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Red Internacional
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Opinión. ¿No es legítimo exigir un #SalarioIgualCanastaBásica y que se indexe mensualmente según la inflación?

Para el Gobierno, los empresarios e incluso algunos burócratas sindicales, el que los trabajadores queramos un salario que cubra como mínimo la canasta básica familiar y que se indexe al ritmo de la inflación, es algo fuera de lugar, como si fuera una exigencia desmedida. “Insostenible”, dicen unos, “inflacionario”, “demagógico”, afirman otros. En esta nota discutimos contra eso y explicamos cómo sí es legítimo y necesario superar el miserable y humillante umbral de “lo posible” al que nos quieren seguir sometiendo.

Ángel Arias

Ángel Arias Sociólogo y trabajador del MinTrabajo @angelariaslts

Sábado 15 de octubre de 2022

Todas y todos sabemos el nivel brutal, inédito en la historia nacional, de destrucción del salario. Una cosa que se dice y a muchos en otros países les cuesta creer. ¿Salario mínimo de menos de 5 dólares al mes, de menos de 2 dólares al mes? ¡Sí, a eso hemos llegado durante varios momentos en los últimos cinco años! Con “recuperaciones” que en el mejor de los casos lo llevan por poco tiempo al equivalente a 30 US$ al mes –es decir, 1 mísero dólar por día– para luego volver a caer al foso… como de hecho sucede actualmente, con el mínimo en 16 US$ al mes, y bajando.

Más de cinco años en esa miseria, en la pobreza salarial crítica, han hecho que la exigencia de salarios y pensiones iguales a la canasta básica sea un punto básico de encuentro de la gran mayoría de las exigencias y protestas de la clase obrera. En algunos casos argumentando el artículo 91 de la Constitución, que al igual que el 98 y el 111 de la LOTTT, hablan de salarios que permitan “vivir con dignidad” y “cubrir para el trabajador, la trabajadora y su familia las necesidades materiales, sociales e intelectuales”. Si las clases dominantes y quienes gobiernan han aceptado que esas frases estén en las leyes, o las han puesto por demagogia, ¡pues que las cumplan!

Pero también se le saca punta al 91 de la Constitución en lo que refiere a la relación entre el salario y la inflación. Allí dice que se “garantizará a los trabajadores y trabajadoras del sector público y del sector privado un salario mínimo vital que será ajustado cada año, tomando como una de las referencias el costo de la canasta básica”. Por supuesto que un ajuste anual sería totalmente alejado de nuestras necesidades, pero se toma como punto de apoyo el que señale como referencia la canasta básica familiar. El desastre económico al que nos llevaron este gobierno y las clases sociales que detentan poder económico, que es el desastre del decadente capitalismo venezolano, nos llevó a padecer unas de las hiperinflaciones más altas y largas de la historia económica mundial: a finales de 2017 fue de 2.874 % y en 2018 los precios subieron un descomunal 359.908 %. Las consecuencias sociales de eso sobre la vida de las mayorías trabajadoras y pobres fueron devastadoras, trágicas. En medio de semejante realidad, ¡cómo no va a ser una necesidad elemental, de sobrevivencia, exigir que los salarios se ajusten al aumento del costo de la vida! En noviembre del año pasado (2021) aún estábamos técnicamente en hiperinflación, pues era de 1.202 % el incremento anualizado de precios, y aunque hoy ya no hay ese nivel hiperinflacionario delirante, seguimos padeciendo una altísima inflación.

Nada más en los cinco meses que corrieron desde el último aumento del salario mínimo a mitad de marzo, hasta finales de agosto, los precios aumentaron 40% según cifras oficiales del BCV. Con la enésima y dura devaluación del bolívar en agosto, en apenas una semana se depreciaron aproximadamente un tercio los salarios e ingresos en bolívares. En fin: ¡es casi a diario lo que perdemos de valor del salario! Y esos números en la realidad concreta implican mucho menos comida y medicinas que podemos comprar con el salario, implican que ya no alcance para ropa o zapatos, para los pasajes diarios o lo útiles escolares de los hijos, y un largo etcétera. Entonces, ¿cómo no va a ser lógico y legítimo que exijamos que el salario, además de cubrir la canasta básica familiar, sea ajustado o indexado a la par que aumente la inflación? ¿Es mucho pedir acaso? ¿Es exagerado no resignarse a seguir nadando en la angustia diaria de no saber si se podrá cubrir lo básico? Para algunos en las alturas sí parece ser “demasiado”.

¿Qué dicen los empresarios, el gobierno y los políticos patronales sobre esas exigencias?

