En un marco de constantes ataques de la derecha y los empresarios que profundizan y mantienen la herencia de la dictadura, y de las conmemoraciones cuya perspectiva es únicamente el recuerdo, es preciso problematizar y fijar la perspectiva en barrer toda herencia de la Dictadura.
Miércoles 11 de septiembre de 2019
Las consecuencias de la Dictadura siguen hasta el día de hoy en cuanto lo constitucional, modificando todo el aspecto legal que regimentaba Chile; lo organizacional, desarticulando fábricas y por ende sindicatos o atacando todo aspecto de organización opositora al régimen militar; y lo subjetivo, en cuanto el pesar histórico, manifestaciones de nostalgia y una sensación de injusticia por la impunidad.
Aunque la derecha pretenda hacer olvidar, la educación, salud, pensiones, viviendas, esfera laboral, son algunos elementos que camino a la privatización expresan cómo perpetúa una herencia completamente desigual, antidemocrática, basada en la tortura y la desaparición de miles.
Actualmente, la memoria popular y la historia del Movimiento Obrero (Garcés y Leiva, 2005) [1] , es en definitiva un campo en disputa en torno a los modos en los que se relata el pasado.
La política de la derecha empresarial, cuyo rol fue de gestión durante la Dictadura, actualmente se expresa en el énfasis que han dado al fortalecimiento de lineas represivas y de precarización laboral. No es casualidad que el proyecto de las 41 horas del gobierno, cuya característica es la flexibilización laboral, haya sido elaborado por quienes comandan la Cámara de Producción y Comercio (CPC), un grupo compuesto por empresarios cuyas acciones se mantienen en la educación
El discurso presidencial del 2018 [2], dirigido a las generaciones que vivimos las consecuencias de la Dictadura militar pero que desconocemos su crudeza, insistía en justificar el Golpe Militar y se desarrolló mientras en las gradas de la Catedral San Marcos de Arica las Mujeres de Luto sostenían las fotos de sus familiares detenidos por la Dictadura, lo que sin duda marca un precedente evidente de ese terreno en disputa. Hoy vemos como el gobierno de Chile Vamos enfatiza en la ’celebración’ anticipada del 18 de Septiembre, cabe preguntarse ¿Qué discurso pretende hegemonizar el Estado, y en particular el gobierno de Piñera cuyo hermano elaboró el Plan Laboral que precisamente se abordó en esta investigación?
A esto es preciso agregar la polémica respecto a la reconfiguración de las mallas curriculares educativas donde desde el consejo de educación del gobierno compuesto por designios de Piñera y la ex mandataria Michelle Bachelet, se propone hacer del ramo de Historia un ramo optativo, quitando el piso a la importancia de la memoria en las futuras generaciones.
¿Recordar o barrer la herencia de la dictadura?
En estos marcos, la recuperación, la conciliación de la memoria y su sanación, no pasará únicamente por la elaboración del pasado mediante los relatos de quienes vivieron la Dictadura y/o momentos claves en la historia popular. Con esto último es preciso debatir con la instalación de la conmemoratividad de una fecha que marcó cambios estructurales que hasta el día de hoy afectan a la población más empobrecida y al conjunto de clase trabajadora.
El negacionismo, al cual nos lleva la derecha, no se acabará haciendo un tributo a los recuerdos, sino que implica considerar la memoria como un espacio en disputa como parte de un debate vivo y estructural, es decir, en liceos, universidades y sectores de trabajo. De esta misma forma, la obtención de las lecciones históricas a partir de un trauma social como lo fue la Dictadura de Pinochet, es clave para avanzar hacia un cambio profundo de los pilares fundamentales del modelo neoliberal instalado por el Golpe Militar.
Finalmente, la discusión respecto a la memoria problematiza con el cómo las distintas disciplinas sociales ponen al servicio de la memoria popular las distintas investigaciones, proyectos y luchas, en respuesta a la lógica del “borrón y cuenta nueva” que se imprime en el discurso presidencial del 11 de Septiembre del 2018 y cumpliendo un rol activo en la recuperación de la memoria y de barrer con toda herencia de Dictadura.
[1] Garcés, M. y S. Leiva. 2005. EL GOLPE EN LA LEGUA. LOM, Santiago-Chile
[2] En 1973 nuestra democracia estaba enferma de odio, de violencia, de descalificaciones, de intolerancia, de sectarismo, y eso lo sabemos todos. Algunos sectores habían validado la violencia como un instrumento legítimo en la lucha por la conquista del poder, y descalificaban la democracia como una democracia burguesa, sin valor, a la cual había que destruir por los votos o por las balas, e intentaban implantar en Chile modelos totalitarios que eran resistidos por la inmensa mayoría de los chilenos (Piñera, 2018)

Fer Morales
Antropóloga Social y poeta Slam