Publicamos la situación de una monitora despedida por denunciar el precario servicio de comedor en las escuelas: “Si los becan es precisamente por en su casa económicamente las familias no van bien, muchos no cenan por la noche y que yo tenga que ver cómo los niños chupan los platos”.
Itziar Batet Educadora | Barcelona
Lunes 26 de octubre de 2020
Publicamos una denuncia de Laia, monitora y educadora extraescolar de una escuela de Barcelona. Una de las cientos de denuncias de las trabajadoras precarias de la educación, en este caso de las monitoras de tiempo libre, uno de los colectivos más perjudicados por una precariedad que en plena pandemia se ha profundizado.
Sólo en Catalunya son más de 20.000 y tras la pandemia en marzo se han despedido o suspendido con ERTEs. El comienzo de curso ha develado de manera exponencial la precariedad laboral en la que se encuentran, expuestas al contagio y a mayor carga laboral.
Empresas como Aramark o Endemar, Paideia, Diverjoc, Fundeslplai, Cocina justa o la Pere Tarrès son las que ofrecen servicios de educación extraescolar pero también de catering y cocina. Obtienen altas ganancias de los centros públicos no sólo a costa de bajos salarios, sino también de la muy mala calidad del servicio de alimentación.
Quiero exponer la situación en la que me encuentro. Este año he empezado a trabajar en el comedor del centro escolar donde también trabajo como vetlladora. He dejado mi puesto de fija discontinua en mi anterior centro y empresa para hacer este cambio que en principio era a mejor.
Desde que he entrado, he visto a los niños relamer los platos porque se quedan con hambre, les dan menos de un cucharón de puré y dos albóndigas de pescado junto a una pieza de fruta. Es el menú de uno de los días, ha habido días que del segundo plato les he tenido que poner la mitad del pescado o de la carne, sin tener derecho los niños a su otra mitad si la querían, la cual pagan o tienen becada.
He tenido desde 21 a 27 niños de P3, P4 y P5 para mí sola, ”teniendo" que mantener los grupos burbujas de tres grupos diferentes. Durante la hora que estamos en pleno servicio de comida, también me he tenido que encargar de hacer las tareas de la auxiliar de cocina que no hay: cortar pan, fregar bandejas, poner lavavajillas, tomar temperatura de la comida. No me han dado un papel donde consten los niños que son “no carne/no cerdo” y por suerte no tenemos alérgicos, ya que la coordinadora me ha dicho que lo calcule “a ojo” o que les pregunte a ellos. Esto es muy peligroso porque hay niños que no lo saben. Y un sin fin de cosas más.
Es un colegio donde el 90 por ciento de los niños están becados y si los becan es precisamente por en su casa económicamente las familias no van bien, muchos no cenan por la noche y que yo tenga que ver cómo los niños chupan los platos, literal, y me digan que quieren comer más y les tengo que decir yo que no, después de que la ración que les he puesto es muy poca. Un día dije, “voy a contar los macarrones” porque esto ya es de broma ¡y conté 18 macarrones!. El puré por ejemplo se sirve con lo de la línea fría y por lo que yo tengo entendido eso no funciona así. Y además, lo hemos llegado a servir como si fuera una sopa porque tuvimos que echarle agua para que cunda más.
Cuando me iba a casa, la directora me preguntaba como había ido el rato del comedor y yo le comentaba lo que había visto sin más. Pues bien, resulta que eso a la empresa no le ha gustado y hoy me han llamado por la mañana de que no me incorpore a mi puesto de trabajo porque no había superado mi periodo de prueba. Y yo sólo había intentado mejorar las cosas por los niños y dije que los niños se quedan con hambre, en esta escuela el 90% tiene beca y muchos no cenan. Las empresas juegan con los niños y con nosotras. Estoy muy indignada.