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Red Internacional
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ENTREVISTA A EMPLEADA DEL HOGAR. “Mi vida es para ellos, para los jefes”

Entrevistamos a Laura. Nos habla sobre la situación de precariedad y discriminación que sufre como empleada de hogar, un trabajo completamente esclavo y realizado principalmente por mujeres inmigrantes.

Àngels Vilaseca Barcelona / Trabajadora de Servicios Sociales

Martes 30 de mayo de 2017

Pan y Rosas: ¿Cómo es tu experiencia como mujer trabajadora e inmigrante?
 
Laura: Para empezar quiero reflejar que el mismo hecho de tener que irte a vivir a otro país es un tipo de violencia, que no solamente sufrimos los que venimos. Porque nos lanzamos de allí precisamente por la violencia que hay. De una u otra forma hay muchas violencias, y nos impulsan a venir muchísimas cosas, ya sea porque no tienes un buen trabajo. Y no tener un buen trabajo en el país mismo, es una forma de estar pasándolo mal.
 
Yo decidí lanzarme a fuera, por una cosa que me dijo mi marido. No me voy a olvidar nunca de esto, hablando con él me dijo «bueno hemos logrado mucho en 9 y 10 años de relación», y yo le comenté « bueno, sí, pero podríamos tener una casa mejor», y el me dijo: «¡si tu no trabajaste nunca!» , y yo le contesté, «pero, yo si que he trabajado, me levantaba cada día a las cuatro de la mañana, para cuidar de mis hijos, organizar la casa, estudiaba peluquería, abrí una pequeña peluquería, le ayudaba con el depósito de materiales...», me enfadé y le dije «vale, no he trabajado, pues de acuerdo, me voy», y fue cuando decidí venir a España. 

En ese momento me sentí totalmente desvalorizada, como que no tenía en cuenta todo lo que hice, el cuidado de mis hijos, todo. Tuve que abandonar a mis hijos para venir a España. Después de un año, como las cosas no funcionaban bien allá, también vinieron aquí mi marido con los hijos.
 
Pan y Rosas: ¿Una vez llegaste aquí como lo viviste? ¿Cuánto tiempo tardaste en poder tramitar tus papeles?
 
Laura: Estuve muchísimo tiempo trabajando sin papeles a tiempo completo, siempre en servicio doméstico.
 
La primera vez que viví en España, estuve tres años y medio sin papeles. Luego me volví a Paraguay, y la segunda vez que me vine, pues estuve otros tres años mas hasta tramitarlos. O sea que estuve sin papeles como 7 u 8 años casi. Y tenía que aguantar en trabajos muy precarios en los que no tenía ni contrato.
Finalmente conseguí que me hicieran un contrato de trabajo, y ya pude tramitar los papeles por arraigo social, por mi estadía de tres años en España, y mostrando el contrato previamente.
 
Pan y Rosas: Como mujer trabajadora e inmigrante, ¿has sufrido algún tipo de discriminación?
 
Laura: El servicio doméstico es un trabajo muy precario que de por sí hacemos principalmente mujeres, y encima es el menos valorado de todos. Y si a eso le sumas que no tienes papeles, pues al final tienes que aguantar muchas cosas para que te los tramiten.
 
A parte, no tener papeles te limita totalmente por miedo, y para muchas cosas te sientes cohibida totalmente. En la sanidad , por ejemplo, vas allí para que te atiendan, y si la otra persona sabe de tu situación, de que estás sin papeles y de que estás trabajando sin cotizar, pues depende de su humor para que te traten bien.
Una vez fui al CAP para hacer una consulta, y aún no tenia la tarjeta sanitaria. Y la persona que me atendió me dijo: « No te podemos atender porque no cotizas a la seguridad social» y me empezó a poner un montón de trabas, sentía que me estaba atacando por el simple echo de ser inmigrante
 
Pan y Rosas: Háblanos de la precariedad laboral que sufriste como trabajadora doméstica interna
 
Laura: En uno de mis trabajos tuve muy mala experiencia, me sentí totalmente devaluada como trabajadora, como persona, como todo. Allí trabajaba como interna, solo me pagaban 800 euros , por estar las 24hs. Me hacía cargo del cuidado de los hijos, así como de todas las tareas de la casa, preparar la comida, etc. Solo podía salir los sábados a las 4 de la tarde, y el domingo tenia que volver.

