El fútbol no se le niega a nadie, es el deporte más popular del mundo que arranca simultáneamente las más preciosas alegrías y las más profundas tristezas de todo ser humano. Sin embargo, en Irán el fútbol fue vetado para más de la mitad de la población: las mujeres.
Viernes 11 de octubre de 2019 13:42
Irán se enfrentó este jueves en un amistoso contra Camboya, fue presenciado por 4.500 mujeres en el estadio construido por el Sáh Reza Pahlavi, al que nombró simbólicamente Azadi, cuyo significado es "Libertad". El Gobierno iraní accedió al pedido de la FIFA de permitir ingresar a las mujeres a los estadios luego de 40 años. ¿Por qué? En este artículo haremos un recorrido por la lucha de resistencia de las mujeres iraníes de los ultimos 40 años.
La era del Sáh
Irán estuvo gobernada durante 2.500 años por monarquías. La última fue la dinastía de los Pahlavi, que supo tejer buenas relaciones con el imperialismo británico, y luego de la Segunda Guerra Mundial con el norteamericano, apoyada en un extendido aparato militar y un servicio de inteligencia poderoso, la SAVAK. De esta manera, se ubicaban como una potencia regional financiada por la extracción del petróleo y gas del Golfo Pérsico. En 1951, el primer ministro, Mohamad Mossadegh, líder del Frente Nacional, con el apoyo de las masas logra nacionalizar el petróleo y poner en jaque a la dinastía Pahlavi. Mossadegh es "víctima" del primer golpe de Estado organizado por la CIA en 1953 junto a clérigos y sectores pro-dinásticos.
Pahlavi, que había escapado al extranjero, retorna a Irán con mano dura, pero paradógicamente también traía un paquete de reformas para calmar a las masas. Entre ellas se encontraban el voto femenino, la participación de las mujeres en el parlamento, la Ley de Protección Familiar que permitía entre otras cuestiones el divorcio o limitar la poligamia. Incluso desde 1936 la educación en Teherán era pública, admitiendo a hombres y mujeres, lo que daba un soporte intelectual abriendo el juego a un extendido movimiento de mujeres que formaban parte de la clase obrera.
Si bien, el Sáh da rumbo a una “modernización”, en términos occidentales del país, ampliando derechos civiles y democráticos, implantó un régimen más opresivo con la oposición política. Para 1978 las huelgas comenzaron a ser masivas contra la abrumadora crisis económica. La represión a la inminente resurrección popular dejaba cientos de muertos. Se iba gestando la revolución que traía de la mano un fuerte desarrollo de los distintos partidos aunque descabezados previamente. Entre ellos el TUDEH (el partido comunista de Irán) el más grande del Medio Oriente, organizaciones guerrilleras y el Frente Nacional.
Sin embargo, frente a la debilidad por la persecución de décadas del resto de las organizaciones, comenzó a tener peso el partido del líder religioso islamista Khomeini que se encontraba exiliado en París. Su retórica anti imperialista y anti monárquica, que combinaba con un profundo contenido religioso chiíta que empalmaba con la identidad nacional de la gran mayoría de la población, logró hegemonizar el proceso. En aquel, hubo organismos de organización de masas, los Shoras (organización de tipo soviética) en los que participaban las mujeres, que si bien ya contaba con una larga trayectoria, fue un trampolín a una politización generalizada que será difícil de revertir.
El Sáh de Persia, huye en enero, mientras el mando del país queda en las manos del ejército y el primer ministro Bakhtiar. Khomeini desembarca en Irán el 2 de febrero, el 4 establece el gobierno alternativo. El ejercito se mantiene neutral, con lo cuál queda allanado el camino para los islamistas quienes sellan un pacto de sangre con los nacionalistas religiosos. Las masas iraníes hacen una lectura de que se estaba gestando un proceso de democratización sin precedentes que les traerá grandes sorpresas.
La era de la Revolución Islámica
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, más de 100.000 mujeres marcharon por las calles de Teherán para protestar contra la imposición del velo. Son sorprendidas por la represión de matones enviados por el nuevo gobierno, lo que adelantaría lo que vendría en los próximos meses. Khomeini, que se erigió como Líder Supremo, junto a la joven teocracia de la República Islamica de Irán, comenzarán a implementar un curioso régimen que combina la “democracia” con la versión más radical del islam chiíta. Lo primero que harán es desmantelar todos los derechos conquistados por las mujeres en pocos meses.