Lo más deplorable de toda esta situación es que se da en el marco de un crecimiento económico –desde el profundo foso de donde se viene– que muestra realidades lujosas y resplandecientes… para unos pocos, una economía donde los numeritos aumentan y los ingresos mejoran… pero solo para una minoría, y precisamente desde esa minoría de privilegiados y explotadores nos quieren imponer que lo normal es que sigamos hundidos en donde estamos. Ojo, y cuando decimos minoría de privilegiados y explotadores hablamos de todo el arco político con relevancia nacional, oficialista y opositores, y del gobierno y los empresarios privados. Y es que una de las bases de la “recuperación económica” es la destrucción del salario y los derechos laborales; y eso es algo en lo que tienen consenso todas las fracciones económicas y políticas, viejas y nuevas, de la burguesía venezolana. A pesar de sus diferencias, tienen un gran acuerdo de clase, patronal, en ese sentido.

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Del gobierno ya sabemos la calaña de argumentos, ya sabemos que cuando aumenta el salario si acaso a 1 dólar por día hace el gran alarde como si fuera una enorme conquista y, además, casi como si hubiese que agradecerles semejante cosa. Así fue en 2018 con el paquetazo neoliberal –llamado “Plan de recuperación, crecimiento y prosperidad”– y así fue en marzo de este año. Y en su lógica burguesa esgrimen el argumento mentiroso de que los aumentos de salarios son inflacionarios y que por eso no se puede erogar mucho dinero en salarios. La realidad de todos los años previos, con una hiperinflación por la estratósfera y los salarios cayendo hasta el subsuelo desmiente rotundamente semejante intento de responsabilizar a los aumentos de salarios de la inflación. Aun así, el coordinador de la central sindical del PSUV/Gobierno, la CBST, Carlos López, cuando informó que los aguinaldos del sector público se pagarían en cuatro partes entre octubre y diciembre, dijo que era “para evitar que generen inflación”: así argumenta que recibamos salarios con pérdidas drásticas a medida que diariamente avanza, precisamente, la inflación.

Desde otros argumentos, pero también contra la clase obrera, están los políticos de la derecha y los empresarios. Así por ejemplo, a mediados de 2019 Primero Justicia propuso aumentar el salario mínimo en el sector público a 20 US$, sí, 0,66 centavos de dólar por día, y que a los tres meses llegara a 1 dólar diario, “para que el trabajador pueda comer”, según afirmaciones de José Guerra, entonces diputado de ese partido y miembro de la Comisión de Finanzas. Pasado el tiempo, en enero de este año, el mismo Guerra criticaba el salario del momento y decía, en una entrevista con El Carabobeño, que el mínimo que “por justicia social” se debería establecer en el país sería de 200 dólares… pero que eso era “imposible de asumir por el Gobierno y por la empresa privada”. Justifica así que patronos públicos y privados “no puedan”, según, garantizar un salario que seguiría siendo de lo más bajos de la región, y propone un piso de US$ 50 mensuales para la Administración Pública.

En mayo del año pasado, el pastor evangélico, empresario y ex candidato presidencial opositor, Javier Bertucci, señaló sin tapujos sobre las “Zonas Económicas Especiales” impulsadas por el Gobierno, que los capitalistas privados tenían sumo interés “porque ven la posibilidad de convertirse… en empresas que exportarían hacia todo el continente, por lo barato de la mano de obra venezolana, y por los beneficios que podrían tener en el asunto impositivo”.

Por eso decimos que esta gente es una oposición patronal, patronales igual que el gobierno, a diferencia de quienes somos oposición desde la otra acera: desde la izquierda y desde los intereses de la clase obrera; y precisamente por eso también nos enfrentamos a esa oposición, que es otro sector de la clase dominante.

A tono con eso se pronuncian los representantes de lo más concentrado del empresariado tradicional. En mayo de este año Jorge Roig, ex presidente de Fedecámaras y vocero de los capitalistas privados en los “diálogos tripartitos” auspiciados por la OIT, también se pronunció contra un salario que cubra las necesidades elementales. En entrevista en Unión Radio decía: “ahora, tienes que ver lo que significa una canasta alimentaria, que son 473 dólares al mes… no hay manera de que la empresa pague ahorita 473 dólares al mes y mucho menos el sector público, entonces tenemos que aterrizar nuestras expectativas”. O sea: trabajadores, “aterricen”, resígnense a un salario que no cubre siquiera las necesidades alimentarias.

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La más reciente muestra de esta miserabilidad patronal contra la clase trabajadora la dio la ex candidata a diputada por el chavismo y ex concejala de Baruta, tres veces presidenta de la Cámara Municipal, Georgette Topailán, quien entrevistada en Globovisión planteó como normal que el salario de un trabajo no alcance para las necesidades básicas y que por eso tengamos que tener varios trabajos a la vez y trabajar casi todas las horas del día para poder cubrir lo elemental. Según ella, que además no forma parte de la clase obrera ni vive de un salario, “siempre ha sido así” y “es así, aquí las familias tienen que trabajar”.

¿Acaso todos tienen “derecho” menos la clase trabajadora?

