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Mujer Trabajadora. Mujer, subcontratación y precariedad laboral

El porcentaje de mujeres en el trabajo asalariado ha aumentado los últimos años, aunque aún continúa siendo bajo en relación a otros países del mundo. Sin embargo, las mujeres deben enfrentar la doble carga laboral, salarios más bajos y subcontratación, entre otras dificultades.

Ana Lopez

Ana Lopez @analopezd Historiadora

Lunes 29 de junio de 2015

Hoy, cerca de un 44% de las mujeres se encuentra inserta en el trabajo asalariado, a diferencia del 52% que es el promedio de América Latina. Sin embargo, son muchas las dificultades que deben enfrentar las mujeres a la hora de trabajar. Esto, debido a que persisten muchos problemas como la división sexual del trabajo, la discriminación y acoso sexual, bajos sueldos, precariedad y subcontratación.

Según indica la propia Dirección del Trabajo (DT), las mujeres trabajan en mayor medida en áreas relacionadas con el servicio y comercio, más que la industria. Son casi el 100% de las trabajadoras domésticas y cerca de la mitad de quiénes laboran en el retail, supermercados y mall. Por otro lado, se calcula que la brecha salarial sigue existiendo y las mujeres cobran aproximadamente un 23% menos por el mismo trabajo que un varón.

En el caso de la desocupación, esta también es más alta para las mujeres. Según la DT “Otro tema de preocupación es la falta de cobertura previsional de las mujeres, según cifras de la encuesta casen 98, el 36,2 % de la fuerza ocupada del país no se encontraba cotizando en ningún sistema previsional, de estos el 35,6% correspondía a hombres y 37,4 mujeres”, indicando además que solo el 41% de ellas tiene contrato.

La II Encuesta Nacional organizada por Comunidad Mujer sobre empleo femenino, arrojó que “las mujeres urbanas que pertenecen a un hogar que se encuentra en el 20% más pobre (quintil I en 2011), participan en aproximadamente 45%. En tanto, en el caso de aquellas que pertenecen al quinto quintil más del 70% se encuentra trabajando o activamente buscando un empleo”. La doble carga laboral también es uno de los problemas que evidencian las mujeres, responsables del trabajo en el hogar, de llevar a los hijos al colegio y/o médico, cocinar, etc.

Por otro lado, una de las grandes problemáticas del trabajo femenino se asocia a la subcontratación, el trabajo a domicilio o no regulado, que genera mayor precariedad y bajos salarios.

Empleos de mala calidad y subcontratación

De los empleos creados en los últimos años, una parte importante correspondió al trabajo femenino. Sin embargo, estos trabajos eran en gran parte empleo “de mala calidad”, es decir, trabajo por cuenta propia, con familiares o bajo la modalidad de subcontratación. No se trata solo que las mujeres tengan salarios más bajos y doble carga laboral, además los empleos existentes son en su mayoría a bajo el modo de la subcontratación, trabajando para familiares o amigos de manera informal (cuidado de niños, ancianos, etc.) o por cuenta propia (como la venta de productos). Hay trabajos totalmente feminizados, como son las trabajadoras de casa particular, donde un 96% son mujeres.

Desde el punto de vista salarial, la brecha entre el sueldo de varones y mujeres jefes de hogar es amplia: se calcula que en el caso de las mujeres se trata de un promedio cercano a los $270 mil, casi 80 mil pesos menos que el promedio de los varones. Por otro lado, según cifras de la encuesta CASEN 2011, los hogares bajo jefatura femenina alcanzan un 39% y el 55% de ellos está en situación de pobreza o extrema pobreza.

Respecto de la subcontratación, sabemos que ésta comenzó en dictadura, como parte de las políticas económicas, sociales y laborales que se impulsó en aquellos años, que instaló el modelo neoliberal, la reconversión productiva, el plan laboral Piñera para desarticular y atomizar los sindicatos, entre otras cosas. Esta fue creciendo en el tiempo ya que permite aumentar las tasas de ganancia de las empresas mediante la tercerización o externalización. Las cifras son variables, pero se calcula que al menos un 12% de los empleos son bajo esta modalidad, incrementándose progresivamente, sin embargo otros estudios señalan que esta cifra es mucho más alta, pudiendo alcanzar a un 20% o más de las y los trabajadores. Además, la Encuesta ENCLA 2011 indica que un tercio al menos de las empresas del país utiliza la subcontratación.

