
Diego De Angelis @DieDeAngelis
Domingo 23 de abril de 2017
El jueves, un día después del tumultuoso comienzo del 19° Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires –recordemos: una enorme cantidad de personas del sector audiovisual se concentró frente al cine Gaumont en defensa de las fuentes de financiación del cine argentino, recientemente amenazadas por el Gobierno-, se realizó uno de los eventos tal vez más esperados de esta nueva edición: la charla abierta al público del gran director italiano Nanni Moretti.
Autor de films inolvidables como Palombella Rossa (1989), Caro Diario (1983) y Mía Madre (2015), su notable última película, Moretti es uno de los directores más influyentes del cine contemporáneo. Su presencia en el Festival –el primer BAFICI ya le había dedicado una retrospectiva en 1999, ahora le dedica otra casi completa– produjo desde su anuncio un entusiasmo inmediato. Acaso Moretti sea uno de los pocos directores que cuenta en la Argentina con un público fiel y, sobre todo, deseoso por evidenciar su afecto. Como era de esperar, las entradas para asistir a la charla tardaron pocos minutos en agotarse. Ni bien Porta Fouz –moderador de la charla, director artístico del Festival- lo presentó, el público respondió con un fuerte y caluroso aplauso. Cariño que Moretti intentó corresponder, a veces no sin esfuerzo, pues ya es conocida su reputación de hombre de pocas palabras y mal humor inminente. Dispuesto desde el principio a escuchar las preguntas del público, precisó sin embargo una advertencia precautoria y definió así la dinámica del encuentro: “Domande, no conferenza”, exigió con voz grave y pausada. Y el público, como en cada una de sus ocurrencias, aplaudió con fervor.
La charla arrancó con una serie de preguntas de Porta Fouz sobre aspectos significativos de la trayectoria de Moretti. Un recorrido por su filmografía. Para empezar, sobre el inesperado éxito de su primera película, Io sono un autarchico (1976). Ópera prima que se convirtió rápidamente en un verdadero suceso, en un acontecimiento cultural difícil de observar en la actualidad. “Fue un film exitoso, pero dentro de un círculo más bien pequeño de espectadores. El propietario del cine-club me quería dar solo un día para pasar la película, pude convencerlo de que sean dos. Me preguntó si tenía parientes y amigos que puedan llenar la sala. Finalmente estuvo muchos meses en cartelera. He tenido un comienzo muy afortunado”, reconoció Moretti. Para el director de Aprile filmar en esa época era muy dificultoso, mucho más que ahora, con las posibilidades que ofrece el formato digital: “No solo era difícil hacer cine, sino también era complicado exhibirlo. Yo llevaba siempre a todos lados mi proyector, mi amplificador y mi película. Pienso que hoy es mucho más fácil, desde el punto de vista técnico, logístico y organizativo”, afirmó. Porta Fouz le preguntó por la importancia del cine en su vida. Siempre lacónico, reservado aunque puntual, Moretti reconoció no haber tenido una infancia cinéfila. No obstante su experiencia como espectador ha sido y todavía es determinante: “Mis emociones como espectador han influido y todavía influyen en mis decisiones como director”. Ante la pregunta por sus próximos films, el director manifestó: “Hace muchos años pensaba que era algo natural que yo tuviera que escribir, dirigir y actuar en una película. Ahora pienso que no. Podría darse entonces que en los próximos años yo no actuara en mis películas o que incluso dirigiera películas escritas por otros, cosa que antes me parecía impensable”.
Luego comenzaron las preguntas del público, la mayoría seguidores consecuentes, conocedores profundos de su filmografía. Graciosas anécdotas de su carrera, breves pero fatigosos intentos de explicar su obra -hasta cuándo debería pedírsele a un director que explique sus films- y definiciones precisas sobre su forma de trabajar fueron los tópicos que delinearon una conversación amable, divertida en algunos tramos, un poco deslucida en otros. Le preguntaron por sus películas preferidas, los directores que lo marcaron: “Como espectador y como director me siento muy cercano, muy vinculado, al cine de autor de los años sesenta. Era un cine que rechazaba tanto la herencia de un determinado estilo cinematográfico, como también la sociedad que lo había producido. Cada uno con su propio estilo, eran directores que imaginaban un nuevo cine y una nueva sociedad. En Italia, estoy hablando de los primeros films de Bellocchio, Bertolucci, Pasolini, Taviani, Ferreri, la Nouvelle vague en Francia, el Free cinema en Inglaterra, los primeros films de Polanski”, puntualizó despacio, atento a la traducción estricta de sus palabras.
Fueron las preguntas por la forma de trabajo las que despertaron en el director una inesperada necesidad de elocuencia, de expansión expresiva. Como si fuera la realización cinematográfica concreta la materia hacia donde debería orientarse la curiosidad del público entendido. En un determinado momento, Moretti terminó por confesarlo: “Más pasa el tiempo, más me gusta mi trabajo, pero menos me gusta explicarlo. Puedo explicar el cómo de una escena,pero no puedo explicar el por qué”.
