Publicamos la declaración ante la crisis del coronavirus de Left Voice, sitio de la red internacional de La Izquierda Diario en Estados Unidos.
Sábado 14 de marzo de 2020 20:57
La propagación del virus COVID-19 no sólo ha causado una crisis de salud mundial, sino que también puede causar una profunda depresión económica. El tejido de la sociedad se está tensando hasta el punto de ruptura, y las catástrofes sociales, económicas y políticas ya están surgiendo en una variedad de formas.
Las y los trabajadores en la primera línea de la crisis sanitaria -personal médico y de enfermería de emergencia, trabajadores sociales, maestros y muchos otros sectores- están siendo forzados a trabajar sin las precauciones de seguridad adecuadas, mientras millones se preparan para los despidos y el "distanciamiento social" obligatorio. La clase obrera y los oprimidos no pueden permitirse ninguna ilusión de que el capitalismo resolverá esta crisis. Tampoco podemos confiar en los gobiernos que sirven a los intereses de los súper ricos. La mayoría de la clase obrera debe organizarse para enfrentar la crisis con su propio programa y métodos de lucha.
Vivimos en una sociedad en la que nuestra propia existencia está constantemente dominada y limitada por el doble imperativo del beneficio y la competencia. Todo en nuestras vidas, desde el alimento y el refugio, hasta la educación y la atención médica, está mercantilizado y sujeto a las reglas del capitalismo, que prioriza el beneficio para unos pocos por encima de la salud y la felicidad de muchos. Esto es malo, incluso en los mejores tiempos, pero en tiempos de crisis, como la que vemos desplegarse hoy, puede tener resultados devastadores. La degradación del medio ambiente, el calentamiento de la Tierra, las pandemias y el colapso económico amenazan la vida y el bienestar de miles de millones de seres humanos, y el capitalismo ha demostrado que es totalmente incapaz de abordar estos problemas de la manera necesaria, precisamente porque tales acciones amenazarían al propio sistema.
Esto es especialmente brutal en Estados Unidos, donde las clases trabajadoras tienen débiles redes de seguridad que se han erosionado gracias a décadas de guerra, neoliberalismo, caída de los salarios y austeridad fiscal. No podemos confiar en que este gobierno, ni ningún gobierno capitalista, tome las medidas necesarias para evitar los horrores de las crisis entrelazadas que tenemos ante nosotros, en particular los problemas planteados por la pandemia covid-19 que se extiende por todo el mundo. Tanto el Partido Republicano como el Partido Demócrata van a velar por los intereses de los capitalistas. No importa cuán progresistas se pinten los demócratas, la realidad es que ambos partidos son responsables de un sistema de salud dirigido para el beneficio de unos pocos a expensas de la miseria de la gran mayoría.
Se necesitan urgentemente esfuerzos serios para frenar los peores aspectos de esta crisis y minimizar las amenazas sanitarias y económicas que plantea la pandemia de covid-19. Hasta ahora, el gobierno de Estados Unidos ha demostrado ser incapaz de examinar ni siquiera una fracción de la población. Los suministros básicos como kits de prueba, máscaras y desinfectante de manos se están agotando rápidamente. Mientras tanto, los hospitales no están equipados para manejar la escala masiva de pacientes que pueden necesitar atención a medida que el virus se propaga. Para empezar a abordar el problema, es preciso asignar inmediatamente cientos de miles de millones de dólares a la lucha contra la propagación de la enfermedad y su consiguiente impacto socioeconómico. La masiva inversión de capital de 1,5 billones de dólares anunciada por la Reserva Federal sólo está orientada a rescatar y atenuar la crisis financiera. Como resultado del enorme descontento y las críticas al gobierno, Trump y el Partido Demócrata tuvieron que aprobar un paquete que incluye un presupuesto extraordinario para superar la crisis. Sin embargo, esto no significa que los capitalistas vayan a tocar sus beneficios. Sin embargo, sabemos que sólo tomando medidas radicales -que inevitablemente afectarán al gran capital- se puede abordar adecuadamente la amenaza a la salud. Necesitamos un programa de emergencia junto con la autoorganización de los trabajadores para enfrentar la crisis ahora.
