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Red Internacional
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No es lo mismo ser hijo de un Larraín o ser hijo de un Pérez en Chile

Represión, precariedad, violencia y criminalización golpean con un puño con carácter de clase a la juventud de nuestro país, quienes son hijos de políticos de la burguesía gozan de privilegios e impunidad policial. Quienes son hijos de nosotros los y las trabajadoras conocen bien de pellejerías y carencia.

Zikuta

Zikuta Santiago de Chile

Jueves 4 de junio de 2015

Mientras comienzo a escribir, no intento evitar sentir la rabia por el cuerpo. "Es una emoción natural", me respondo. Es porque soy madre y trabajadora también.
Frescos siguen en nuestra memoria las diferentes demostraciones de desigualdad y brechas abismales que en la vida de quienes hoy son nuestros hijos y la vida de los hijos de los Penta-Parlamentarios.

Podemos ver resoluciones tomadas por los tribunales de justicia ante el caso de Hernán Larraín -hijo de Carlos Larraín- , que nos enrostran el carácter de clase y de la violencia judicial de manera permanente. Hernán Larraín quien el 2013 atropelló y dio muerte a Hernán Canales conduciendo en estado de ebriedad hoy continua caminando con tranquilidad por las calles de nuestro país- no precisamente por las calles de la Comuna de Puente Alto o la Comuna de Maipú, evidentemente: sigue viviendo de privilegios y de impunidad judicial.

Ante esto la respuesta de tribunales: “no se pudo probar que el joven conducía en estado de ebriedad, tampoco se pudo probar que la huella en la berma de la calle hubiese sido dejada por el vehículo manejado por el hijo del ex presidente de RN”, pareciese no creerse, pero así opera la justicia defensora de los intereses de la propiedad privada, que empujando a la juventud a los sectores más golpeados y humillados y precarizados. Pues no es casualidad que sean los hijos con apellidos Pérez, Gutiérrez, Rojas quienes encarnen hoy el 14,9% de la clase trabajadora, con sueldos y condiciones laborales paupérrimas de explotación y opresión.

Propiedad privada que el presente año nos ha mostrado con escándalos la crisis que ha provocado el Caso Penta-Soquimich y Caval, que a nadie ha dejado exento, incluso el mismo hijo de la presidenta Michel Bachelet ha estado envuelto y ha sido partícipe de los casos de corrupción. Ante esto Bachelet ha comentado “como madre y Presidenta han sido momentos dolorosos", pero la vida continua para su hijo, si bien hoy fuera de un puesto de gobierno que poco y nada resuelve la crisis estructural que vive la casta política de nuestro país, y manteniendo por si fuera poco sus tres autos Lexus avaluados cada uno en más de US$60 mil dólares (más de 25 millones de pesos).

Sebastián Dávalos goza de libertad, de una acomodada vida, de una defensa legal que sigue resguardando la misma propiedad privada que su madre como presidenta fortalece, con autorizaciones y leyes que continúan golpeando y violentando a jóvenes como Rodrigo Avilés, esa misma violencia precarizadora de salud. educación y represión por la que murieron Manuel Gutiérrez, Matías Catrileo, Diego y Exequiel, hijos todos de mujeres y hombres trabajadores como yo, como las trabajadoras temporeras que estuvieron encerradas en un conteiner por el empresario Ruiz Tagle, trabajadores de la educación que hoy salen a las calles mostrando un paro a nivel nacional en unidad con estudiantes universitarios y secundarios, hijos de trabajadores y trabajadoras de Entel que continúan en huelga, de las mujeres trabajadoras manipuladoras de alimento que los últimos días demostraron que con movilización y presión en las Regiones de nuestro país podían doblar la mano a la Junaeb por mejores sueldos y mejores condiciones laborales.

Que la presidenta Bachelet nos comunique a todos que ha sentido “momentos dolorosos” honestamente, poco y nada pareciera afectarme, como madre y trabajadora también quisiera señalarle a ella, a las mujeres - esposas de quienes hoy conforman la UDI, RN, y la inagotable lista de los Penta Parlamentarios involucrados en los casos de corrupción, que sepan, que ni sus hijos, esposos y nietos debiesen seguir viviendo a costa de nuestras jornadas de trabajo, a costa de la flexibilidad laboral que la juventud hoy padece y que sigue sosteniendo este modelo de vida aun amarrados a un código laboral heredado de la Dictadura Militar de Pinochet y que la propia presidenta sosteniente con su conglomerado político entero.