo sortear en 1956. Troxler es un recordatorio de lo que sucede cuando no se vence al enemigo. En El Hogar, la narración funciona como disparador para que hable la víctima y el testigo, aquel que quiere que la verdad aflore, aunque solo sea para tomar notas de la misma en un cuaderno, que oficia de ayuda memoria de Montero, compinche de Julián en su nueva vida en Necochea.
El Hogar nos recuerda la escritura como acto político. Funciona como artificio estético para anudar los crímenes de una época con el presente. El desprecio que sufren Julián y Pedro, su compañero en la supervivencia callejera, no es ajeno, no es un simple retrato del pasado. Es presente, reproduce las humillaciones de una franja entera de la población en una sociedad donde la ausencia de un hogar es la regla para millones de homeless durmiendo sobre un colchón meado en las veredas. Ese tejido que une pasado y presente, vuelve a ser abordado, con ciertos recursos de la novela policial, en el caso de Milivoje Pesic, acusado, torturado y encarcelado injustamente por el crimen de Mirta Godoy, prostituta del bar Elsa de Necochea. Un asesinato que, después se sabrá, fue cometido por pistoleros ligados a los negocios comunes del hampa y las fuerzas de represión.
Para que la narrativa dispare el arma, el narrador debe estar decidido a apretar el gatillo. En un momento del texto Henrique nos presenta la contradicción de que escritores como Juan Carlos Onetti no hayan sido ganados por el entusiasmo revolucionario de los ’60 y ’70. Ciertamente la literatura, y toda la producción artística, no está obligada a tomar partido en los conflictos contemporáneos. Ni la ausencia de militancia es la vara para medir la calidad de una obra o el talento de un artista o escritor. Pero en Argentina hubo una generación representada por Rodolfo Walsh, Paco Urondo o Haroldo Contí, entre otros, que comprendió que el arma de la crítica, tenía que dar lugar a la crítica de las armas.
Esta generación fue silenciada y la restauración democrática burguesa de 1983 nos hizo reconciliarnos con Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato como símbolos de una literatura que apoyó fervientemente a los genocidas y luego se decepcionó de ellos e intentó excusarse de su abyección en los ’70 condenando la violencia entre “dos demonios”. Luego vimos el resurgir de una generación de escritores que reivindicó la escritura como artificio estético y si bien acunó a Walsh como parte de sus fuentes, él mismo fue reivindicado como intelectual trágico, como víctima de un sueño mesiánico condenado a la derrota. Son portadores de la nauseabunda comodidad del desencanto y el posibilismo.
El Hogar se inscribe en el intento de dar cuerpo en la historia no solo a personajes que son víctimas, sino que ejercen la resistencia. Está en manos del lector juzgar si la novela logra el propósito. Comprobar si el narrador logra sacarle el tiro al bufoso, y el mismo impacta en el sentido de que brote del pecho del texto la sangre de los vencidos. Si puede conseguir que la literatura restaure la política de los fusilados que hablan en el centro de la acción.

Facundo Aguirre
Militante del PTS, colaborador de La Izquierda Diario. Co-autor junto a Ruth Werner de Insurgencia obrera en Argentina 1969/1976 sobre el proceso de lucha de clases y política de la clase obrera en el período setentista. Autor de numerosos artículos y polémicas sobre la revolución cubana, el guevarismo, el peronismo y otros tantos temas políticos e históricos.