Cómo nace una película de Nanni Moretti, cómo es su proceso de escritura, cómo ha cambiado a través del tiempo: “En el proceso de escritura no soy metódico. Acumulo lentamente. Tengo un sentimiento, en relación conmigo, en relación con los otros. Después van apareciendo escenas, diálogos, personajes. La escritura es un poco irregular. A veces llegan primero como fragmentos de un guion cuando todavía no está definido el tema. En todos los films que he realizado, la mitad los he escrito solo, la otra en colaboración. Al principio me parecía natural escribir en soledad. Caro Diario, Palombella Rossa y Aprile tenían un trabajo muy personal en la forma de contarlo y por lo tanto sentía que tenía que escribirlo yo. Pero ahora disfruto mucho escribiendo con otras personas”. También le consultaron por la situación de rodaje, si le daba lugar a la improvisación:“En los primeros films, hace muchos años, no le daba ningún espacio a la improvisación. Ahora me siento mucho más cercano a los actores, más solidario en relación con ellos. Recibo con mucho placer sus improvisaciones o sugerencias, como por ejemplo con Turturro en Mia madre. Repito: al principio, no. Era muy rígido. Después, afortunadamente, la situación ha cambiado”, contestó el director italiano.
Inesperadamente, cuando parecía que la charla estaba llegando a su fin, Moretti se empezó a mostrar con mayor predisposición. Incluso les preguntó a todos los asistentes si estaban cansados. La respuesta por supuesto fue negativa. Y entonces continuaron las preguntas sobre su cine, pero también sobre el cine que veía, acerca de las razones que lo motivaban a ir al cine en la actualidad:“Más que nada sorprenderme. Es lo que en definitiva me impulsa a la hora de salir de casa para ir a ver una película. Sorprenderme con el personaje, con un estilo, con un tono. Como espectador me considero bastante generoso, en el sentido que me pueden llegar a gustar películas que aunque no sean extremadamente innovadoras, tienen un buen guion. Ola actuación es buena. Aunque tenga la sensación de haberla visto cientos de veces. Las últimas películas que me han impactado fueron Neruda, de Pablo Larraín, Manchester by the sea, de Lonergan, Patterson, de Jarmusch, Bacalaureat, del director rumano Cristian Mungiu”.
Le pidieron también consejos para aquellos directores que recién comenzaban su carrera: “Ver films, incluso películas malas. Leer narrativa, pero solo buena. Libros malos es inútil. Y probar. Experimentar. Equivocarse. Mi consejo es formarse un espíritu crítico propio. Para un director que recién comienza no es tan importante saber lo que quiere, sino lo que no quiere. Que es lo que no quiere de la actuación de un actor, lo que no quiere de un director de fotografía, de un escenógrafo o vestuarista. Mi consejo es tener las antenas bien desarrolladas en contra de las soluciones convencionales”, precisó Moretti. Y agregó:“También me parece importante no trabajar solos, sino juntarse con un grupo de personas. Generar un equipo de trabajo, no aislarse. Y después hacer, hacer, hacer. Y no hacerse la víctima. No victimizarse, no agarrarse contra la Industria, contra el Sistema y sentirse incomprendido. El victimismo es una cosa insoportable”.
En plan de aprovechar el buen humor que invadía al director italiano, le preguntaron acerca de la relaciónentre el cine y la política: “Yo nunca pensé que el cine tuviera que cambiar el mundo, pero síque puedetransmitir emociones al espectador y seguir “trabajando” en él durante un tiempo. A mí como espectador me gustan aquellos films que continúan viviendo en mí después de verlos”, contestó Moretti.
Envalentonado por sus palabras, arremetió contra el comportamiento pretensioso de ciertos directores: “A veces pienso que hay directores que se conforman con tener un argumento fuerte, importante, y se olvidan de hacer una buena película. Es como si estafaran al espectador. ¡Tú, espectador, no tienes que usar las viejas categorías de lo bello y lo feo, debes ver mi película porque mi película es importante! No estoy de acuerdo con esta actitud. Así como tampoco coincido con la actitud de los directores que con sus films quieren cambiar la forma de pensar de los espectadores”, sentenció.
Nanni Moretti ha realizado películas que han marcado de una forma secreta, inasequible, como suelen hacerlo las obras maestras, la vida de quien tuvo la oportunidad de verlas. Ha dedicado su vida al cine, y todavía está dispuesto a seguir: “Además de director me he transformado en productor, distribuidor y he organizado festivales y tengo mi propio cine.Pero lo hago por placer, no por deber. No es que sienta que deba llevar una misión en relación con un tipo de cine. Simplemente considero todos estos otros trabajos como un complemento natural de mi trabajo como director”, señaló por último el gran director italiano y así, casi sin darnos cuenta, se despidió.
Programación de Nani Moretti en el Festival

Diego De Angelis
Nació en Buenos Aires en 1983. Licenciado en Letras en la UBA, escribe sobre literatura y cine en diferentes medios. Programa y coordina el ciclo "Cine para lectores".