De un momento a otro, las mujeres, serían consideradas “ciudadanos de segunda”. Con la guerra Irak-Irán, Khomeini llama a las mujeres a ser “buenas esposas” para que sostengan a sus maridos en el esfuerzo bélico que asentaba el nacionalismo y al régimen. Serían expulsadas de ámbito público a menos que estén acompañadas de un familiar varón, segregadas en los colegios y universidades, desplazadas de los cargos políticos, no podrían ni manejar autos, ni disfrutar de un espectáculo artístico. El nuevo régimen se metería mucho más en la vida cotidiana que el megalómano Pahlavi: el alcohol y las fiestas que mezclen hombres y mujeres serán prohibidos.
Los colores se opacarán con mantos negros, las muñecas y tobillos serán un vago recuerdo, y las sonrisas serían borradas por ley. El régimen podría encarcelar y ejecutar a quién sospeche de cualquier práctica por fuera de “su” interpretación de la shari’a (“el camino” que se interpreta de distintas maneras, incluso existe una versión feminista). Para las mujeres la lapidación sería la medida más brutal en caso de adulterio. Los derechos humanos ya no existirían para las mujeres.
A pesar del nuevo infierno, comenzaron a recuperar fuerzas gracias a toda la experiencia anterior. En principio volvieron a los espacios públicos. La modernización de Teherán y las necesidades propias del país, generaron las condiciones para que las mujeres consigan la vuelta a la universidad: hoy alcanzan más del 60% de los alumnos. También ingresaron en forma masiva al mercado laboral.
Políticamente, el panorama parece favorecedor: nunca se les negó el voto y tienen participación parlamentaria. Sin embargo, esto no fue una condición suficiente para avanzar profundamente en la conquista de derechos. El régimen ha permitido selectivamente qué mujeres acceden a algunos derechos; una selección de clase social que se desparrama en todo el país.
De esta forma, el patriarcado, en su "versión islamista", descarga sobre los cuerpos de las mujeres, sobre todo de la clase trabajadora y pobre, toda su violencia: arbitra sus vidas y sus cuerpos con humillación, tortura, encarcelamientos y lapidaciones. Para enfrentarlo, las iraníes que viven esa cotidianeidad se han hecho con distintas estrategias de resistencia, que podemos decir “subersiva”.
Una práctica común fue el quitarse los velos en lugares públicos de mayor tránsito, enfrentando décadas de prisión y latigazos. En lo últimos se vieron las campañas que exigían igualdad ante la ley impulsada centralmente por mujeres jóvenes. Tan potente es la férrea pelea por re-conquistar sus derechos y rebelarse contra las prohibiciones y la represión del régimen de los ayatollahs que ha caracterizado la forma de sus luchas.
Al no tener permitido entrar a los estadios de fútbol, muchas mujeres intentaron en el último tiempo hacerlo disfrazadas. Una de las tácticas que utilizan para saciar la pasión futbolera. El caso de “la chica de azul”, una joven que se inmoló al ser descubierta disfrazada con la camiseta de esos colores de su equipo cuando trataba de ingresar al estadio, conmovió al mundo. De esta manera diversas organizaciones presionaron a la FIFA para que trate el tema de Irán. Tras las amenazas frente a la participación de la próxima Copa del Mundo del 2022, el gobierno iraní cedió permitiendo el ingreso a los estadios. La primera vez en 40 años fue al partido Irán- Camboya.
Tras el suicidio de Sahar, "La chica de azul", se designó una comisión específica para Irán, para pedirle a las autoridades que abran los estadios a las mujeres. Sobre todo, ante los próximos partidos para calificar a la Copa del Mundo de 2022, que se llevará a cabo en Qatar.
Aunque lo parezca, no se trata de un logro menor. La resistencia histórica de las mujeres iraníes como uno de los movimientos más dinámicos de la región, es un ancla importantísima en un momento en que el régimen se enfrenta a una dura crisis económica por el bloqueo norteamericano y las tensiones geopolíticas con Arabia Saudita. Internamente hay una juventud explosiva que puso en jaque al Gobierno en 2018 y que observa lo que sucede con las movilizaciones en Irak.
Las mujeres iraníes como en muchos de los países del Medio Oriente y Norte de África, muestran que se ponen de pie, como lo hacen millones de mujeres en todo el mundo para pelear por sus derechos.