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Ecología Política. Naturaleza y economía: las bases naturales en Marx y Engels

Retomamos algunos de los aportes de los padres del socialismo científico para la comprensión de la relación entre economía y naturaleza, y su aplicación en el análisis de los fenómenos del presente.

Andrés Arnone Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (UBA)

Sábado 29 de abril de 2017 10:05

“El trabajo es, en primer lugar, un proceso entre el hombre y la naturaleza, un proceso en que el hombre media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza…La tierra es, a la par que su despensa originaria, su primer arsenal de medios de trabajo”. Karl Marx

Una de las consecuencias de la pérdida de los hilos de continuidad del legado de Marx y Engels fue la reaparición de visiones socialistas ligadas al productivismo y al antropocentrismo, desligadas de los conceptos de coevolución y restablecimiento del metabolismo humanidad-naturaleza que tomaron de los científicos de su tiempo que más los marcaron, Darwin y Liebig. Por un lado, el régimen burocrático en la URSS, que en pocas décadas dio un salto exponencial en su industrialización, así como en los “efectos colaterales” sobre el ambiente, por otro lado, el marxismo occidental que dio la espalda a todos aquellos aspectos que relacionara las ciencias sociales con las naturales. La reconstrucción de un marxismo con esa dialéctica vendrá a partir de los 70 a través las ciencias naturales, donde la concepción materialista de la naturaleza seguía viva.

Las condiciones iniciales de producción

En el trabajo de James O´Connor, Causas Naturales, encontramos compiladas algunas de las precondiciones naturales que determinan el proceso económico, escritas por Marx en El Capital y los Grundisse.

La primera de estas precondiciones descritas es la de “condiciones físicas externas”, que incluyen la “riqueza natural en medios de subsistencia”, como puede ser fuentes de alimento, agua potable, etcétera, y la “riqueza natural de instrumentos de trabajo”, como lo son los distintos minerales extraídos, la energía aprovechada de la corriente de un río, la del viento, la que se obtiene al quemar carbón, etc. Otras precondiciones iniciales de producción son las referidas a la fuerza de trabajo, llamada también “condiciones personales de producción”. Esto es, entre otras cosas, el estado de salud de los trabajadores o su capacidad para realizar una tarea. En tercer lugar están “las condiciones comunales de la producción social”, como por ejemplo los medios de transporte e infraestructuras varias.

Cuando algunas de estas precondiciones de producción se degradan, interrumpen temporalmente o se agotan para siempre, según su importancia en la “cadena de valor”, este hecho repercute en distintas grados de crisis económica. Así, en Teorías del Plusvalor Marx analizaba un tipo de crisis causada por la menor disponibilidad de materias primas: “El valor de la materia prima [...] asciende; su volumen se reduce […] Es necesario gastar más en materia prima… Los cargos fijos –interés, renta–, que se basaban en una previsión de una tasa constante de utilidad y explotación del trabajo, siguen siendo los mismos, y en parte no es posible pagarlos. Por ende se da la crisis y hay un aumento del precio del producto. Si este producto entra en las demás esferas de reproducción como un medio de producción, su aumento de precio dará por resultado la misma perturbación en la reproducción de esas esferas”.

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Uno de los factores que afecta todas las esferas de la producción y la obtención de todas las demás materias primas es la energía, y esta proviene en un 85 % de un stock decreciente de energía fósil (carbón 26 %, gas 23 %, petróleo 35 %) y esta no es fácil de reemplazar en la matriz energética actual a raíz de toda la infraestructura energética, sistemas de transporte existentes y la alta eficiencia que poseen estos en comparación a otras energías renovables actuales.

Así mismo un kilo de hierro no es igual a otro kilo de hierro: examinando los relevamientos de reservas mineras, la cada vez menor concentración de minerales es un factor que hace insostenible una economía basada en recursos no renovables, ya que se deben recurrir a los métodos de la megaminería para obtener unos pocos gramos de oro, cobre, hierro, etc. por cada tonelada de tierra removida y de miles de litros de agua contaminada para su obtención.

A lo largo de la historia la administración del excedente de energía y de los recursos naturales, bajo la forma de alimentos, minerales, y de las maquinas que multiplican el trabajo y el rendimiento de aquellos recursos, fueron unos de los factores clave para el ascenso o descenso de las civilizaciones.