Atención médica para todos: Hacer que los ricos paguen
Nuestro sistema de salud con fines de lucro, que somete a millones de familias estadounidenses a una aplastante deuda médica, es uno de los mayores obstáculos para poner este virus bajo control. Para abordar este problema debemos asegurarnos de que todos los servicios relacionados con el brote de coronavirus y sus complicaciones sean gratuitos y estén disponibles para todos. Esto incluye: pruebas inmediatas, gratuitas y seguras para todos los casos sospechosos de coronavirus, así como tratamiento gratuito para todos los trabajadores que experimenten síntomas relacionados con el virus, incluyendo a los inmigrantes indocumentados. Sin tales garantías, es seguro que muchas personas evitarán el tratamiento por temor a la ruina económica y, por lo tanto, seguirán siendo vectores de una mayor propagación de la enfermedad. A fin de asegurar que todas las personas que viven y trabajan en Estados no tengan miedo de buscar la atención médica que necesitan, también debemos exigir la suspensión de las leyes que criminalizan a los trabajadores indocumentados y exigir que los agentes activos de ICE cesen todas sus actividades. Esto incluye la prohibición inmediata de operativos en todos los hospitales o centros de atención de emergencia. Las actividades de ICE crean una cultura de miedo que sólo impedirá que la gente busque atención médica cuando la necesite y ayudará a propagar el virus.
El sistema de salud privado estadounidense está subordinado a la sed de ganancias de las industrias farmacéuticas y de seguros. En este sentido, un sistema estructurado para obtener beneficios no está equipado para satisfacer las necesidades de salud de millones de personas. Debemos tomar inmediatamente medidas para construir un sistema de salud que sirva a todas las personas. Si bien nuestro objetivo es un sistema de salud pública universal y gratuito, a corto plazo va a ser esencial establecer inmediatamente el programa Medicare para todos y aumentar masivamente los recursos públicos para que toda la población reciba las pruebas y el tratamiento necesarios para detener la propagación del virus. Se debe imponer un impuesto de emergencia sobre la riqueza a las fortunas del 1% más rico para financiar el sistema de salud y el presupuesto militar debe ser inmediatamente redirigido a la salud, la educación y los servicios de emergencia. Durante muchos años, la cantidad de personal se han reducido al nivel más bajo posible para minimizar los gastos y maximizar los beneficios. Ahora estamos viendo que los problemas con este proceso capitalista de recorte de gastos se han vuelto a acumular, ya que el personal está abrumado y poco entrenado para esta pandemia. Se debe asignar inmediatamente fondos para la contratación y capacitación masiva para que haya un número adecuado de atención médica de primera línea para combatir esta pandemia. Los sectores no esenciales del sistema de salud deben ser reentrenados para proporcionar pruebas y tratamiento si es necesario. Necesitamos proporciones seguras de personal y una capacitación adecuada en este momento para abordar apropiadamente esta pandemia tanto para prevenir la propagación como para tratar a las personas afectadas.
El capitalismo es un sistema a menudo ineficiente y caótico impulsado por las necesidades de lucro en lugar de las necesidades de las personas. Para producir el equipo necesario para hacer frente a esta crisis, se requerirá la nacionalización de partes de la producción. Hoy en día, los hospitales están privatizados y desconectados unos de otros. En este momento, necesitamos una red nacionalizada de hospitales para organizar la atención a todas las personas que la necesitan. Además, no se debe permitir que las corporaciones ricas se beneficien a expensas de los enfermos y los necesitados. La producción de vacunas, mascarillas, ventiladores y desinfectantes -así como todos los productos, infraestructura y servicios necesarios para tratar a los enfermos- que actualmente se fabrican con fines de lucro y no de uso, deben ser nacionalizados inmediatamente para asegurar que estos suministros tan necesarios se produzcan en cantidades adecuadas y al costo de producción.
