Javier Milei opinó de la crisis económica y propuso sus recetas. Tras hacer una serie de cálculos de dudosa veracidad sobre la situación de las reservas del Banco Central, los títulos públicos y la base monetaria, tiró su propuesta: “es decir que a un tipo de cambio de $320 y con los bonos en una paridad del 20% es absolutamente factible dolarizar”, sentenció el diputado nacional por La Libertad Avanza.
Con su tradicional pedantería, insistió en que “se puede dolarizar. No es necesaria una mega devaluación como han dicho algunos analistas, no es necesario un plan Bonex, no es necesario un corralito. Lo único que esto requería era usar el cerebro…”
El problema es que Milei usa su cerebro solo para repetir ideas que solo pueden llevar a una mayor crisis de la economía nacional y de la vida de las grandes mayorías. Ideas que, obviamente, no son suyas ni nuevas.
Si tomamos el cambio a 320 que nos ofrece hoy Milei – seguramente la semana que viene pedirá más – hay que decir que su propuesta solo llevará a empujar todavía más la inflación, lo que llevará a pulverizar los ya golpeados ingresos populares. Pero además traerá otras consecuencias económicas y sociales que hemos analizado en distintas ocasiones.
La dolarización como receta para reducir la inflación, en el mundo actual, no tiene pies ni cabeza. Incluso antes de la guerra, el problema inflacionario se transformó en un dolor de cabezas a escala planetaria. Con la invasión a Ucrania se ha profundizado, no solo en Argentina. Como explicaron este último domingo los economistas Pablo Anino y Esteban Mercatante, “la dolarización requiere una devaluación tan grande que hundiría el salario”. Así ha sucedido donde se ha aplicado. Con la propuesta de esta semana, un salario de 100 mil pesos pasaría automáticamente a equivaler a poco más de 300 dólares. Pero ese sería seguramente el principio, porque la propuesta de Milei posiblemente continúe con un espiral de devaluaciones del paso. Pero además la propuesta de Milei viene con premio. Porque de fondo implica una serie de ajustes estructurales a favor del capital financiero y las grandes empresas. En una entrevista en La Nación + con el periodista José del Río afirmó que “la dolarización no es libre (con tanto que ama la “libertad”, se debe haber atragantado con esta afirmación), sino que está enmarcada en una serie de reformas estructurales de primera generación (una reforma del Estado, flexibilización del mercado laboral y apertura de la economía), y una reforma monetaria financiera”. O sea que la medida sería solo el puntapié para un ataque mucho más profundo, que implicaría miles de despidos de trabajadores y trabajadoras estatales, reducción de jubilaciones y programas sociales, una mayor precarización laboral, así como la quiebra de empresas y comercios que no puedan competir en esa “apertura”. Lejos de una medida “en defensa del país”, solo lleva a una mayor entrega. Como analizan Anino y Mercatante, “en un país con rasgos semicoloniales como la Argentina, la soberanía monetaria está limitada por la extranjerización de su aparato productivo y por su dependencia con los centros financieros imperialistas. Mucho más en estos días en que el FMI tomó el comando de la economía. La dolarización, plena o parcial, haría trizas directamente cualquier mínima posibilidad de política monetaria autónoma, la cual quedaría en manos de la Reserva Federal de los Estados Unidos”. El famoso “Ronald” Milei. Pero, como dice Pablo Anino en esta entrega de su Newletter "El juguete rabioso", lejos de las promesas de Milei se trata también de un ataque a los pequeños ahorristas. "Las incógnitas son muchas más: ¿A qué tipo de cambio se dolarizan las deudas con tarjetas de crédito, los préstamos personales y los préstamos hipotecarios? ¿Y los plazos fijos, los depósitos de la “gente” en el sistema bancario? ¿Los ahorristas recibirían dólares o bonos de deuda por sus depósitos en el sistema bancario? Dada la enorme asimetría entre el poder económico del sistema financiero y del ahorrista individual, una dolarización, no cabe dudas, se ejecutaría a distintas cotizaciones del dólar para favorecer a los primeros. Como se puede observar, la solución simple, sencilla, de sentido común, que ofrece Milei, en realidad es un Frankenstein que, entre otras monstruosidades, podría implicar una expropiación o licuación de los depósitos de la “gente” en los bancos. En este caso, sería el acto inicial equivalente al acto final de la Convertibilidad: el “corralito”. Un robo a la propiedad privada del ahorrista. Una herejía a los principios libertarianos". También en ese envío, Pablo Anino reflexionaba, dandole vuelta la típica pregunta que hacen los libertarios: "es una idea que merece la pregunta ¿En qué país se aplicó? Hay casos cercanos. En América Latina dolarizaron su economía Ecuador, Panamá y El Salvador. El economista Pablo Dávalos, director del centro de estudios Foro de Economía Alternativa y Heterodoxa de Ecuador y profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar, en una cobertura de la BBC, explicó que "la dolarización ha provocado estabilidad monetaria, pero con un costo social gigantesco". La propuesta de Milei es antipopular y no funcionó en ningún país. Pero podemos decir que en Argentina su aplicación parcial, con el régimen de convertibilidad, nos llevó a la catástrofe de 2001. Sabemos que Milei siempre fue un admirador de Menem y Cavallo. No se trata de apellidos que se recuerden muy bien en la memoria popular. El país se encuentra en una crisis económica cada vez más profunda. Una crisis a la que llegamos por la política de los distintos gobiernos. Incluidos el macrismo que pactó con el Fondo y el peronismo que mantuvo ese pacto y la sangría del Banco Central con el pago de la deuda y el aval a los especuladores. En este tiempo, el cerebro de Milei siempre tiró ideas para profundizar la entrega, el ajuste y el sometimiento del país.
Solo el Frente de Izquierda plantea medidas en defensa del pueblo trabajador. Como planteamos acá, hace falta un aumento de emergencia de salarios y jubilaciones, el desconocimiento soberano de la deuda, la nacionalización del sistema bancario y la nacionalización del comercio exterior.