El presidente habló en la Fundación Libertad. Defendió su ajuste feroz. Hizo chistes (todos malos) y se burló de economistas y sectores opositores. Habló contra “la política” mientras en el Congreso acuerdan con macristas, radicales y peronistas el nuevo proyecto de Ley Ómnibus y de reforma laboral. Que lo bizarro no tape la política.

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo
Miércoles 24 de abril de 2024 23:09

Foto: Fundación Libertad.
El discurso de Javier Milei fue insoportable. No cabe otra definición. Ya seguirlo por YouTube resultaba tortuoso. Imposible imaginar tener que verlo en vivo. Fue por eso que los medios afines al Gobierno rápidamente lo sacaron del aire. Cuando no habían pasado ni 20 minutos del inicio, tanto TN como LN+ continuaron con su programación habitual. Las arengas del “loco” parece que van perdiendo rating.
Milei habló de su propio ajuste. Lo celebró repitiendo las mismas falacias e invenciones que viene diciendo desde el 10 de diciembre e incluso desde antes. En ese auto-elogio delirante, comparó a Luis Caputo y Patricia Bullrich con Lionel Messi, haciendo rechinar los oídos de más de uno.
El discurso dio tiempo para una incursión en los fundamentos de su propia teoría económica. No tiene ningún sentido contestar acá. Quien quiera ver la opinión del PTS-FITU puede hacerlo en numerosos artículos publicados en Ideas de Izquierda, Armas de la Crítica y La Izquierda Diario. Consignemos solamente que el capitalismo, desde su nacimiento hasta la actualidad, es un sistema que lanza a millones a las catástrofes sociales más agudas: guerras, desempleo masivo, empobrecimiento sideral, hambrunas. Defenderlo como lo hace Milei es, también, habitar una burbuja.
Milei atacó a “la política”. Llegó a la bravuconada de decir que podían “tirar la Ley Bases”, en un ataque directo al Congreso. La prepotencia nada en el ridículo. Por estas horas, el oficialismo negocia desesperado con lo peor de la casta política. La rosca frenética une a funcionarios oficiales con diputados del PRO, la UCR, Hacemos Coalición Federal y parte del peronismo. El partido del presidente es tan parte de la casta como todos los demás.
Esas agrupamientos se ofrecen, ansiosos, como colaboracionistas. Rodrigo de Loredo -el radical cordobés que recibe puteadas en todos los idiomas- sigue activo apareciendo como eventual garante de un ajuste salvaje. Corren, lo más rápido que pueden, a sostener a un Gobierno que solo sufrió derrotas parlamentarias desde su origen y solo puede mostrar debilidad institucional. Más que “colaboracionistas” son cómplices abiertos.
Es insólito que después de la enorme movilización del día de ayer, la decisión de varios bloques y diputados sea salir corriendo ayudar a Milei. Intuyo que estos negociados a espaldas del pueblo les saldrán caros...
— Myriam Bregman (@myriambregman) April 25, 2024
La CGT no se queda atrás. Negocia porciones de la reforma laboral, en lugar de llamar a luchar contra el Gobierno que ajusta a jubilados y jubiladas y que se apresta a volver a incrementar el impuesto al salario, afectando posiblemente a un millón de trabajadores y trabajadoras.
Hace unas semanas nos preguntábamos quién sostenía a Milei. La respuesta sigue siendo, groso modo, la misma. Macristas, radicales y un sector del peronismo en el Congreso. La CGT y las conducciones sindicales burocráticas en el terreno de la lucha social. Las grandes patronales y el FMI.
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Sin embargo, Milei ya camina sobre terreno resbaladizo. La prepotencia y los chistes malos tiene su lado “delarrúesco”. El discurso de este miércoles pareció hecho dentro de una burbuja. Un discurso de casta, se lo mire por dónde se lo mire. Ajeno a la dura realidad que sufren las mayorías populares. Al áspero golpe que ya representan los nuevos tarifazos. A una pobreza que se extiende de la mano de la recesión, por más que el presidente celebre el relativo enlentecimiento de la inflación.
En la cena de la Fundación Libertad, Milei eligió hablar de miles de cosas para no hablar de lo evidente: el enorme golpe político a su Gobierno que significó la masiva marcha universitaria. El presidente apenas musitó la frase “causa noble” para aludir elípticamente al reclamo que este martes llevó a un millón de personas a las calles de todo el país. Un golpe político que lo llevó a cambiar de discurso en horas, pasando de la prepotencia a casi un llanto. Un “león” ronroneando.
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Este miércoles Milei habló como si viviera en una burbuja. Esa fatal arrogancia (usando el término a nuestro gusto) se vio muchas veces en la política argentina e internacional. Gobiernos y regímenes completamente disociados de los intereses y deseos de las mayorías populares. El resultado, fue, muchísimas veces, la rebelión popular. La lucha en las calles. La emergencia de la clase trabajadora, la juventud y el pueblo pobre como actores combativos de una transformación profunda o revolucionaria de la sociedad.
La fatal arrogancia de Milei pavimenta el camino en esa dirección.

Eduardo Castilla
Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.