En la noche del 20 al 21 de octubre se daba a conocer el fallecimiento del director general del gigante francés del petróleo Christophe de Margerie. Su jet privado chocó con un camión quitanieves en el momento del despegue en el aeropuerto de Vnukovo cerca de Moscú. Como era de esperarse, todo el personal político burgués (de derecha como de “izquierda”) así como la prensa saludan la memoria de un “gran dirigente”. Junto a de Margerie fallecieron los tres miembros de la tripulación.

Philippe Alcoy París
Miércoles 22 de octubre de 2014
Según las autoridades rusas el conductor del camión quitanieves habría estado ebrio en el momento en que se produjeron los hechos. Sin embargo, no se puede confiar en las autoridades rusas que podrían querer descargar toda la responsabilidad sobre este trabajador de 60 años.
De hecho el abogado de éste declara que “en el momento del accidente [el trabajador] estaba sobrio (…) Mi defendido sufre una enfermedad cardiaca crónica, no bebe y esto pueden corroborarlo sus familiares y médicos”.
Las malas condiciones climáticas también pueden haber provocado el accidente. La investigación continúa.
Pragmatismo y cinismo
La prensa burguesa francesa e internacional abunda de artículos homenajeando a un “gran estratega”, un hombre con un “buen sentido del humor”, un “aventurero”.
La realidad es que Christophe de Margerie era el heredero de una familia ultra rica, ligada a los círculos del gran capital. De muy joven entró a trabajar para Total en los años 70’, en plena crisis del petróleo. Gracias a su talento de negociador y para establecer buenas relaciones con sus interlocutores fue promovido en 1992 al sector Trading para el Medio-Oriente. Tres años más tarde se transformaba en el director general de la región.
De Margerie era experto en las “sutilezas de la negociaciones con los agitados petroleros venezolanos, la jerarquía rusa, los soberanos africanos ávidos de petrodólares, los sátrapas de Asia central y sobre todo con los príncipes del Golfo propietarios de dos tercios de las reservas mundiales del oro negro” (Le Monde, 21/10).
Lo que hoy se trata de presentar como una “gran virtud”, en realidad son negociados oscuros de Margerie con todo tipo de dictadores y opresores de los pueblos a través del mundo.
De hecho, Margerie era uno de los poco dirigentes de multinacionales imperialistas que demostraba abiertamente su “simpatía” hacia Rusia, llegando incluso a condenar públicamente las sanciones economicas contra Putin y sus allegados. Evidentemente, todo esto en una lógica puramente de negocios ya que Total planea hacer de Rusia su principal fuente de abastecimiento en gas y petróleo.
Total “exonerado” de impuestos en Francia
A pesar de que Total es la empresa francesa más rica y que realiza los beneficios más altos, no paga un centavo de impuestos en Francia, como la mayoría de los grandes grupos franceses, dicho sea de paso.
El pretexto es que la actividad en Francia no sería rentable y por lo tanto legalmente una empresa que tiene pérdidas no paga impuestos. Cínicamente, de Margerie declaraba hace algunos meses que “soñaba” con pagar impuestos en Francia, es decir que su actividad sea “rentable”. Por más que de vez en cuando algún que otro político se queje de esta situación, el Estado es completamente cómplice ya que es gracias a un mecanismo que éste instauró que este tipo de empresas no pagan impuestos.
Y es de Margerie que decía en una entrevista en agosto que el Estado francés tenía que “equilibrar sus finanzas públicas”.
La clase obrera no tiene nada que lamentar
Es que bajo el mismo pretexto Total pretende desde hace varios años reducir su actividad en Francia. Es así que en 2010 anunciaba el cierre de la refinería de Dunkerque, lo que le valió una huelga nacional del sector que puso a Francia al borde de la penuria. Solo la traición sindical permitió que la dirección de Total se salvara.
Sin embargo, esta huelga impresionante así como la que llevaron a cabo los trabajadores y trabajadoras del sector durante la lucha contra la reforma de las jubilaciones de Sarkozy en 2010 representó un “traumatismo” para la patronal. Es lo que explica que hoy en día son muy cautelosos al hablar de cualquier plan de cierre o de reducción de la actividad en suelo francés.
Es en ese sentido que los explotados no tienen nada que lamentar con la muerte de Margerie. Un patrón sin escrúpulos dispuesto a pactar con cualquier tirano con tal de que esto le garantice sus beneficios. Se fue uno de ellos. Los capitalistas no tardarán mucho en encontrar su reemplazante.