Protección económica para las familias trabajadoras
Las familias trabajadoras serán las más afectadas por la doble crisis económica y sanitaria que plantea el brote de coronavirus y la inestabilidad actual y el posible colapso de los mercados. Con el fin de proteger a los trabajadores de la ruina económica, apoyamos los llamamientos para la suspensión de los pagos de hipotecas, servicios públicos y préstamos estudiantiles, así como una moratoria indefinida de las ejecuciones hipotecarias, desalojos y quiebras. Además, exigimos que los propietarios se vean obligados a proporcionar planes de pago a largo plazo sin intereses para todos los inquilinos que no puedan pagar el alquiler durante la crisis, y que se pongan a disposición de estos inquilinos ayudas estatales y federales para cubrir estos planes de pago. Esas medidas, aunque difícilmente revolucionarias, garantizarían que los trabajadores despedidos o que pierdan su trabajo puedan dar prioridad a su salud y a la de sus familias sin perder sus casas y sin que se les eche a la calle.
Aunque las autoridades aconsejan a los trabajadores que se queden en casa si se sienten enfermos o piensan que pueden haber contraído el virus, muchos trabajadores no pueden permitirse perder ni un solo día de trabajo, y mucho menos dos o tres semanas completas para aislarse. Estos trabajadores no tienen más remedio que ir a trabajar y, por lo tanto, podrían infectar a otros en su lugar de trabajo o en sus desplazamientos diarios. Por ello, una licencia de enfermedad universal pagada, permanente, es decir, por el tiempo que dure la crisis sanitaria, inmediata y por mandato federal, que rija en todo el país, es una necesidad absoluta para todos los trabajadores (incluidos los que no tienen papeles), tanto si trabajan a tiempo parcial como a tiempo completo.
Esta licencia por enfermedad también debe ir acompañada de un apoyo vigoroso para proteger a los trabajadores de las repercusiones económicas que seguramente afectarán a las empresas, tanto grandes como pequeñas. Por lo tanto, el gobierno federal debe poner inmediatamente a disposición de todos los trabajadores despedidos subsidios de desempleo garantizados y muy ampliados, equivalentes a sus salarios actuales. Los empleados de las empresas o agencias que cierren temporalmente debido al virus también deben tener garantizada su compensación regular durante el período de la crisis y se les debe asegurar la oportunidad de volver a sus puestos de trabajo después, ya sea que esos trabajadores sean asalariados o por hora. Algunas industrias, como la industria de las aerolíneas, posiblemente no podrán capear el temporal económico sin aplicar políticas antiobreras a gran escala y exigir rescates del gobierno. Las industrias y las grandes empresas que despiden, cesan o recortan los salarios deben ser nacionalizadas inmediatamente bajo el control de los trabajadores.
Además, a medida que las escuelas públicas primarias y secundarias comiencen a cerrar en todo el país, será imperativo que los niños, en particular los muy pobres, tengan acceso a los recursos ordinarios que ofrecen las escuelas y que sus padres reciban el apoyo que necesitan para atender a sus hijos. Por consiguiente, los gobiernos locales deben adoptar medidas para garantizar que todos los niños que lo necesiten sigan recibiendo almuerzos regulares y que todas las familias trabajadoras tengan acceso a las despensas de alimentos ampliadas gestionadas por el gobierno. Los integrantes de la familia que se ven obligados a faltar al trabajo para cuidar de los niños deben tener garantizada la protección del empleo y el acceso a prestaciones completas de desempleo durante el tiempo que dure el cierre de las escuelas. Los gobiernos estatales y federales también deben ampliar el acceso a los cupones de alimentos y a la ayuda y proporcionar aumentos de emergencia a estos para todas las familias necesitadas.
Luchar por los más oprimidos y marginados
El complejo industrial de cárceles de Estados Unidos es el más grande del mundo, con más de 2 millones de personas encerradas tras las rejas. Además, más de medio millón de personas están sin hogar, y decenas de miles de migrantes y refugiados permanecen encerrados en centros de detención infernales. Todos estos grupos se arriesgan a altos índices de infección por covid-19, y bien podrían enfrentar un aumento de la represión del estado policial. Ya se les está negando a los reclusos el acceso a abogados y a información adecuada sobre la propagación del virus. Sólo podemos esperar que durante el estado de emergencia nacional, las personas sin hogar sean criminalizadas por el simple hecho de existir. Los inmigrantes indocumentados serán utilizados como chivos expiatorios como supuestas amenazas a la seguridad nacional.
