El primer discurso del golpista Temer fue claro: ajustes, privatizaciones, reformas en la legislación laboral y previsional, buen ambiente de negocios para el sector privado.

André Augusto Natal | @AcierAndy
Viernes 13 de mayo de 2016
Es para este objetivo que en su primer discurso el presidente interino Michel Temer llamó a un "gobierno de salvación nacional" con la colaboración de los poderes judicial y legislativo, y exigió la unidad de la población al servicio del "orden y progreso". Un liberalismo reaccionario al gusto de la Fiesp (Federación de Empresarios Industriales de San Pablo), principal patronal del país, y de las finanzas, para hacer valer el golpe institucional y el avance de la derecha sobre las conquistas de los trabajadores.
A pesar de evitar asumir la postura de quien hace un discurso de asunción, ya que ejerce el cargo interino, Temer no quiso dejar lugar a dudas frente a los mercados financieros y a los empresarios que lo oían, dentro y fuera de las fronteras nacionales, sobre los objetivos de su mandato producto del golpe institucional.
Tras una rápida mención demagógica en la que se comprometió a no tocar los planes sociales, Temer se dedicó a tranquilizar a los mercados, anunciando que avanzará todo lo posible en un ajuste fiscal, en una reforma laboral y de la edad jubilatoria y en la privatización de empresas públicas.
En una suerte de macrismo a la brasilera, las palabras crisis, esfuerzo, unidad, armonía y optimismo, se repitieron una y otra vez, para esconder su objetivo final: el de pretender ser un gobierno orgánicamente dedicado a hacer que los trabajadores paguen la crisis de los capitalistas.
Sin embargo para llevar adelante semejante empresa cuenta con la debilidad de ser un gobierno surgido de un golpe, sin el respaldo del voto popular, con un nivel de aprobación menor al 10% y que debe lidiar con un escenario de profunda crisis económica. Aunque cuenta a favor con un momentáneo "blindaje" parlamentario (al haber incluido a gran parte de los partidos opositores al PT en su gabinete), es un gobierno que tiene una primera "fecha de vencimiento" en 180 días y que debe lidiar con el "gelatinoso" compromiso político del parlamento y el poder judicial que, como se vio en las últimas semanas, está lejos de conocer la lealtad.
Democracia de la eficiencia, economía y "unidad del orden" en las calles
En primer lugar, Temer remarcó la pasión que tiene por la Constitución que en 1988 escribió junto a algunos de los presentes en la ceremonia. Una de las debilidades de origen del gobierno de Temer, señalado por toda la prensa internacional, es el haber surgido de un proceso con bases jurídicas totalmente cuestionables, secuestrando los votos de millones de electores. Para camuflar que es fruto del golpe, dijo que hará todo según la Constitución, olvidando su "pecado original". Es natural que un gobierno surgido de un golpe institucional, por las manos de poderes judicial y legislativo, que vulneraron vigorosa y repetidamente la Constitución según sus caprichos, comience a confesar su lealtad a ella, ya que no es habitual contar por sí mismo la historia de los propios crímenes.
Sobre este punto enalteció el trabajo del poder judicial, pidió que Dios lo bendiga (no en vano) y reforzó la idea de armonía entre los poderes, "cada órgano en el poder tiene sus tareas, sin interferencia de un poder en otro". Interferir sería inconstitucional según Temer, después del golpe, claro, sin recordar que el propio Supremo Tribunal Federal (STF) interfirió cuando quiso vulnerar la Constitución al impedir la asunción de Lula en la Jefatura de Gabinete, una prerrogativa que cabe solo a la presidencia. O la propia votación en las cámaras parlamentarias sobre el impeachment sin ninguna base constitucional.
El segundo tema tratado fue la economía. En síntesis, el mensaje fue: a los capitalistas que creen, vengan al paraíso. Usó una inmensidad de elementos de la jerga sacada de los arsenales del liberalismo, Milton Friedman y la "Escuela de Chicago". El mayor desafío del país sería "frenar el proceso de caída libre en la actividad económica" y rescatar la credibilidad interna y externa, "para que industriales, empresarios y el sector de servicios, la agricultura se entusiasmen y vuelvan a sentir la seguridad en sus inversiones"; "incentivar de manera significativa" las asociaciones público-privadas, porque por encima de todo "hay que reconstruir los fundamentos de la economía y mejorar el ambiente de negocios para el sector privado".