A parte, los sábado tenias que trabajar el doble, porque tenía que dejar preparada toda la comida del día siguiente, y dejarlo todo bien, para que estuviera intacto e impoluto durante el tiempo que yo no estaba. 

Por otra parte, hay que tener en cuenta que trabajar en una casa es diferente que en una empresa. Cuando estás en una casa, sirves el plato de comida a los jefes, preparas la comida, les limpias el water ... que no es denigrante hacer esto, es un trabajo. Pero que tus jefes se levanten y nunca te pregunten si estas bien, que lleves un mes con ellos, y nunca te hayan preguntado por tus hijos, cuando saben que están lejos. Me trataban de una forma completamente humillante. 

Estar en una casa, es algo muy personal, muy íntimo y lo mínimo que nos merecemos por trabajar en esto es un poco de consideración. En esta casa fue todo muy precario de verdad. La mujer por la que trabajaba es una doctora muy reconocida del hospital de Sant Pau, y yo le cuidaba a sus hijos como si fueran mis hijos.

Cuando quise dejarlo, me sabía mal porque pensaba, «no puedo dejarles plantados, por más mal que ella se esté portando». A pesar de como me estaban tratando, al final yo pensaba más en ellos, que en mí misma. Y cuando quise dejarlo, le conseguí a otra chica, para que trabajase en mi lugar. Pero igual mi jefa se enfadó porque yo me tenía que ir, y me quedó debiendo 700 euros. 

Para mi este dinero era un mes para mis hijos. Y encima esta persona me dijo que yo había quedado súper mal. Si me pasara esto a día de hoy, me plantaría allí mismo, y le diría, «¿en que he quedado mal? ¡si he cumplido un año entero!» ¡¡Es que mi vida era para ellos, para los jefes!!!
 
Pan y Rosas: ¿Actualmente dónde trabajas? ¿Tu situación ha mejorado?
 
Laura: Actualmente también trabajo como empleada de hogar en otra casa, cuidando a una pareja de ancianos. Empecé con un horario de 40hs, pero ahora, ya estoy allí todo el tiempo, durante 12hs por día, más algunas noches, días festivos, etc.

En realidad al principio solo me contrataron para cocinar, estar pendiente de hacer la compra, y otras tareas, pero era algo muy light... luego ya empecé a hacer de todo, a limpiar, a tener que hacer, incluso, de enfermera...yo estaba a tiempo completo, y si uno de los abuelos se caía o le pasaba algo a las 12 de la noche, pues ¡yo tenía que estar allí! 

Además sólo con este trabajo no llego a final de mes, y también tengo que trabajar en otro sitio, y tengo que escaparme de allí para ir a limpiar otra casa. Trabajo todo el día, y aún encima tengo que subir al piso de arriba a limpiarlo todo en tan solo una hora, porque tengo dos hijos que están estudiando a la universidad, y con lo poco que cobro no puedo.

Es que yo me pregunto, «¿918 euros es lo que vale mi vida?» ¡Y estoy pendiente de ellos todo el día, todo el tiempo estoy allí! Y consideran que parte de mi sueldo es con especies, porque puedo quedarme a dormir allí. Yo pago otra habitación de alquiler, pero después de mi jornada acabo tan agotada, que muchas veces tengo que quedarme allí a dormir.
 
Pan y Rosas: ¿Qué mensaje darías a las demás mujeres? 
 
Laura: Primero, que es necesario dejar de pensar que estamos luchando, no tendríamos que estar pensando que hay que luchar, tendríamos que tener esa herramienta en la mano. El poder tendría que ser ya nuestro, de las mujeres. Y el trabajo, trabajar, porque esto sin trabajo es seguir dando golpes al techo, porque esto sin trabajo seguirá igual, podremos luchar muchos años pero
seguirá igual. Creo que cuando dejemos de pensar nosotras mismas que estamos luchando contra algo, empezaremos a tener suficiente poder como para salir adelante, eso es lo que creo.

Pero hasta que no consigamos esto, tenemos que luchar., y sí, muchísimo, y tenemos que trabajar y trabajar mucho. Coger más confianza, y no callarse y permitir según que cosas.