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Red Internacional
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Editorial. Memoria, historia y presente

La imposibilidad de un balance común sobre la herencia de la dictadura porque el pasado es un campo de batalla. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que ese emite los jueves de 22 a 24 h por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

Fernando Rosso @RossoFer

Jueves 24 de marzo de 2022 23:26

  •  Una fecha tan emblemática como la de hoy (24 de marzo) siempre vuelve a traer los mismos debates. Vemos circular una famosa polémica televisiva entre el escritor Martín Kohan y el exfuncionario del macrismo, el negacionista Darío Lopérfido, en la que Kohan defiende con argumentos muy sólidos la bandera de los treinta mil desaparecidos y desaparecidas como una postulación política frente al Estado que nunca otorgó la información fehaciente.

    No es casualidad porque la imposibilidad de un balance o de una mirada común sobre lo que significó el golpe y la dictadura militar aún hoy sigue siendo un campo de batalla. Se creían superadas ciertas versiones justificatorias como el negacionismo o la teoría de los dos demonios, pero siempre están ahí latentes porque los verdaderos beneficiarios del golpe —las clases dominantes— no pueden aceptar ninguna autocrítica, esencialmente opinan que estuvo bien, que era lo que había que hacer en ese momento y que, ante una situación se insurgencia masiva o popular, corrigiendo tal o cual cosa, habría que hacerlo de nuevo.

  •  Esa es la verdad. A largo de estos cuarenta años escuchamos testimonios de muchas víctimas, familiares, amigos, investigaciones periodísticas, algún que otro militar que confesó cosas, pero el núcleo central de las clases dominantes nunca dijo nada, nunca rindió cuentas. Hablo de esos que el guionista y director de cine Jonathan Perel muestra en su documental estrenado hace un par de años y que se titula “Responsabilidad empresarial”: los dueños de Acindar, Siderca, Mercedes Benz, Astilleros Astarsa, Bunge&Born, Lomas Negra, Molinos Río de La Plata para nombrar solo algunos. Empresas en las que secuestraban en común las patotas militares y el personal mandado por la empresa, con la información y la logística provistas por las empresas.
  •  Sabemos que la mayoría de los desaparecidos y desaparecidas eran parte de la clase trabajadora porque el golpe tuvo un objetivo económico social que se mantiene como pesada herencia. La discusión sobre la dictadura está en los debates, pero el legado de la dictadura está en las cosas.
  •  Entre 1976 y 1982 la clase obrera industrial vio reducida significativamente su presencia en el aparato productivo (una merma del quince por ciento del total). El salario retrocedió entre un cuarenta y un sesenta por ciento con relación al de 1974 y en el mismo periodo se produjo una reconversión industrial y una concentración económico-financiera sin paralelo en la historia nacional.
  •  En capítulo deuda externa bajo la dictadura es uno de los más aberrantes. Está muy presente hoy, por razones obvias. En los meses previos al golpe, el Fondo Monetario Internacional venía denegando un préstamo a la Argentina. El 26 de marzo de 1976, dos días después, lo autorizó. El FMI y el capital financiero internacional exigieron a la Argentina cambios en su legislación para consolidar su sometimiento a futuro. La dictadura cívico militar se las garantizó. Nunca antes en la historia se había llegado a una deuda tan alta en relación al PBI: en 1976 la deuda externa era de US$8.279 millones y para 1982 ya era de US$40.713 millones, se multiplicó por cinco. Estaba conformada por deuda pública y deuda privada, ¿qué hicieron en 1982, Domingo Cavallo particularmente?: la estatizó. Desde ese entonces se viene pagando deuda, legitimando nueva deuda, pagando y así.
  •  Eso fue lo contradictorio de la caída de la dictadura: la conquista de libertades democráticas y la consolidación del retroceso social y económico. Dos caras de la misma historia que hasta hoy seguimos discutiendo. Una nueva columna vertebral de la estructura social que no fue cuestionada por nadie. Al contrario, con la hiperinflación e hiperdesocupación posterior se consolidaron aquellas conquistas del capital sobre el trabajo, de las minorías sobre las mayorías, de los dueños de todo sobre los que tienen poco y nada. Precisamente, esa realidad le permitió al escritor Rodolfo Fogwill afirmar que hubo un continuismo y que “Alfonsín fue la segunda etapa del Proceso; Menem, la tercera. Su reelección, la cuarta, y De la Rúa la quinta”.
  •  Esto también gracias a una operación bastante exitosa que fue transformar la Argentina de clases en la Argentina de ciudadanos. Y una memoria que intercambió el balance político de la lucha por la memoria derrotada de las víctimas. La “memoria de las víctimas” reemplazó a la “memoria de las luchas” y el testimonio a las conclusiones políticas. El periodista Claudio Uriarte lo graficó así: se había logrado instalar en la sociedad argentina “un dispositivo por el cual la lucha se identificaba con la derrota, y la derrota con la tortura y con la muerte”. Este dispositivo, esta forma de razonar estuvo muy presente en el debate en curso sobre la deuda: no sé si con la tortura o la muerte, pero una gran parte de la dirigencia y la intelectualidad oficialista (y no oficialista también) identificó la lucha contra el Fondo Monetario con la derrota.
  •  Por eso en el campo de batalla de la memoria también hay una disputa entre el culto memorialista pasivo y la politización de la memoria.
  • Fernando Rosso

    Periodista. Editor y columnista político en La Izquierda Diario. Colabora en revistas y publicaciones nacionales con artículos sobre la realidad política y social. Conduce el programa radial “El Círculo Rojo” que se emite todos los jueves de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos 89.9.

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