Creó incluso, a su manera, una genealogía de la democracia para llegar a lo que parece ser el ápice de la civilización: tuvimos una "democracia liberal" en primer lugar, sucedida por una "democracia de los derechos", que a su vez debe ser sustituida por lo más alto ya hecho por la humanidad, "la democracia de la eficiencia". De esta manera, reveló que "el ciudadano solo tendrá empleo si la industria y el comercio, estén caminando bien", una verdad obvia ya que "el estado no puede hacer todo, depende de la actuación de los sectores productivos: empresarios de un lado y trabajadores de otro son los que van a crear nuestra prosperidad". Un razonamiento sacado del arsenal neoliberal por el cual los trabajadores despedidos, los que pierden poder adquisitivo, los que verán elevarse la edad jubilatoria, tendrían que apoyar a los empresarios en beneficio propio.
El mensaje de que "el estado no puede hacer todo", como si el estado capitalista garantizara servicios de calidad a los trabajadores, tenía una dirección certera: recortar gastos y promover privatizaciones. Democracia de la eficiencia significa recortes en los gastos en salud y educación, "equilibrando las cuentas públicas". "Cuanto antes seamos capaces de reequilibrar las cuentas públicas, más rápido conseguiremos retomar el crecimiento", declaró en tono de amenaza. Es un claro preludio a la sinfonía de privatizaciones (o desestatizaciones) que prepara.
Todavía en el tema económico, intentó dialogar con los mercados financieros y la prensa imperialista que venía exigiendo dureza en los ajustes, apertura financiera y flexibilización de derechos laborales. Tranquilizó a los mercados diciendo que no inteferirá en la política del Banco Central y controlará la inflación.
No dejó de intentar hablar en nombre de la "clase trabajadora que sufre con el desempleo". Con un cinismo que hasta lo hizo atragantar, Temer reafirmó el tono ajustador: resolver el problema del desempleo depende de la reducción de derechos laborales, es la misma alternativa entre empleo o salario que la derecha de Mauricio Macri impuso a los trabajadores en Argentina.
De esta manera, concluyó que la reforma laboral y previsional "son polémicas", pero su cambio tendría como objetivo "el pago de jubilaciones y la generación de empleo".
Toda esta liturgia económica ganó contornos místicos en boca de Temer, un "liberalismo de salvación nacional", única y primordial función de su gobierno que, recordó, tendrá poco tiempo para aplicar las medidas necesarias. Para hacerlo, el cuerpo sobre el que se opera no se tiene que mover.
Ese fue el tercer eje de Temer: la seguridad. La sobriedad y descripción del "liberalismo de salvación nacional" exigió unidad y orden. "Es urgente pacificar la nación y unificar Brasil". En un escenario de ocupación generalizada de escuelas técnicas y de la red pública, este llamado cayó como un martillo: terminen ya las ocupaciones. Pacificar significa reprimir luchas. No quiere ni pensar en los obvios disturbios en la lucha de clases que surgirán y que ya existen en el país. Identificó, sin decirlo, a sus enemigos: la clase trabajadora y la juventud, en primer lugar los estudiantes secundarios que ocupan centenas de escuelas en varios estados contra los ataques a la educación.
Contra los trabajadores, definió una consigna de acuerdo con una anécdota vivida en una estación de servicio: "Pasé por la estación de servicio y vi el cartel ’no hable de crisis: ¡trabaje!’. Me gustó el mensaje, quiero popularizarlo a todo el país". Una amenaza velada a todas las huelgas, piquetes y a cualquier resistencia opuesta por los trabajadores a la agenda de reformas que "necesita ser aplicada urgentemente y exige armonía nacional".
