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Red Internacional
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OPINIÓN. Ninguna democratización, Clarín

Brenda Hamilton

Brenda Hamilton Profesora de Historia (UBA). Integrante del Comité Editorial del suplemento Armas de la Crítica.

Lunes 24 de julio de 2017

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Clarín publicó una nota en la que dice que la mitad de los alumnos en la UBA son la primera generación universitaria de sus familias, lo cual sería una prueba de la “democratización” de la institución y de la educación pública. El aumento de la cantidad de inscriptos de esos sectores, para el diario, es la evidencia de que la educación superior dejó de ser exclusiva para una elite. Lo que no puede evitar mencionar es que el gran desafío de todos los que ingresan es el egreso en las univesridades (solo uno de cada cuatro se reciben), pero da una explicación académica, por fuera de la realidad de la juventud.

Los que estudiamos todos los dias en la UBA vemos como se caen a pedazos no solo los edifcios donde cursamos sino tambien el relato de que estudiar en la universidad publica es gratuito. Ojalá lo fuese, porque así podrían entrar a estudiar millones de hijos de trabajadores que ni siquiera sueñan con la posibilidad de estudiar una carrera, para que por fin el acceso y permanencia pueda ser una realidad y no una excepcionalidad que lleva a que medios como Clarín lo titulen entre sus novedades.

Detrás del discurso de que el "esfuerzo" y la “meritocracia” son las únicas vías para recibirse, estos medios intentan ocultar el “pequeño” gran detalle que implican para un jóven los altos costos de estudiar en la universidad, mientras la realidad nos muestra que cada vez son menos los que pueden afrontarlos para llegar con exito al final de la carrera.

Esfuerzo hacemos todos, y mucho. Pero no se puede obviar que la mayoria de los jóvenes tenemos trabajos precarios, que laburamos en en call centers que te queman la cabeza, en oficinas que te chupan la energia o en algun lugar de comidas rapidas que, si no te mata con los turnos rotativos, te complica para cursar alguna que otra materia. También están los que, directamente, no consiguen trabajo, y entonces no pueden costearse los estudios.

Por otro lado, este articulo menciona a ONGs y fundaciones que ayudan a que algunos jóvenes de los sectores más humildes puedan terminar sus estudios. Pero esos casos probablemente sean contados con los dedos de la mano. Desde el Frente de Izquierda venimos haciendo un planteo claro: si se dejara de financiar, por ejemplo, a la iglesia católica, se podrían garantizar miles de becas integrales para que cualquier jóven que quiera estudiar pueda tener acceso a hacerlo.

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Estas becas, que tendrían que ser del valor de media canasta familiar, pueden ser un apoyo para todos esos jóvenes, para que no tengan que trabajar doce horas en una fábrica o para que puedan mantener sus estudios si no consiguen trabajo.

En esta sociedad, lo que importa son las ganancias de los empresarios. Nosotros peleamos por una sociedad donde lo central sea la vida, el acceso a la cultura, la educación, la salud y el esparcimiento para la juventud. Por eso, además de las becas, proponemos la reducción de la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana y sin reducción salarial, para repartir las horas de trabajo y que nadie se quede en la calle.


Brenda Hamilton

Profesora de historia (UBA). Miembro del comité editorial del suplemento Armas de la Crítica.

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