Mientras Alberto Fernández afirma livianamente que prefiere tener un 10% más de pobres, la población de la localidad bonaerense sobrevive con la solidaridad de su propia gente. Estudiantes de la Universidad Nacional de Moreno han puesto en pie un Comité de Emergencia para adherir a la iniciativa docentes y choferes de colectivos de la zona.
Miércoles 15 de abril de 2020 11:25
Un día, uno más de tantos en cuarentena, finaliza otra tarde de otoño para darle lugar a las noches en las que el frío se hace sentir. En medio de la oscuridad y alumbrados sólo por las luces del móvil de Crónica, los que nada tienen aprovechan la “oportunidad” que les brinda la cuarentena para salir a contar cómo transcurren sus vidas en medio de la pandemia. Lejos de las filminas presentadas en los elegantes salones de Olivos aflora otra realidad concreta y material desde el conurbano bonaerense.
Un joven de 22 años comenta al aire, que su “hogar” son cuatro plásticos de nylon y que a partir de la cuarentena duerme en una pelopincho y come gracias a la solidaridad de una vecina. Otra vecina que se hizo presente comenta que solo se alimenta gracias al comedor del barrio, y que la mercadería que recibe viene con gorgojos. Cuando le preguntaron a qué hora comió su niño por última vez, respondió que fue al mediodía. La hora que marca el canal eran pasadas las 19 horas.
Otra vecina contaba que tienen siete hijos, que es cartonera y pide ayuda y mercadería ya que no puede salir por temor al acoso policial. Otro vecino ya avanzado en edad, cuando le preguntaron que tenía para comer, respondió “un paquete de fideos y una lata de arvejas.”
Indignante. Para evitar falsas discusiones, aclaramos que esta nota no es objetiva, sino al contrario. Está cargada de subjetividad. No permanecemos neutrales en absoluto. Nos parece cruel, despiadado y miserable que se diga con tanta simpleza que es preferible sumergir en la miseria a tantas personas sea posible y que pinten como irreal o injusto el hecho de tocar las ganancias de un puñado de buitres locales y extranjeros, que a lo largo de diferentes dictaduras y democracias han sido favorecidos enormemente.
Detrás de una estadística son millones de vidas las que están en juego, pero para los amos y señores parece que nada, ni una pandemia, los detiene en su sed de ganancias. En abril se pagaron U$S 250 millones de deuda. Pasan 1500 despidos en una fábrica de renombre como Techint. Pasan también las represiones como en el frigorífico Penta ¿O qué esperan? ¿Que uno no defienda lo suyo? Miremos a los obreros de Penta, ellos pueden responder a esta pregunta.
Mientras el látigo azota y los dueños del mundo planean a nivel internacional como avanzar sobre nuestras conquistas y degradar nuestras vidas con la excusa del coronavirus, desde abajo emerge la solidaridad, y ejemplos hay miles: este mismo diario se ha encargado de darles voz a quienes no dudaron en poner sus conocimientos, su tiempo y su energía para enfrentar esta pandemia.
Por eso como estudiantes de la Universidad Nacional de Moreno hemos puesto en pie un Comité de Emergencia para adherir a la iniciativa docentes y choferes de colectivos de la zona para recolectar alimentos y elementos de higiene, siendo la primera entrega en la EP N° 72 de Barrio La Esperanza. La localidad necesita plata para salud, pero en vez de eso llenan de policías y gendarmería los barrios. Los mismos lugares donde viven los protagonistas de esta nota.
No se puede permitir que la crisis que se intensificó por la aparición de esta pandemia se descargue sobre las espaldas de la clase trabajadora y el pueblo pobre. El diputado del PTS-Frente de Izquierda Claudio Dellecarbonara así como de Nicolás Del Caño proponen un impuesto a las grandes fortunas. Esta recaudación a los empresarios y propietarios más ricos del país permitiría dar respuesta inmediata a las necesidades sanitarias y sociales y garantizaría un salario de cuarentena de 30 mil pesos para todos aquellos trabajadores y trabajadoras que no tuvieran licencias pagas por sus empleadores o se hallan en la informalidad. No podemos esperar de los de arriba más que una cachetada. Y nosotros estamos hartos de poner la otra mejilla siempre. Llevamos esta propuesta adelante porque vivimos en los barrios y pisamos el barro. Y sabemos, como tantas veces se ha demostrado y como dice ese rocanrol, que a la gente solo la ayuda la gente.