Comentarios a la nouvelle Space Invaders, de la escritora chilena Nona Fernández Silanes.
Demian Paredes @demian_paredes
Jueves 11 de diciembre de 2014
1.
Tras años de exilio, el escritor Roberto Bolaño (1953-2003) regresó a su país, Chile. Y luego de esa experiencia dejó un escrito llamado “Fragmentos de un regreso al país natal” (1999). Publicado en una revista, y luego en el libro-compilación Entre Paréntesis (Barcelona, Anagrama, 2004), allí afirmó: “hay una generación de escritoras que promete comérselo todo. A la cabeza, claramente, se destacan dos. Éstas son Lina Meruane y Alejandra Costamagna, seguidas por Nona Fernández y por otras cinco o seis jóvenes armadas con todos los implementos de la buena literatura”. Y no se equivocaba: entre aquellas “jóvenes escritoras chilenas que escriben como demonias” (Bolaño dixit), Nona Fernández Silanes le ha dedicado mucha prosa a unos “demonios” (en este caso, sin metáfora) muy bien reales; a los del bando contrario, a los de la dictadura. Ahí está también –a juicio de quien escribe– una de sus grandes novelas, Fuenzalida (Santiago, Mondadori, 2012), entre otros trabajos, para demostrarlo.
2.
Las dictaduras cívico-militares del cono sur dejaron –entre tanta muerte, destrucción y desaparición– una profunda huella, su marca, en la cultura de la época. Tras los hechos y secuelas, se puede decir que quedó en aflicción gran parte de la literatura latinoamericana que, hasta el presente, mantiene la revisita de todos esos acontecimientos. (La narrativa, por ejemplo la argentina, buscó en muchos casos espacios, “personajes” y enfoques novedosos desde donde contar –como Martín Kohan en Ciencias morales–, y hasta se deslizó ¿catárticamente? hacia los bordes del género fantástico, incluso empleando la hipérbole para relatos en primera persona –como Félix Bruzzone en Los topos–.) En Space Invaders (Bs. As., Eterna Cadencia, 2014), por medio de un puzzle literario, cuyas piezas son la historia, los juegos y cartas juveniles, la memoria y los sueños de un grupo de liceístas, la escritora, dramaturga, guionista y actriz Nona Fernández Silanes recorre años y hechos (reales) bajo la dictadura de Pinochet.
3.
La nouvelle esboza un cuadro, de contornos vaporosos, de límites evanescentes, donde los anhelos y prácticas de libertad de adolescentes y preadolescentes son custodiadas, controladas, por la disciplina y rigidez de las formas y ritos institucionales: formar fila, “tomar distancia” con el brazo subido al hombro de quien se está delante; marchar, cantar el himno mientras se iza la bandera, rezar, etcétera. “La bandera por fin arriba del asta, flameando sobre nuestras cabezas, al compás de nuestras voces, y nosotros mirándola protegidos por su sombra oscura” (p. 18). Una “tutoría” a la que se le opone el mundo de fantasías y juegos (el “cuarto oscuro”), la amistad, y, en algunos casos, el comienzo de la actividad política. Las “pulsiones” humanas –juveniles– enfrentadas a las autoridades (maestros, porteros, carabineros y demás agentes “de seguridad”). Niños y niñas uniformados transformados –como narra una voz– en “un bloque que avanza al mismo tiempo, un solo cuerpo moviéndose en el tablero. Somos la gran pieza de un juego, pero todavía no sabemos cuál” (p. 48).
4.
Y como marco general, puntuando y articulando estos “fragmentos de vida infantil” (cartas, sueños, escenas y vivencias) Space Invaders se referencia no sólo en el video-juego de moda de aquel entonces, sino –como ya se dijo– en hechos históricos: el tristemente célebre “caso Degollados” (tres militantes del PC secuestrados y asesinados por Carabineros) y, aunque no se conocía o usaba el término en la época, cuando fue noticia en la radio y la TV, un femicidio: el de Estrella González, cuyo autor fue un despechado (y desesperado) carabinero, pareja de la joven mujer (y madre de un bebé), que quería separarse.
La pantalla, entonces, será un muestrario del “juego” constante, permanente, de matar y/o morir, de aparición y desaparición, igual que en la vida real: los años de 1980, los “años de plomo”, se confunden y alternan en esta obra entre diversiones, amistades y discusiones políticas, entre docentes, “tíos” y alumnos, entre marchas y panfletos, padres y “tíos” militares, voces, susurros y viajes repentinos… La pantalla de la TV va mostrando y referenciando “qué pasó”, y se articula con todo el mundo onírico (recuerdos y sueños fusionados) de los personajes, a lo largo de esa década luctuosa.
5.
Al parecer, habiendo retrabajado la sustancia autobiográfica que se encuentra en “Hijos”, el relato aparecido en Volver a los 17, libro que publicó Planeta al cumplirse 40 años del golpe de Pinochet y que compila textos de “autores que crecieron durante la dictadura”, este recuerdo (o recuento) que propone Nona Fernández con Space Invaders, hilvanando estas pequeñas perlas narrativas-creativas-memorísticas; recuerdos de/desde un mundo al cual siempre se puede retornar desde el recuerdo (soñado, vivido, lo mismo da) y la literatura: el de jóvenes atrapados –aunque no del todo inermes ni desvalidos– en la cueva del horror dictatorial.