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Red Internacional
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ZONA NORTE DEL GRAN BUENOS AIRES. Ni rico ni sabroso: en Menoyo despiden a quienes luchan contra la esclavitud y la miseria

La conocida fábrica de aderezos, vinagres y especias despidió durante la semana a dos trabajadores, cifra que podría crecer con el correr de los días.

Jueves 4 de febrero de 2016

Menoyo es una empresa de capitales nacionales. Durante 2014 fue beneficiada con un Crédito del Bicentenario, facilitándole la suma de 7,4 millones de pesos. Así pudo incrementar de forma gigantesca sus exportaciones, por las que ganó durante ese año 1,25 millones de dólares, suma que representa apenas el 7 % de su facturación total.

En la página del Ministerio de Economia se pueden leer los términos del acuerdo y un supuesto compromiso en cuanto a la creación de nuevos puestos de trabajo. Cuestión que fue desmentida por los despidos de esta semana.

Los trabajadores echados denuncian que si bien formalmente sus despidos son “sin causa”, se trata en realidad de una acción persecutoria contra quienes llevan adelante reclamos por las condiciones de esclavitud y la miseria salarial.

La situación creciente de la empresa no ha dado ninguna mejoría para sus empleados. El salario promedio oscila entre los 2.500 y 3000 pesos por quincena.

“En Menoyo no hay comedor y la gente come tirada en la vereda, si tenés sed te dan de tomar agua de una manguera”, denunció uno de los despedidos. “Te obligan a trabajar 24 horas seguidas, varias veces durante la semana”, agregó.

Los trabajadores denuncian, además, que la elaboración de alimentos como la mayonesa se realiza sin la refrigeración adecuada (inclusive durante el fuerte calor del verano) lo que constituye un riesgo para los consumidores.

Para mantener esta situación controlada la empresa tiene una política de vigilancia sobre cada uno de los trabajadores, quienes son filmados permanentemente en sus puestos de trabajo. A raíz del creciente malestar entre el personal, el dueño de la fábrica, Lucas Menoyo (nieto del fundador) se dedicó personalmente a intimidar uno por uno a los operarios, exigiendo que cada uno le muestre su celular para ver con quién habla y amenazando con despedir a todo aquel que se le oponga.