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OPINIÓN. Murió Fidel Castro y pienso en la revolución

Algunos pensamientos a propósito de la muerte de Fidel sobre la revolución y las nuevas generaciones.

Jesica Calcagno

Jesica Calcagno @Jesi_mc

Miércoles 30 de noviembre de 2016

Murió Fidel Castro. Me hermana el dolor del pueblo cubano que defiende sus conquistas revolucionarias, que tanto les han costado y hoy están en una encrucijada porque se han ido minando abriendo las puertas al capital extranjero. Se fue una de las grandes figuras del siglo XX. Un verdadero símbolo de la revolución, de las últimas triunfantes que expropió a la burguesía y los terratenientes. La que se mantuvo viva, con todas sus contradicciones, fuente de inspiración para las generaciones que no conocimos otra experiencia viviente y palpable de que otro mundo es no sólo posible sino necesario. Ese símbolo es el que enoja a los Trump y gusanos que hoy festejan la muerte de Fidel, ellos temen la revolución.

La generación de quienes nos criamos sobre las ruinas del muro de Berlín y la caída de la URSS, tenemos dos marcas. Una, la de un mundo capitalista que se expandió luego del `89 de la mano del neoliberalismo, queriendo hacer una amalgama de stalinismo y socialismo, de la revolución una página oscura de la historia para el olvido, y del individualismo una apología. Otra, cuando vinieron quienes tuvieron que reconstruir la legitimidad de un capitalismo cuestionado por el desastre neoliberal de desocupación, pobreza y miseria, que arrojó a las masas a levantamientos y jornadas revolucionarias como el 2001 en Argentina.

Chávez, Evo Morales, Kirchner, Lula, cada uno a su manera, asumió la tarea de recomponer el capitalismo en América Latina, no sólo con algunas medidas económicas, también diciéndonos que “ese” era el cambio posible. Algunos incluso pregonando el “socialismo del siglo XXI”. Fidel Castro apoyó y acompañó estos gobiernos posneoliberales, de la mano de introducir nuevas medidas regresivas en la propia Cuba: mayor control de sectores no estatales en la economía, apertura a capitales extranjeros, llegando a la reciente visita de Obama a la isla. Se volvía a hablar de socialismo… sin revolución. Se volvía a hablar de militancia política… para decirnos que no había que cambiar el mundo, sino apoyar las transformaciones posibles desde adentro del Estado. Vale recordar las propias palabras del Che, “revolución socialista o caricatura de revolución” cuestionando a quienes confiaban en las burguesías autóctonas. Nos quisieron hacer creer que un mundo sin explotadores ni explotados era algo del pasado, que no funcionó, una utopía para la modernidad.

Murió Fidel Castro, y pienso en la revolución. En las conquistas que necesitamos defender de Cuba, y que el régimen político que él sostuvo ha sido una gran traba histórica, defendiendo privilegios para unos pocos, con decisiones tomadas por un puñado por encima de los que viven en carne propia la defensa de las conquistas revolucionarias. Pienso que las revoluciones las hacen las masas, y que la construcción del socialismo debe ser su propia obra consciente, que no hay socialismo sin los trabajadores y el pueblo pobre tomando las riendas de su destino. Pienso en la revolución socialista, que es nacional en su forma pero que si no traspasa las fronteras internacionales no podrá superar un capitalismo de barbarie que es mundial y globalizado.

La revolución es permanente, nos legó Trotsky. Y en los inicios del siglo XXI, es nuestra generación la que está llamada a volver a hablar de revolución socialista, permanente, y no de su caricatura. Como dijo el poeta Luis Franco alguna vez “la vida es breve y la guerra es larga, sabes que somos un vaivén en marcha entre la conservación y la invención”, apelando(nos) a vivir una vida que valga la pena. Nuestra generación está llamada a cambiar el mundo, empezando por poner en debate cómo defender las conquistas de la revolución cubana, retomando las mejores lecciones del trotskismo que más ha avanzado en hacer y pensar la construcción del socialismo, combatiendo al stalinismo. Está llamada a construir, sobre esas bases, nuevos legados revolucionarios para este siglo, esa álgebra entre conservación e invención. De lo contrario será más barbarie en todo el mundo.

“Que no hay nada eterno sobre la tierra y que la sociedad está construida con materiales plásticos” escribió Trotsky en La revolución traicionada. La verdadera libertad sólo será nuestra obra consciente. ¿Por qué pieza vas a empezar?


Jesica Calcagno

Nació en Buenos Aires en 1984. Licenciada y profesora en Sociología (UBA). Acreditada en el Congreso.

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