Que el salario cubra las necesidades fundamentales y se indexe mensualmente de acuerdo a la inflación, menos que eso no se puede exigir como clase. Que el piso del salario –y no el techo¬¬– sea el costo de la canasta básica familiar, que no es solo la canasta alimentaria sino los alimentos más otras necesidades básicas (medicinas, transporte, vestimenta, servicios básicos, etc.), y que siga el ritmo a los precios: si un mes la inflación es 6%, en ese porcentaje debe aumentarse el salario, si otro mes la inflación fue de 15%, en 15% debe aumentarse el salario. Que eso quede establecido en los contratos colectivos, actas convenios, puntos de cuenta y demás instrumentos en que se plasmen los derechos salariales.

¿Por qué no? ¿Por qué nos quieren hacer ver como “exagerado” o como casi “una locura” que la clase obrera quiera que su salario pueda cubrir cosas elementales para sobrevivir? En acuerdo con el gobierno, los empresarios tienen total libertad para ajustar constantemente sus ganancias: aumentando precios, reduciendo salarios, incumpliendo derechos laborales, recibiendo exoneración de impuestos, aumentando los ritmos de producción o las horas de trabajo manteniendo el mismo salario, etc., etc., las mil y una tienen para garantizar periódicamente su lucro y margen de ganancia. Algo similar pasa con los comerciantes: si un día sube el dólar, ahí mismo aumentan los montos en bolívares, diariamente pueden ajustar los precios si lo quieren, diariamente garantizan mantener o incluso aumentar sus ganancias. Y todo eso parece legítimo y “normal”. Claro, es la mentalidad de la sociedad capitalista, donde eso está bien, pero si son los trabajadores quienes quieren defender su nivel de vida, ¡ah, no!, ahí sí saltan toda serie de políticos patronales y “expertos” con los más duros y agresivos argumentos.

Para los aumentos de salarios existen todas las trabas del mundo, todos los argumentos posibles, cosa que no es así cuando se trata de las clases propietarias. Que si un aumento de salarios debe “consensuarse” primero… ¿y acaso a los comerciantes se les exige “llegar a consenso” con los consumidores antes de aumentar los precios?, ¿acaso a los empresarios se les impide aumentar los ritmos de trabajo, aumentar los precios y sus ganancias hasta tanto no se pongan de acuerdo con los trabajadores y el pueblo consumidor? Que hay que ver primero si un aumento de salarios “afecta la economía generando inflación”, si no “complica la rentabilidad de la empresa”, o “pone en riesgo la fuente de trabajo”. Según esa retorcida lógica, totalmente acorde con los intereses de clase patronales, pareciera que la clase trabajadora, la que produce las mercancías y hace andar los servicios, fuera la “responsable” de los problemas de la economía si exige salarios que por lo menos le den para vivir. ¡El mundo al revés!

¿Acaso los aumentos de precios no “ponen en riesgo” la economía de las familias de la clase trabajadora y los sectores populares, es decir, de la mayoría de la sociedad? ¿Acaso imponer salarios de hambre y aumentar la explotación laboral no afecta drásticamente la vida de millones de personas? Sin embargo, nada de eso impide a los capitalistas tomar decisiones para imponer sus intereses económicos como clase.

Incluso, aunque en otro nivel, porque no se trata de clases propietarias ni explotadores de trabajadores, entre el pueblo trabajador quienes chambean por cuenta propia tienen la posibilidad de echar mano del aumento de los precios de sus mercancías o de sus servicios, para defenderse de la inflación o de la depreciación del bolívar. No por casualidad, convertirse en comerciantes o trabajador por cuenta propia, o combinar esas actividades con la condición de asalariado, ha sido el camino que la mayoría de la clase trabajadora ha tenido que tomar para lograr, literalmente, sobrevivir.

En todo caso, la realidad es que todas las clases sociales del país, el país capitalista salvaje que somos hoy, es la clase trabajadora la que está en mayor desventaja para defender su nivel de vida, no puede ajustar su salario como las demás clases ajustan unilateralmente sus precios o ganancias, sino que depende de su organización y capacidad de lucha para defender su salario ante los patronos y el gobierno, y aun así salen los empresarios, políticos patronales de cualquier color y “expertos”, con su cinismo y argumentos cargados de ideología burguesa a pretender descalificar e invalidar exigencias totalmente legítimas sobre el salario.

La clase obrera no puede resignar ese derecho elemental, so pena de subordinarse totalmente y aceptar pasivamente la dominación y explotación que les impone esta sociedad de clases. Los argumentos patronales sobre que “no se puede” o son “inviables” las exigencias salariales básicas de los trabajadores, las abordaremos en otra nota en los próximos días.


Ángel Arias

Sociólogo venezolano, nacido en 1983, ex dirigente estudiantil de la UCV, militante de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y columnista de La Izquierda Diario Venezuela.

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