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Flujos y stocks de energía y materiales

Haciendo una comparación con el cuerpo de un ser vivo individual, las distintas sociedades a lo largo de la historia no pueden sostenerse si pierden más calorías y nutrientes que las que ganan en el acto de cazar, recolectar o cosechar su comida.

El concepto de Tasa de Retorno (ganancia) Energética (TRE) intenta cuantificar el excedente o ganancia de energía en un proceso dado. Cutler Cleveland y Charles A. S. Hall , fueron unos de los primeros en sistematizar estos análisis a principios de los años 80. Esta tasa se define como el cociente entre la energía entregada por un recurso energético y la energía gastada para obtener ese mismo recurso. Cuando ese cociente llega a 1 deja de ser termodinámicamente conveniente, y si es menor a 1 se empieza gastar más de lo que se obtiene de ganancia energética. Este excedente energético, junto con el de nutrientes o materiales, es lo que determina la capacidad de crecimiento de un organismo o sociedad.

En la sociedades esclavistas y feudales, anteriores a la revolución industrial, la energía mayormente provenía de la “energía viva” o biosolar, es decir, de los flujos provenientes de la luz solar captadas por los vegetales comestibles y los bosques (biomasa), transformados luego en calorías que le permitían trabajar a esclavos, siervos, artesanos, animales de carga, etc. o leña transformada en calorías para la calefacción, cocción, fundición, etc. El carbón mineral era más dificultoso de obtener que la leña, pero quienes accedían a él podían preparar aleaciones para espadas o arados más resistentes y livianos, mientras que el petróleo se usaba apenas para iluminación, y la energía eólica o hidráulica se utilizaba para navegación a vela o molinos de granos.

La captura de esclavos o la disposición de más siervos, el alcanzar nuevos bosques, tierras fértiles para cultivos, etc. eran las variables que hacían posible aumentar la energía/trabajo “biosolar” disponible, pero si se gastaba mas energía en alimentar y equipar y movilizar soldados para mantener la fuerza laboral dominada o las líneas de suministros de alimentos y bienes eran demasiado largas y no se contaba con vías navegables, caminos, etc, la TRE empezaba a disminuir. El saldo era menor.

Si este balance entre el deber y el haber energético disminuía demasiado podía llegar a afectar el Estatus Quo de aquella comunidad primitiva, reino o república, estancándose o empezando un lento o rápido declive, frente a otros con mejores bases naturales y tecnológicas.

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El capitalismo fósil llego al mundo con el tanque lleno

El flujo de energía proveniente del sol y el ritmo de regeneración vegetal era lo que le permitió a las distintas sociedades sembrar, cosechar, fundir y forjar armas, mover sus ejércitos, levantar sus palacios, fabricar e intercambiar bienes, navegar, etc. durante miles de años. En estos tipos de sociedades basadas mayormente en energías biosolares, la Tasa de Retorno Energético se ubicaba entre 5 hasta 10 (Pedro Prieto 2013, La espinosa cuestión de la energía neta en las transiciones hacia la sostenibilidad) según los recursos, características de la sociedad y tecnología disponibles, permitiéndole un lento crecimiento en la producción con una cantidad de población que hasta el año 1800 no había superado los 1.000 millones de personas en todo el mundo.

A partir del 1800 la generalización de nuevas tecnologías permitieron aprovechar el stock de energía fósil de carbón, gas y petróleo (energía proveniente de la acumulación de materia orgánica muerta durante millones de años), liberando una cantidad de energía/trabajo híper concentrada hasta ahora no utilizada. La vuelta a la vida de ese stock de energía fósilificada permitió elevar la Tasa de Retorno (ganancia) Energética de 10 hasta 100, multiplicando el trabajo humano a niveles nunca antes vistos.

Pero, otra vez, obtener una caloría de combustibles fósiles en el siglo XIX no es lo mismo que obtenerla en el siglo XXI. Además de multiplicar la productividad, la utilización de esta “energía biosolar fosilificada” trajo una larga lista de efectos colaterales para el medioambiente como la contaminación de acuíferos, smog, el calentamiento global, mayores sequías e inundaciones, etc. sin mencionar que la energía que estos yacimientos devuelven disminuye a medida que más profundo se la debe extraer. No esta de más decir que la necesidad de crecimiento infinito del capital es incompatible con su dependencia de recursos energéticos y materiales finitos, decrecientes.

Estos cambios de calidad y cantidad en las condiciones iniciales de producción son los que expondremos en las próximas ediciones.

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