René Sánchez Galindo, abogado de la Asociación Civil Colectivas A.C. y miembro del Consejo Nacional de Morena levanta la propuesta de enfrentar la reforma energética a través de la tramitación de Amparos colectivos. ¿Es ésta la estrategia correcta para echar abajo la reforma energética?
Camilo Cruz México
Viernes 13 de noviembre de 2015
En el 2013 en medio de masivas movilizaciones del magisterio a nivel nacional, la propuesta de Morena para enfrentar únicamente la reforma energética fue la convocatoria a concentraciones masivas tanto en el Zócalo como en Bellas Artes. En estas manifestaciones donde Andrés Manuel López Obrador (AMLO) estuvo presente, cientos de personas que acudieron a su convocatoria gritaban una y otra vez “paro nacional”.
Sin embargo, el dirigente de Morena contestó por los altavoces que la estrategia de su partido sería la “resistencia civil pacífica”, a la cual se sumaron tres acciones: una consulta popular sobre la reforma energética, un “cerco” al senado el día de la discusión y aprobación de la reforma y una carta dirigida a varias empresas petroleras, entre ellas Exxon, Chair-CEO, Chevron y Shell. Apelando a la buena voluntad de las trasnacionales para no explotar los recursos energéticos.
Como continuidad del programa de Morena para echar abajo la reforma energética, Sánchez Galindo sostiene que otra vía para echar abajo esta reforma es la tramitación de amparos por cada contrato que establezca Pemex con empresas particulares.
Estamos frente al avance en la subordinación al imperialismo estadounidense de lo cual una expresión son las reformas estructurales y ahora su profundización con el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. Como telón de fondo está la situación post-Ayotzinapa donde el régimen quiere imponer a sangre y fuego estabilidad para la implementación de las reformas, con un duro ataque al magisterio, el encarcelamiento de dirigentes sindicales, la militarización del país y el desmantelamiento de las conquistas del conjunto de los trabajadores. En este contexto se hace urgente discutir qué estrategia levantar para echar abajo los planes del régimen, el imperialismo y las trasnacionales.
Resistencia civil pacífica y la lucha contra las estructurales
Andrés Manuel López Obrador continuamente ha levantado como estrategia la resistencia civil pacífica, que adquirió relevancia en 2006 frente al fraude electoral y llevó a la impotencia a decenas de miles que tomaron las calles en son de protesta.
En ese mismo año en Oaxaca, estallaba uno de los procesos más álgidos de la lucha de clases de la pasada década, con la formación de la comuna de Oaxaca y el descontento a nivel nacional que se expresó en el amplio repudio a las elecciones fraudulentas.
AMLO fungió como contención del movimiento de masas y llamó a respetar las instituciones del régimen y, por la vía de los hechos, dejar aislada a la comuna de Oaxaca, evitando así la profundización de la crisis que atravesaba el régimen en ese momento.
Nuevamente para las elecciones del 2012 y frente al fraude electoral, con un escenario marcado por las masivas movilizaciones juveniles que se desataron a nivel nacional con el #YoSoy132, AMLO volvió a llamar a seguir apelando a las instituciones del régimen para “evitar el regreso del PRI a la presidencia”.
Hacia 2013 y con el pacto por México como pacto en las alturas entre los tres principales partidos del régimen, el Partido de la Revolución Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), el avance en las reformas estructurales fue consumado, no sin la férrea oposición del magisterio democrático que se movilizó y paró a nivel nacional, coyuntura que fue cerrada con el violento desalojo del plantón masivo en el zócalo capitalino.
En ese año y como describimos arriba, otra vez AMLO le cerró el paso a la unidad entre el magisterio democrático y las miles de personas que veían en Morena una alternativa para enfrentar a las estructurales.
Este año, frente al ataque que recibe el magisterio y en concreto la sección 22 de Oaxaca, con la desaparición del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, AMLO ofrece una “alianza” al magisterio democrático que básicamente se cierne en el cobijo de Morena a cambio de encajonar la movilización del magisterio a los estrechos márgenes de las instituciones.
Frente al avance en la reforma energética que se expresa en los despidos masivos en el sector petrolero, el duro ataque al Contrato Colectivo de Trabajo que hoy tiene su última expresión en el aumento a la edad de jubilación y la enorme represión a cualquier intento de organización de los trabajadores, Morena propone la tramitación de amparos colectivos frente a la Suprema Corte de Justicia, misma que en el 2009 avaló el decreto presidencial de extinción de Luz y Fuerza del Centro, con el cual miles de familias quedaron en la calle.
Una estrategia para echar abajo las reformas
Las reformas estructurales en los hechos son el avance en la subordinación al imperialismo estadounidense y son respuesta a la crisis internacional que se abrió en el 2008 con la caída de Lehman Brothers. Para el régimen mexicano y en concreto para el PRI, es indispensable mostrar firmeza en la aplicación de las mismas, necesitan probar que son capaces de conseguir estabilidad para el avance de los planes imperialistas.
Morena por su parte, emerge a nivel nacional capitalizando un gran porcentaje de votos y se construye como primera fuerza de centro-izquierda en el Distrito Federal, se presenta como oposición a las reformas estructurales y alternativa frente a la debacle del PRD como pata izquierda del régimen.
Sin embargo, su programa al no cuestionar hasta el final la subordinación al imperialismo y los intereses de los grandes empresarios nacionales e internacionales juega, como proyecto a largo plazo (la pelea por la presidencia), a ser el administrador humanista del capital, como si los intereses de los trabajadores y de los grandes empresarios, terratenientes y banqueros se pudieran conciliar.
Morena hace referencia en gobiernos latinoamericanos como el de Evo Morales, Hugo Chávez y Cristina Fernández de Kirchner, los cuales se enfrentan a su fin de ciclo como alternativas y hoy se ven obligados a aplicar ajustes y entregas a las trasnacionales y en otros casos a buscar el “mal menor” para la continuidad de su proyecto.
Por otro lado y como parte de los nuevos fenómenos en Europa, Podemos y Syriza son otra referencia de proyectos reformistas que juegan a ser los buenos administradores del capital pero que en los hechos y como demuestra el paro nacional convocado en Grecia contra el gobierno de Syriza, los intereses entre los trabajadores y los empresarios y banqueros son opuestos por el vértice.
En concreto y para enfrentar la reforma energética hay que pelear dentro del sindicato por recuperarlo del charrismo sindical con Romero Deschamps a la cabeza, ponerlo al servicio de sus trabajadores y que los mismos mantengan plena independencia política de cualquier partido del régimen.
Hay que pelear por la renacionalización sin indemnización de todos los sectores que han sido privatizados y que Pemex este bajo control de sus trabajadores, para que Pemex esté al servicio de las grandes mayorías y no al servicio de una explotación irracional de los recursos, que ha generado contaminación y agotado los recursos naturales, con tal se saciar la necesidad energética del imperialismo y de las grandes empresas.
Para enfrentar el conjunto de las reformas estructurales es necesario apoyar al magisterio democrático que hoy sufre una brutal represión por parte del régimen, a la par de llamar a los grandes centrales sindicales que se reclaman opositoras como la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y la Nueva Central de Trabajadores (NCT) a que se pongan a la cabeza de la convocatoria a la coordinación de un plan de lucha con miras a una huelga general.