En un año marcado por el despertar de miles de chilenas y chilenos, la prueba estandarizada PSU no pasa desapercibida como un sistema de selección que segrega y discrimina ¿Cuál es la salida para les estudiantes entonces?

Fernanda Iturrieta Trabajadora postal CorreosChile
Sábado 4 de enero de 2020
Se aproxima la fecha en la cual miles de estudiantes a nivel nacional tienen que rendir la Prueba de Selección Universitaria, fijada para el próximo lunes y martes del presente mes. Esto, sin duda, no ha pasado desapercibido para les estudiantes secundaries y ya hay llamados desde algunos sectores a boicotear la prueba.
El acceso irrestricto es una demanda mínima histórica del movimiento estudiantil. Para acabar con una prueba que funciona como un colador, impidiendo que los sectores de la población que no puedan acceder a preuniversitarios o a colegios y liceos con excelencia académica puedan entrar a la universidad. Es necesario que toda la fuerza que ha demostrado la juventud desde el 2006 y, particularmente, este año de revuelta, se organice en conjunto con la clase trabajadora y el pueblo que ha salido a las calles en contra de la desigualdad, los abusos y la precarización de la vida.
Se viene un año marcado por el desvío institucional de la revuelta que comenzó hace más de dos meses. En abril está el plebiscito para decidir si la convención constituyente es mixta o no. Además, en octubre el gobierno promete la elección de quienes podrán participar de esa convención. Sin embargo, esta elección dejará fuera a muchos y muchas de los estudiantes que encendieron de hecho la chispa de la revuelta y que tienen menos de 18 años, a la vez que la derecha ya aseguró, a través del ’Acuerdo por la paz’, su poder de veto de cualquier debate que pueda comprometer sus negocios e intereses, entre ellos, la educación de mercado heredada de la dictadura.
¡Vamos por acceso irrestricto y gratuidad universal!
En la actualidad, la educación sigue siendo un privilegio y no un derecho, esto tiene que cambiar urgentemente. Es necesario que quien decida estudiar en universidad pueda hacerlo a través de un sistema de bachillerato de calidad que sea preparatorio los primeros años. Creemos a la vez, que los otros sistemas de medición previos a la PSU como ranking o NEM, siguen siendo parte del mismo problema que genera competencia y lógica de mercado entre les estudiantes.
Pero esto no basta si la educación sigue costando plata. Es por esto que creemos que la ganancia que deja la explotación de nuestros recursos naturales no puede seguir yéndose a privados que exportan y acumulan fuera de Chile. Es necesario estatizar nuestros recursos naturales y que la ganancia sea utilizada para garantizar educación gratuita a miles de estudiantes de Chile que hoy pagan matrícula.
A la vez, que todo el dinero que ha gastado Piñera en represión durante los dos meses de revuelta, incluyendo los 202 millones de pesos que pagó a una empresa de publicidad estadounidense para garantizar una buena “campaña por la paz”, podrían ser precisamente utilizados para garantizar las demandas que la revuelta que le quita la paz ha exigido, entre ellas la educación.
Es por esto, que se vuelve más urgente que nunca que los y las estudiantes comiencen a levantar sus propias instancias de autoorganización, donde debatir desde la base y con representación de cada liceo y lugar de estudio el problema de la PSU y una nueva propuesta de acceso a la educación superior.
Organizaciones como la ACES, CONES, Bloque Secundario, y diversas coordinadoras de estudiantes deberían llamar a que se levanten estas instancias en conjunto con trabajadores/as, profesores/as, funcionarios/as de cada establecimiento, para así lograr un gran movimiento en las calles que dispute una verdadera Asamblea Constituyente, libre y soberana, donde transformemos estructuralmente el modelo educativo, que hoy en día es uno de los pilares que sostiene la herencia de Pinochet.
Por una educación 100% gratuita, financiada integralmente por el Estado según las necesidades educativas. Donde sean las propias comunidades quienes tomen las decisiones y no las figuras autoritarias que hoy velan por sus bolsillos y el mercado educativo, incluso, teniendo la facultad de expulsar a estudiantes, como los rectores universitarios y directores de liceos y colegios. Una educación que sea laica y no sexista, sin la imposición de ninguna moral religiosa.
Chile ya despertó y tenemos la fuerza para acabar con toda la herencia pinochetista que precariza nuestras vidas y nos impide el derecho a la educación. Hace falta organizar esta fuerza en una plan de movilización para conquistar realmente nuestras demandas.