Los tres integrantes del elenco oficial salieron a criticar la medida. En todo el país la medida ya es contundente.
Lunes 25 de junio de 2018 07:20
Cuando faltaban pocas horas para que se inicie el paro nacional de este lunes, nuevamente volvieron a sonar las voces de descontento en el oficialismo nacional.
No es para menos. Tal como ya se está evidenciando, la medida de fuerza tiene una enorme masividad a pesar del desprestigio que tiene la conducción de la CGT que la convocó.
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En una entrevista con Marcelo Longobardi, en la noche de este domingo, el jefe de Gabinete Marcos Peña criticó el paro y dijo que tenía “motivaciones políticas” y no tenía “una consigna detrás”.
El funcionario recordó que la conducción de la CGT ha sido funcional a la política de ajuste. “Se han resuelto las paritarias, se han modificado normativas y se han logrado acuerdos de productividad", señaló.
La realidad es que la conducción burocrática de la central sindical ha sido una aliada esencial para la política de ajuste del gobierno nacional. Este domingo, confirmando esa política por parte de la CGT, Roberto Fernández (UTA) volvió a confirmar que no quieren jugar un papel opositor.
Quien también criticó la medida fue la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. La mandataria afirmó que “la huelga es un derecho de todos los trabajadores, pero creo que un paro no cambia, no transforma la realidad".
Sin embargo, Vidal tuvo que admitir que “muchos argentinos y bonaerenses están preocupados por lo que vivimos en el último mes". Además indicó que "obviamente ya se ha anticipado que va a haber más inflación y menos actividad".
Jorge Triaca, el ministro de Trabajo de la nación, fue otro de los que salió a atacar el paro nacional. El funcionario repitió lo que fue un lugar común de todos los gobiernos incluso los kirchneristas. Señaló que "algunos sectores sindicales están buscando aumentar las tensiones sociales, los niveles de conflicto y la inestabilidad del gobierno".
El discurso del gobierno es funcional a su política de ajuste, que se profundizará tras el acuerdo con el FMI. Es esa política la que empujó a la conducción burocrática de la CGT a una decisión que resistió largo tiempo.
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