Cerca de 60 presas en el norte y centro del país se encuentran por debajo del 25% de su capacidad.
Jueves 13 de mayo de 2021
La NASA reportó el pasado 6 de mayo, por medio de imágenes del Observatorio de la Tierra de la NASA, que México enfrentará la sequía más violenta de las ultimas décadas, afectando al 85% del país.
Los datos revelan que la presa Victoria, la principal abastecedora de agua de la ciudad de México, no ha parado de disminuir desde el 30 de marzo. Hasta ahora la presa se encuentra al 30% de su capacidad, siendo un dato alarmante, pues las nubes y las lluvias siguen escaseando en el territorio.
La presa Victoria no es la única en sufrir estos problemas, pues cerca de 60 presas en el norte y centro del país se encuentran por debajo del 25% de su capacidad. Además, lo preocupante de esto son los estragos estructurales que conlleva la falta de agua en el país. Los estados del norte, aparte de ser los más afectados, son los que tienen un papel importante en el abastecimiento de alimentos en toda la república. Por ejemplo, Sinaloa (el estado con mayor producción de maíz) tendrá un importante déficit en el cultivo de maíz blanco, o Sonora, uno de los estados con mayor ganadería, una de las industrias que consume más agua en el mundo.
Es evidente que la falta de lluvias es un problema provocado directamente por el cambio climático, que a su vez, ha crecido gracias al sistema capitalista de muerte, contaminación y explotación descontrolada de recursos. Sin embargo, las sequías deberían ser fáciles de superar gracias al desarrollo tecnológico y científico; esto se ve reflejado en las técnicas de captación de aguas, purificación industrial y plantas recicladoras de aguas de drenaje. Desafortunadamente, estos grandes avances se encuentran en las manos de los grandes empresarios; capitalistas que no ven estas industrias como potentes proyectos a favor de la población, sino como generadores de ganancias y riquezas.
Los dueños de estas plantas purificadoras y recicladoras benefician, no al campesino independiente ni a las granjas pequeñas, sino a las grandes empresas acaparadoras. Empezando con una de las industrias más letales y dañinas: la minería. Es una realidad que las minas son financiadas en gran parte por capitalistas canadienses que, respaldados y protegidos por el estado mexicano, saquean los recursos, además de la explotación laboral y despojo de territorio y reservas naturales (tal como el caso del pueblo Wixarika). La minería tira al drenaje una cantidad exorbitante del vital líquido, y lo peor es que termina tan contaminada que es imposible reutilizarla o tratarla.
El caso de las minas es tan solo un ejemplo, pues también está la industria química, de textiles, constructoras (los megaproyectos). Es decir, la sequía no afectará las ganancias de los empresarios capitalistas, pero sí al proletariado. Ya se ha visto que una catástrofe climática como esta ha llegado a provocar sequías tan catastróficas como las que han conducido a constantes hambrunas en Chihuahua.
En las propias ciudades, donde habitan millones de familias trabajadoras, ya están recibiendo el impacto de la sequía, pues el abastecimiento se queda corto. Sin embargo, mientras las colonias populares enfrentan la falta del vital líquido, los centros comerciales y plazas están exentas de estos problemas. No se diga los megaproyectos, construcciones de muerte que no solo despojan a los habitantes de sus territorios y sus viviendas, sino que también son imponentes consumidores de recursos, entre ellos, el agua.
Es probable que la falta de alimentos, ya sea de origen animal o vegetal, que requieren del vital líquido, se agrave en los siguientes meses. La única forma de combatir estas problemáticas es mediante el control de las industrias tratadoras de agua por sus trabajadores organizados democráticamente y comités de usuarios.
Los beneficiarios de estas, con ganancias millonarias, son muy pocos. Sólo los trabajadores de las plantas, los campesinos, los granjeros y obreros pueden determinar el uso de estas industrias en beneficio de las mayorías, sin enriquecer los bolsillos de unos cuantos capitalistas, para superar las potentes sequías.