Durante el gobierno de Piñera, de los 800 mil puestos de trabajo creados el 45% correspondió a esta modalidad.

Algunas de las desigualdades que se evidencian, es que los trabajadores con contrato ganan un 27% más por hora que los y las subcontratados. Además de esto, las y los trabajadores que están en la modalidad del subcontrato enfrentan una alta precariedad, ya que los contratos suelen durar un par de meses, con altas dificultades para sindicalizarse y acceder a derechos como la negociación colectiva. Algunos estudios indican que esta externalización del empleo busca sobre todo minimizar costos para las empresas como la seguridad laboral o social.

Las investigadoras Ximena Valdés y Loreto Rebolledo señalan que los empleos más precarios están en la agricultura y pesca, la primera de ellas con una fuerte presencia femenna, “En ambos casos encontramos a lo menos dos situaciones: el doble salario de la pareja y una franja significativa de mujeres cabezas de familia que están compelidas a construirse el salario de las más variadas formas: alargando la jornada laboral, migrando para extender los tiempos de asalarización y construyendo arreglos familiares y laborales que les permitan la reproducción de sus familias. En ambas situaciones el lazo conyugal y de pareja se muestra frágil y cambiante. Las familias encabezadas por mujeres superan en estos sectores a la minería ya sea como jefas de hogar o de núcleo al interior del hogar principal” (Familias y trabajos en el neoliberalismo. Trabajadores y trabajadoras en la uva, el salmón y el cobre. Ximena Valdés y Loreto Rebolledo).

Encuesta sobre uso del tiempo

En 2009 el Instituto Nacional de Estadística (INE) realizó una Encuesta exploratoria sobre el uso del tiempo, que arrojó datos como que “el 77,8% de las mujeres destinan 3,9 horas para realizar trabajo doméstico no remunerado entre lunes y viernes y un 31,8%, unas 2,6 horas para el cuidado de personas en el hogar”, por otro lado, el estudio indicó que “En el caso del cuidado de miembros del hogar, sólo 9,2% de los hombres dedica tiempo para ello, a diferencia del 35,9% de las mujeres”.

A esto se suman otros temas como el cuidado de los hijos, llevarlos al médico o al colegio, acompañarlos a distintas actividades, etc. las que también son básicamente realizadas por mujeres. Al preguntarse a las mujeres porque no trabajan, entendiendo que un 36% y más de las mujeres está inactiva por razones familiares permanentes, es decir una cifra que alcanza casi a 1,4 millones de mujeres, éstas señalaron que se debe al “el cuidado de los hijos, los quehaceres del hogar, el cuidado del enfermo y del adulto mayor de la familia” (Encuesta Nacional de Empleo, INE Julio-Septiembre 2013), algo similar señala la II Encuesta de Comunidad Mujer sobre trabajo femenino, que indica “en promedio las entrevistadas que se encuentran inactivas en lo laboral señalan: necesidad de apoyo en materia de cuidado de niños y niñas (43%); falta de soporte en cuando al cuidado de adultos dependientes (5%), enfermedad propia (11%); quehaceres del hogar y cuidado del hogar (15%); estudiante, jubilada o tiene otros ingresos (13%) y otras razones (13,4%)”.

La participación femenina en el trabajo asalariado aun es baja y debe enfrentar múltiples problemas como los bajos salarios, precariedad, doble carga laboral. Por otro parte, viene aumentando el empleo en la modalidad de subcontratación, lo que implica un empleo de mala calidad, persecución sindical, abusos laborales. Además, el machismo y sexismo son cotidianos, no solo en el tipo de empleos (diferencias de género), la brecha salarial, la doble carga del trabajo asalariado y en el hogar, el acoso sexual y otros problemas.

Hace pocas semanas atrás, los estudiantes de Derecho de la Universidad de Chile realizaron una toma en solidaridad con dos trabajadoras del aseo despedidas por su empleador, un contratista. Lograron no solo que fueran reincorporadas como trabajadoras de la Universidad sino también que de acá a fin de año, se termina con la subcontratación y estas trabajadoras y trabajadores pasen a ser parte de la Universidad. Sería importante que esta experiencia pudiera extenderse a todas las universidades del país, dando cuenta de la necesidad de la lucha unificada entre distintos sectores, en este caso trabajadoras y estudiantes, sino también para terminar con el trabajo precario y subcontratado, que afecta especialmente a las mujeres.