Difícilmente mi generación sabe lo que significaba la vida en 1968. Difícilmente lo sabremos, pero estamos abiertos a la esperanza.
Lunes 28 de mayo de 2018
Soy de una generación que vivió su tiempo a la ola de la indignación. De la crisis de 2008, del rechazo a la guerra "contra el narco", el movimiento de víctimas, desaparecidos al #YoSoy132 al movimiento por Ayotzinapa. De las luchas de la maquila en Chihuahua a los recuentos al charrismo sindical en el Salto. Y hasta la Primera Arabe en París. No fui observador pasivo de mi tiempo, me involucré y hasta me causó varias dificultades y problemas en la vida laboral, familiar y más. Esto me hace pensar sobre el conocimiento militante.
Difícilmente mi generación sabe lo que significaba la vida en 1968. Difícilmente lo sabremos, pero estamos abiertos a la esperanza.
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Por mas militancia, activismo y compromiso en el presente, hay que decir aquello fue otra cosa. Aquello difícilmente puede entenderse sin haberlo vivido, imposible comprenderlo para quienes vivimos tiempos aciagos de retroceso neoliberal. Una gran revuelta, un ensayo planetario de movilización social anticapitalista que no se puede entender sin haberla vivido... una gran fiesta anticapitalista que inspira resistir el tiempo ahora de pequeñas catástrofes como Siria y Palestina.
A 50 años, Claudio Albertani, que vivió como liceista aquél año planetario en la Italia de la radicalización política, dijo en una inspiradora entrevista:
Queríamos cuestionar que la revolución fuera un militantismo frío y gris, queríamos cambiar la vida, la militancia era una aventura, arriesgarse, dar la vida, buscar la alegría, pero sobre todo la aventura.
La melancolía
Dice Claudio en su entrevista que "a diferencia de estos tiempos en el que prima el invidualismo en los años sesenta todo el planeta estaba por la transformación y el cambio".
Menciona los movimientos obreros en Italia, la lucha de la Fiat, el movimiento alemán de Rudy Deustche, la muerte del Che, el mayo de las barricadas en Francia, en Córdoba en Argentina, la guerra en Vietnam, la revolución en Cuba, el rechazo al estalinismo en Praga, Hungria. Yo agregaría los movimientos de Japón, Sengakuren.
Comenta Albertani los movimientos de Estados Unidos y Tlatelolco. Menciona las lecturas de aquellos tiempos: Guy Debord, los situacionistas, Cornelius Castoriadis y su revista Socialismo y Barbarie. A decir de André Breton, el 68 y sus emociones fueron contemporáneas por un raro azar objetivo.
Melancolía es un rechazo al presente, un repudio a lo real viviente, una crítica radical de los tiempos aciagos: una sensación de no sentirse contemporáneo, una rara atrofia temporal. Es no sentirse cómodo en el lugar que se ocupa y estar realmente en otro lugar, fuera de su ser en el tiempo. Hijos de Saturno.
Definitivamente hay una melancolía revolucionaria. Los tiempos aciagos: el pasado y sus usos. Una melancolía puesta al servicio de cambiar el mundo: a transgredirlo.
Hoy, 1968 es usado por la clase dominante para desactivar el potencial revolucionario de la melancolía. La UNAM, la Secretaria de Cultura, los Museos, organizan charlas, eventos, reuniones, exposiciones: los vencedores de hoy festejan el "fin de aquella locura" por medio de la despolitización de los reclamos del pasado que vibran en las cabezas de las nuevas generaciones como incumplidos.
Aún más. Nos han arrebatado la memoria: son las instituciones quienes realizan el ejercicio de recuperar los sucesos y no las organizaciones sociales, políticas o sindicales.
A 50 años de 1968, nunca antes la ofensiva había sido tan radical: nuestro trabajos son parecidos a los del siglo XIX, la imaginación postcapitalista está muy por debajo de sus potencialidades y luego de la gran crisis de 2008, en algunos países avanzó la extrema derecha.
Detener la ofensiva es posible mirando el pasado como un relámpago que interrumpe nuestras pequeñas catástrofes contemporáneas. Los ferroviarios de Francia, los mineros de Río Turbio en Argentina, los maestros en Estados Unidos, resisten ante el futuro incierto y las organizaciones socialistas, aún pequeñas, comienzan a robustecerse y a llenarse de nuevos y jóvenes militantes de menos de 25 años.
El más poderoso homenaje al 50 aniversario del aquel jovial año de movilización anticapitalista planeria es el resurgimiento de una nueva generación de militancia juvenil abiertos al futuro incierto pero llenos de memoria. Recuperando el internacionalismo, la unidad obrero estudiantil, la lucha por la revolución, el anticapitalismo del pasado con los ojos bien abiertos puestos en el futuro incierto.
Una gran campaña de la juventud anticapitalista se pondrá en pie en México y en otros países del mundo. Ahí está depositada la semilla del futuro.