En sintonía con las declaraciones del jefe de Gabinete Marcos Peña, el diario de Noble aseguró que un empresario chino frenó inversiones tras quedar “atrapado en un piquete”. Insólito.

Juan Manuel Astiazarán @juanmastiazaran
Viernes 21 de julio de 2017
“Los grupos de izquierda terminan atentando contra la posibilidad que haya inversiones”, dijo, sin ponerse colorado, el jefe de Gabinete en el último programa de La Mesa de Mirtha. La frase era parte de la catarata de argumentos en contra de la izquierda tras la represión que sufrieron los trabajadores de PepsiCo aunque, en el contexto de despidos y cierres de fábricas, resulta poco convincente.
La frase, desopilante, no sólo es poco creíble sino que parece un manotazo de ahogado para explicar la razón por la cual los “brotes verdes” nunca llegaron ni tampoco la prosperidad del siempre ausente “segundo semestre”.
Pero detrás de cada intento burdo del macrismo siempre hay algún medio amigo para hacerse eco de sus declaraciones. Es el caso de Clarín, que en una nota insólita asegura que un multimillonario empresario chino habría frenado una inversión ya acordada de 300 millones de dólares tras quedar varado en “un piquete de trabajadores”.
“Chengyu Fu quedó “atrapado” en una oficina en el yacimiento El Huemul en el norte de Santa Cruz debido a un piquete de trabajadores. Este inconcebible percance en la mentalidad de un jerarca oriental, habría sido la gota que rebalsó el vaso que finalmente condujo al freno de las inversiones” afirma el diario de Noble. Y continúa diciendo que “la petrolera tenía planificado invertir US$ 300 millones durante 2017 en el norte de Santa Cruz” y que incluso "ya había desembolsado US$ 120 millones. A pesar de esto, optó por congelar los siguientes US$ 180 millones”. Según Clarín, el gerente de Relaciones Institucionales de la compañía, José Esteves habría indicado: “Teníamos originalmente un proyecto de inversión de US$ 700 millones anuales, pero ha ido bajando y bajando, y no podrá cumplirse en un escenario inestable y de conflicto como es el que vivimos en Santa Cruz. Esta industria necesita estabilidad”.
La nota hasta se vuelve graciosa en el momento en que relata el traumático episodio del pobre jerarca chino al ser interrumpido por la protesta: “El hombre puso salir escondido, acostado. Se mostró ofuscado ante la extraña ironía de que sus propios trabajadores no lo dejaran salir”.
La “ironía”, aparentemente, es algo que no entra en la cabeza de los empresarios, ni del Gobierno, ni de pasquines como Clarín: existen trabajadores que reclaman por sus derechos y no aceptan ser usados como material descartable, ni ser tratados como un objeto que le pertenece al patrón.
El hecho deja de ser gracioso cuando estos argumentos se repiten de manera constante día tras día, con el objetivo de demonizar la protesta social y los reclamos en contra del ajuste del macrismo, los despidos y la flexibilización laboral.
Más allá de la pretendida “objetividad” sobre la que se para Clarín y muchos otros medios oficialistas, está a la vista que todo vale a la hora de justificar los ataques contra los trabajadores y que nada es inocente. El periodismo “independiente”, una vez más militando el ajuste.