Por lo tanto exigimos la liberación a gran escala de los prisioneros, pocos de los cuales han recibido alguna apariencia de justicia en los tribunales de Estados Unidos, y derechos completos para los indocumentados. La población sin hogar también debe recibir una vivienda de emergencia de alta calidad. Por cada persona sin hogar, hay de 5 a 10 unidades residenciales desocupadas. Pedimos la incautación inmediata de los edificios de lujo desocupados para proporcionar vivienda a todos.
Instituir el control de precios y prohibir la especulación en las crisis
Después de sólo un par de semanas de la crisis de covid-19 en Estados Unidos, amplios sectores de la sociedad están discutiendo medidas de emergencia radicales. El gobierno capitalista, así como varias industrias, se han visto obligados a otorgar ciertas concesiones: moratorias limitadas sobre los desalojos; promesas de que los pacientes no tendrán que pagar por las pruebas de coronavirus; garantías de que los trabajadores despedidos -de los cuales habrá muchos millones- recibirán una compensación suficiente por desempleo. La escala de la crisis es tan grande que hasta los más codiciosos chupasangre corporativos están reconociendo que es necesario algún tipo de respuesta radical para evitar que la sociedad caiga en el caos. Sin embargo, las élites ricas tratarán de descargar los costos de la crisis en la clase obrera y el Gobierno, mientras se benefician a sí mismos. Algunas empresas ya han subido los precios de los artículos de alta demanda, pensando que pueden obtener beneficios adicionales. Si los artículos de consumo escasean, el sector con fines de lucro cobrará cualquier precio que crean que pueden conseguir, ya sea por comida, tampones o paseos en Uber. Las empresas pueden incluso intentar subir los precios reduciendo artificialmente la oferta y causando pánico. En un clima como este, exigimos que se prohíba la especulación de la crisis, y que el Gobierno instituya controles de precios para asegurar que la gente trabajadora pueda pagar los productos básicos. Las empresas que se descubra que se están beneficiando de la crisis deben ser inmediatamente expropiadas bajo el control de los trabajadores.
No a las medidas policiales estatales
Durante los tiempos de crisis social, los gobiernos capitalistas suelen tratar de ampliar sus poderes represivos y utilizar la ansiedad de las masas para sus propios fines. En lugares como Chile y Francia, donde enormes sectores de la población han tomado recientemente las calles para luchar por mejoras, la crisis sanitaria será utilizada como una excusa para demonizar y reprimir a cualquiera que se atreva a protestar. Fundamentalmente, las fuerzas armadas y la policía existen para proteger la propiedad privada, no a las personas. Así, cuando los afroamericanos desesperados sobrevivientes del huracán Katrina fueron obligados a entrar en las tiendas de comestibles para obtener alimentos en 2003, fueron vilipendiados como "saqueadores". La policía local incluso disparó sus armas al aire para evitar que los empobrecidos supervivientes escaparan a un barrio blanco acomodado. Tal es el papel del Estado.
Aunque reconoce la necesidad de medidas drásticas de salud pública hasta incluso cuarentenas, la clase obrera debe oponerse firmemente a la imposición de la ley marcial o a cualquier abrogación de los derechos civiles. Si es necesario restringir los movimientos desde el punto de vista de la salud, esas tareas deben ser controladas por organismos civiles, no por tropas de asalto armadas o policías asesinos.
¡Terminar con las sanciones de Estados Unidos - Repudiar la deuda - Oponerse al militarismo estadounidense!