No por nada agradeció tanto al poder judicial, el poder golpista que más se fortaleció para seguir desempeñando el papel de árbitro de la situación nacional, principalmente contra los sindicatos, las organizaciones de izquierda y las luchas de resistencia. Su ministro de Justicia será el exjefe de la asesina Policía Militar paulista, Alexandre de Moraes, y tendrá además en la cartera de Seguridad Institucional a un general sionista, Sérgio Etchegoyen, que comanda el servicio de inteligencia de Abin, y cuya familia prestó servicios a la dictadura militar.
Los métodos reaccionarios de la operación Lava Jato, de la fiscalía y la Policía Federal, que generalizan la violación a los derechos democráticos más elementales cotidianamente en los morros y favelas, están al servicio de ahogar las luchas de resistencia para que no obstaculicen los negocios privados. Esta es la señal que el gobierno de Temer quiere dar hacia el exterior: si no es por medio del palabrerío será por la fuerza que contendrá la lucha de clases, para responder al miedo de los monopolios imperialistas de valorizar capital en este "teatro de inversiones" tan inseguro.
Para acabar con el gobierno golpista de Temer es necesaria una Asamblea Constituyente Libre y Soberana
El PT abrió el camino para el fortalecimiento de esta derecha reaccionaria que encabeza Temer. Es por eso que el mismo Temer dijo que simplemente “completará y mejorará” el trabajo del gobierno de Dilma. Es decir que aplicará ajustes más duros de los que el PT ya venía aplicando. La estrategia petista será, como lo anunciaron Lula y Dilma de “oposición responsable”, “resistencia pacífica” y desarrollada “por la vía legal”, para no ser acusados de entorpecer los ataques de Temer, mientras preparan su campaña electoral hacia 2018.
Por su parte la CUT y la CTB mantienen un silencio sepulcral, y no organizan ningún tipo de acción de resistencia al golpe en las bases de los sindicatos ni en las fábricas. Le tienen más miedo a la radicalización de los trabajadores que a quedar pegados a la derecha, cuya ofensiva terminarán facilitando al aislar y derrotar las luchas contra los ajustes.
Mientras tanto, el escenario estratégico que le espera al gobierno golpista de Temer es el de un incremento de la lucha de clases desde el primer día de su asunción. Los procesos de lucha en curso, como la ola de ocupaciones de escuelas en San Pablo, Rio de Janeiro y otros estados, las huelga de las universidades estaduales paulistas y las paralizaciones obreras en fábricas como la Ford y la Merecedes Benz muestran que el descontento crece y que los ajustes no pasaran sin resistencia.
Desde el Movimiento Revolucionario de Trabajadores, quienes impulsamos Esquerda Diario, venimos exigiendo a la CUT y a la CTB que rompan su parálisis cómplice y que organicen una lucha seria para enfrentar al gobierno golpista.
Es desde la fuerza de esas luchas que se puede plantear alguna perspectiva real para acabar con el gobierno de Temer e imponer el cuestionamiento de toda esta democracia “del soborno y la represión”. Ningún combate contra la corrupción puede venir de las manos del poder judicial y del Lava Jato (investigación de corrupción en Petrobras). Por el contrario habría que combatir el fortalecimiento reaccionario de estas instituciones (todo lo contrario de lo que hacen organizaciones de izquierda como el PSTU y el PSOL, que aplauden a los miembros del Supremo Tribunal Federal y piden que el Lava Jato siga hasta el final).
Por eso defendemos una Asamblea Constituyente Libre y Soberana para acabar con la Constitución que es elogiada por Temer y la derecha. La misma que nació bajo la tutela de los militares, que crea superpoderes arbitrarios para el poder judicial y que es la base del parlamento reaccionario y corrupto de la actualidad. Una nueva Constitución que enfrente este régimen, impuesta por la lucha de los trabajadores en la que los jueces sean electos, revocables y ganen lo mismo que una maestra, (y lo mismo para los políticos y representantes), que haga que los capitalistas paguen por la crisis, expulse al imperialismo y contribuya para que los trabajadores asuman en sus manos la lucha por una forma superior de gobierno, un gobierno de los trabajadores.