En este #28S en Barcelona la lucha por el derecho al aborto ha sido el grito de muchas mujeres. De las menores de edad, a quienes se le prohíbe, y las migrantes, quienes no tienen derecho a sanidad pública. Pero este derecho, ¡es de todas!

Verónica Landa Barcelona | @lierolaliero
Martes 29 de septiembre de 2015
Este 28 de septiembre en todo el Estado español se han convocado concentraciones en el marco del Día Mundial por la Despenalización del Aborto, en un momento en el que si bien la reforma de Gallardón no se implantó, se ha restringido el derecho al aborto en las menores de 16 y 17 años.
En Barcelona la concentración se desarrolló a las 19:00 en la emblemática Plaza Sant Jaume –donde se encuentran el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Catalunya. Ha sido convocada por plataformas como Dret al Propi Cos, una campaña por el derecho al aborto que aglutina a diferentes organizaciones feministas.
El discurso oficial de Sant Jaume hablaba de que las mujeres no podíamos permitir ningún tipo de retroceso en nuestros derechos, como lo es la “reforma de las menores”. Hacía un llamamiento a la solidaridad internacional con aquellas mujeres que se encuentran en países donde el aborto está prohibido y penado con cárcel, la sanidad pública que no cubre a mujeres inmigrantes y por la despenalización total del aborto.
"Todas" las mujeres tenemos derecho a abortar
No obstante, a pesar de que en una primera intervención se hacía mención a la necesidad de que en todos los países se reconozca el derecho al aborto, en una segunda intervención se ha hablado de la necesidad de una “ley catalana que proteja a todas las mujeres catalanas”, obviando la situación del resto de mujeres del Estado español y sobre todo las mujeres inmigrantes que habitan en Catalunya.
Precisamente son las mujeres inmigrantes en "situación irregular" a quienes se les niega la Sanidad Pública. Por tanto, en el caso de que decidieran que abortar no podrían hacerlo porque en los hospitales se lo negarían.
Si queremos luchar por el derecho al aborto en otros países donde está prohibido, la reivindicación contra el racismo institucional que prohíbe la sanidad a las migrantes debería ser una reivindicación clave. Y que sí toman muchas organizaciones feministas que han estado en la concentración de Plaza Sant Jaume.
Hablamos de esto con un grupo de mujeres chilenas afincadas en Barcelona que están haciendo una campaña para mostrar a las mujeres chilenas lo “normal” que es abortar en otros países. “En Chile hay todo un discurso de miedo entorno al aborto. La desinformación genera miedo porque no se conoce lo que supone abortar; nuestra intención es mostrar cómo en otros países no es un hecho traumático abortar”.
Aunque la ley que quieren implantar en Chile es muy limitada –solo bajo tres supuestos y se quiere eliminar uno de ellos, la violación- aseguran que es un paso para las mujeres chilenas que quieran abortar, aunque quede mucho por luchar para conseguir la total despenalización.
La ofensiva ideológica y contra el derecho al aborto a las menores
Un argumento muy usado por la derecha y los sectores religiosos es que las menores, y en general las jóvenes, son “alocadas” e “irresponsables” y usan el aborto como método anticonceptivo. Sin embargo, no hay miles de jóvenes que van cada mes a abortar, porque no es un pasatiempo ni es como ir, por ejemplo, a un dentista.
Frente al desconocimiento de los y las adolescentes sobre sexualidad y relaciones sexuales, prohibir abortar o restringir el aborto no va a “solucionar” nada. Lo único que se consigue es que las jóvenes embarazadas que no logren el consentimiento familiar, sean obligadas a ser madres adolescentes, con lo que ello supone, o a buscar métodos alternativos para abortar ya sea en casa o en centros clandestinos sin ningún tipo de medida higiénica y graves riesgos para su salud.
Nos encontramos en Sant Jaume a Anna, una joven de 16 años que nos cuenta cómo ve en la reforma un gran golpe para las menores que se vean en la situación de tener que abortar. Nos cuenta una anécdota de una adolescente, que durante el parto, fue obligada por su familia a no ponerse la epidural como castigo a haberse quedado embarazada. Lo que le lleva a preguntarse sobre las presiones, e incluso amenazas que pueden sufrir las menores por parte de su entorno al quedar embarazadas.
Sin una educación sexo afectiva real, continuada en la educación, sin tabúes ni prejuicios morales, seguirá habiendo embarazos no deseados. No porque se restrinja el aborto las jóvenes van a dejar de tener sexo sin protección si en muchos casos no saben ni lo que supone hacerlo sin protección.
Muchos centros de estudio no dan educación sexual porque no está en el currículum obligatorio de enseñanza. En la mayoría de ocasiones, las charlas las hacen empresas privadas de preservativos o productos de higiene. Suelen ser cortas y no abarcan ni la mitad de temas que se deberían hablar. Por ejemplo, Anna nos cuenta como de las relaciones sexuales LGTBI no recuerda si les contaron algo, o si lo hicieron fue por encima dejando muchas preguntas abiertas al respecto.