Las naciones empobrecidas, en particular las que luchan contra la crisis sanitaria, necesitan ayuda de emergencia. Sin embargo, el imperialismo estadounidense ha desempeñado un papel central en el subdesarrollo de muchas regiones del mundo, causando hambruna, pobreza y las muchas enfermedades que causa la escasez. Cada año, millones de personas mueren de hambre, una epidemia totalmente provocada por el hombre. Hoy en día, a medida que la pandemia covid-19 se extiende por todo el mundo, Estados Unidos sigue imponiendo brutales sanciones económicas a países que necesitan urgentemente ayuda, como Irán, Venezuela y Cuba. Además, el FMI, el Banco Mundial y otras instituciones de capital internacional siguen desangrando a los países con obligaciones de deuda exorbitantes. Los fondos nacionales se desvían hacia el reembolso de estos préstamos, en lugar de construir infraestructuras para combatir la crisis sanitaria.
La clase obrera de Estados Unidos debe ser solidaria con los hermanos y hermanas de todo el mundo y denunciar el chantaje económico de las naciones más débiles. Debe ponerse fin de inmediato a las sanciones impuestas a Irán, Venezuela y Cuba para que puedan tomar medidas urgentes para hacer frente a la crisis de salud sin la obstrucción de Estados Unidos. Los pagos de la deuda con el Banco Mundial y el FMI, de manera similar, deben ser cancelados.
Además, la gran mayoría de la sociedad no tiene nada que ganar con el continuo militarismo de Estados Unidos. La intervención estadounidense sólo obstaculizará la capacidad de los países para responder a la crisis actual. La clase obrera debe pedir el cierre de todas las bases de Estados Unidos, el fin de los ataques con aviones teledirigidos y las ocupaciones, y el fin de la ayuda militar a los regímenes brutales como Israel y Arabia Saudita.
Los sindicatos y las organizaciones de trabajadores deben tomar la iniciativa en la emergencia sanitaria
Según las normas internacionales, Estados Unidos no está preparado para la crisis sanitaria y económica que se está desarrollando. La administración de Trump tuvo meses para prepararse para una emergencia sanitaria. En lugar de ello, suscitó una creciente xenofobia sin mover un dedo para adquirir los equipos de pruebas adecuados o ampliar la infraestructura de salud pública. Las llamadas "soluciones" que están siendo vendidas por el régimen de Trump y la clase dirigente dejarán a un gran número de personas sufriendo y muriendo. Mantener el dominio de los multimillonarios es más importante para ellos que ayudar a las masas. Incluso cuando los organismos gubernamentales se utilizan para el bien público, con demasiada frecuencia demuestran ser lentos, ineficientes y a menudo incompetentes.
La clase obrera internacional es el verdadero motor de la sociedad: mantenemos todo en marcha todos los días. En este momento de crisis, ya es hora de usar nuestra fuerza colectiva para crear las mejores soluciones del caos. Los sindicatos y las organizaciones comunitarias deben tomar la iniciativa en la organización de una respuesta de la clase trabajadora.
Mientras que se exige al Gobierno la asignación de los billones de dólares que controla para las necesidades humanas, sabemos que Trump y el resto de Washington probablemente no darán la respuesta adecuada. Para satisfacer las necesidades de esta crisis, los trabajadores deben organizarse en el lugar de trabajo, en sus comunidades y en toda la sociedad. Los trabajadores deben comenzar a elegir comités de respuesta a emergencias capaces de tomar medidas audaces para asegurar que las necesidades básicas de salud, comida, refugio y seguridad sean satisfechas. Se podrían formar comités de seguridad elegidos en los lugares de trabajo para establecer y hacer cumplir protocolos de salud y bienestar. Cuando sea necesario, los trabajadores deberían cerrar los lugares de trabajo inseguros, como lo hicieron recientemente los trabajadores italianos mediante una huelga.
Además, necesitamos una coordinación internacional de los trabajadores y los oprimidos para hacer frente a esta crisis. La existencia de la humanidad debe ser sacada de las manos de los capitalistas e imperialistas y defendida democráticamente por la clase obrera internacional.
Esta declaración se publicó originalmente en el periódico Left Voice de Estados Unidos, que es parte de la red internacional de La izquierda Diario.
Traducción: Redacción de la Izquierda Diario México

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