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Red Internacional
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MARCA BARCELONA. No es el turismo, es el capitalismo

Últimamente hay un gran debate acerca del turismo que se ha situado entre la principal preocupación entre los barceloneses por encima del paro.

Pere Ametller @pereametller

Jueves 6 de julio de 2017

Foto: EFE

Desde las Olimpiadas de 1992 Barcelona se ha convertido en un gran polo de atracción turística. Lo sucesivos gobiernos del PSC e ICV-EUiA se encargaron de crear y explotar la "marca barcelona". Después de la reconversión industrial llevada acabo en los 80 por Felipe González, se trataba de convertir una ciudad con un pasado de lucha obrera aún reciente, en una ciudad cosmopolita e integrada en el sector servicios. Para ello numerosas reformas urbanísticas borraron el pasado de la ciudad para hacerla más atractiva a las inversiones de los grandes capitalistas del sector. Así, la ciudad se ha convertido en una gran espacio para llevar acabo negocios como congresos, restaurantes, ferias, pubs y hoteles. Barcelona, como tantas otras ciudades ha pasado de ser un gran centro industrial a estar totalmente dominada por el sector servicios.

En realidad no tiene nada de sorprendente esta transformación. La gobalización del capitalismo ha trasladado una gran parte de la industria a otros países. La cuestión es que este cambio de los tipos de puestos de trabajo vino precedida de una derrota del movimiento obrero en la Transición y primeros gobiernos de la democracia, que fue acompañada de una ofensiva ideológica posmoderna contra la la idea de la clase trabajadora como sujeto político revolucionario.

Todo ello nos ha llevado a que los trabajadores de la hostelería, como los de otros muchos de los servicios que sustituyeron a la industria, padezcan unas condiciones laborables nefastas. Y este es unos de los principales males de la ciudad “turística”, pero no es a causa del turismo, sino del capitalismo. Cuando nos dicen que no se puede atacar al turismo porque deja no se cuantos millones a la ciudad, todos nos preguntamos donde los deja, porque nosotros no vemos ni un euro. 

Ahí radica el problema: los beneficios que aporta el turismo se privatizan y las consecuencias negativas son públicas. Así los empresarios hoteleros o el Mobile World Congres, por ejemplo, se encuentran una ciudad hecha a medida y además la posibilidad de tener mano de obra barata. Pero esto está empezando a ser cada vez más cuestionado por trabajadores del sector, como muestra las luchas de las Kellys o de los repartidores de Deliveroo. Dos casos que demuestran que también en la hostelría se puede plantar cara a la patronal.

Otro de los grandes males que se achaca al turismo es la subida de los precios de la vivienda a causa de los pisos turísticos. Si bien es cierta esta subida, el causante es la propiedad privada de estos pisos, y su acumulación en un puñado de grandes tenedore, y no el turismo en sí. Es la búsqueda del beneficio privado el que hace subir los precios. Si la vivienda fuera publica se podrían fijar unos precios de los alquileres adecuados al poder adquisitivo de la clase trabajadora. Lo mismo que si los hoteles y restaurantes estuvieran nacionalizados bajo control de los trabajadores, el beneficio seria público en vez de privado, pudiendo subir los salarios y reducir la jornada a la vez. Es decir, bajar el paro y aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores con el mismo nivel de turismo, algo que todos los opinadores oficiales niegan que sea posible.

Además, ello permitiría tener un poder real sobre el urbanismo de la ciudad, evitando la gentrificación, que modela los barrios al gusto del capital y convierte las ciudades en un sitio cada vez más artificial y carente de vida. También permitiría evitar la masificación turística y reinvertir los beneficios del turismo en otros sectores de la economía.

Como en todos los males creados por el capitalismo, cuando llegan a ser tan grandes que están en boca de todos, los medios de comunicación tratan siempre de tergiversar el debate. En este caso pretenden que el problema son los turistas borrachos o algunos desalmados que alquilan un piso y lo realquilan por Airbnb a turistas. Ponen el acento en algunas consecuencias negativas llamativas del turismo en manos del capitalismo para no señalar nunca al capitalismo mismo.