Diversos sindicatos haitianos, sobre todo asociados a los sectores de transportes, educación e industria textil, hicieron un llamado a huelga general para los días 1 y 2 de febrero. Pero ¿Qué llevó a los trabajadores a convocar a una huelga general en el país?
Miércoles 3 de febrero de 2021
Lunes primero de febrero del 2021. Comienza el día en Haití. Las calles están vacías, con una tensa calma que avisa en silencio que no durará por mucho tiempo.
Un grupo de jóvenes se junta temprano en las calles de Puerto Príncipe, la capital del primer país que se independizó en América. Juntan materiales que están tirados en las aceras, y las colocan en las calles. Uno de ellos saca una caja de fósforos para encender el frágil parapeto y comenzar las primeras barricadas de la protesta, en el contexto de la huelga general que se iniciaba en el país. Pero las barricadas no solo iluminaron las calles de la capital: ciudades como Cabo Haitiano, al norte del país, y Les Cayes, al sur, también se sumaron al llamado.
Pero antes de seguir, debemos contextualizar lo que pasa en el país centroamericano. Diversos sindicatos haitianos, sobre todo asociados a los sectores de transportes, educación e industria textil, hicieron un llamado a huelga general para los días 1 y 2 de febrero. Pero ¿Qué llevó a los trabajadores a convocar a una huelga general en el país? Si bien existe un descontento generalizado del pueblo haitiano en contra del gobierno, y de paso, en contra del modelo económico imperante, existen dos razones coyunturales que prendieron la chispa que incendió la pradera.
La primera razón tiene un carácter político institucional. Existe una disputa respecto a cuándo termina el mandato presidencial del actual jefe de gobierno. Por un lado, el derechista Jovenel Moïse, presidente de Haití, alega que su período como gobernante finaliza el 07 de febrero del año 2022, y que será ese el día en que entregará el puesto. Las razones del mandatario se basan en que asumió formalmente como presidente el 07 de febrero del 2017, por lo que se debe respetar los 5 años que dura su período.
Por otro lado, la oposición afirma que el fin de la presidencia de Jovenel termina este 07 de febrero, por lo que exigen que el mandatario cese sus funciones esa fecha. Esto se debe a que el presidente anterior de Haití finalizó su período en febrero del 2016, pero la asunción del cargo de Jovenel se retrasó por acusaciones de fraude electoral y distintas movilizaciones que se sucedieron en el país. El debate sobre la fecha de termino del gobierno se da por la interpretación que existe de la actual Constitución, la cual quiere ser cambiada por el actual jefe de Estado sin un proceso democrático garantizado.
La segunda razón del llamado a huelga está relacionada con la violencia cotidiana que sufre la población haitiana. Bandas criminales asechan la seguridad de los haitianos en las calles, dejando un triste saldo de más de tres mil secuestros durante el año 2020, y un millar de muertos a causa de la violencia callejera. Las acusaciones y protestas contra el gobierno se pueden dividir en dos causas:
El camino de la huelga general en Haití
Pero la situación es más compleja. Haití es el país más pobre de la región, y constantemente se ve envuelto en convulsiones políticas y sociales a causa de la violencia estructural de la nación. El desarrollo capitalista bajo la forma neoliberal ha acrecentado las desigualdades sociales y las carencias cotidianas de la población. Una minoría de empresarios se enriquece a costa de la pobreza de las masas, las que a su vez experimentan la precarización constante y acelerada de sus vidas, no quedando otra opción que huir del país buscando un futuro en las incertidumbres de la emigración.
Desde el 2018 las manifestaciones antigubernamentales se han vuelto frecuentes, lo que ha llevado al gobierno a decretar leyes que, amparándose en una supuesta “seguridad ciudadana", lo único que buscan es criminalizar la protesta. No es casualidad que el gobierno dictatorial de Haití haya decretado leyes similares a las aprobadas por el brazo político del empresariado chileno: así, la aplicación de leyes anti barricadas y antisaqueos también se aplican en el país centroamericano, como una medida para reprimir la movilización popular.
Es bajo este contexto de pobreza, desigualdad y represión, que los trabajadores haitianos han iniciado movilizaciones usando la herramienta de la huelga general. Fundamental, para llevar a cabo estas acciones, ha sido el liderazgo de los sindicatos de trabajadores de la educación y el transporte, en conjunto con trabajadores del área textil, que es donde se concentra el proletariado del país. También ha sido la juventud quienes han asumido roles combativos en las calles, levantando las barricadas y enfrentando la represión desatada desde el Estado para mantener el orden.
En las actuales condiciones del capitalismo en países periféricos, una de las tareas fundamentales para llevar a cabo una paralización general es el control y ocupación de los espacios productivos relacionados a los servicios. Paralizar el transporte es paralizar el desarrollo mismo de la economía, pero no solo eso. El corte de rutas y paralización de móviles también implica el retraso de la represión, y las dificultades de los organismos estatales del orden para llevar a cabo sus acciones de violencia en contra de la población. El golpe a las burguesías nacionales y transnacionales solo puede ir de la mano con una férrea organización de los trabajadores, pero que a la vez pueda articular las luchas de todos los oprimidos y sumar las reivindicaciones democráticas.
Una de las limitaciones que se puede observar en Haití, pero también en el resto de las economías periféricas, es la ausencia de un partido revolucionario que pueda articular y organizar las demandas, para elevar a los trabajadores en la vanguardia por la liberación universal de los que sufren las consecuencias del desarrollo capitalista.
La canalización del descontento mediante el acuerdo desde las direcciones reformistas
Las consecuencias de la huelga en Haití no son menores. Después de las jornadas de protesta y paralización, los principales partidos y grupos políticos haitianos llegaron a un acuerdo para iniciar una transición que implica el cese efectivo de funciones gubernamentales del actual presidente. Así se conformó la CNET (Comisión Nacional para el Establecimiento de la Transición), organismo encargado de designar al futuro presidente, al Primer Ministro y los integrantes del gabinete.
Esta jugada para frenar el avance del movimiento popular y de trabajadores en un contexto de crisis política y social también lo pudimos ver en Chile, con el obsceno “acuerdo por la paz”. Así, la salida parcial a la crisis se realizó con la participación de los Partidos Políticos desde las cúpulas, sin integrar a las masas movilizadas y que entregaban sus vidas detrás de las barricadas en las protestas.
Pero los procesos políticos y sociales no se limitan a los acuerdos artificiales de los representantes de la burguesía y el reformismo, por lo que el escenario abierto para la huelga general aún está en desarrollo, sobre todo en un país que ha sido brutalmente golpeado por el desarrollo capitalista durante toda su historia.
Así, es necesario seguir observando los acontecimientos del país centroamericano, mirar la evolución del aprendizaje político de los trabajadores y las masas explotadas en sus organizaciones, y como responden a los acuerdos que solo resuelven problemáticas de legitimidad institucional, pero en ningún caso resuelve la crisis y violencia estructural de Haití.