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Red Internacional
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“Nos están matando”, el grito en la segunda jornada de protestas contra la Policía en Colombia

Este jueves volvieron las protestas en diferentes zonas de Bogotá y de otras ciudades de Colombia contra la violencia policial, aunque esta vez con menor intensidad que la víspera. La respuesta a la rebelión del miércoles por la noche, por el asesinato de Javier Ordoñez, fue una brutal represión que dejó un saldo de diez manifestantes muertos.

Milton D’León Caracas / @MiltonDLeon

Viernes 11 de septiembre de 2020 08:20

La indignación y rabia se desataron en Colombia, con especial intensidad en Bogotá, tras el vil asesinato de Javier Ordoñez. El grueso de los que se movilizan y salen a protestar son jóvenes que, como se expresó en noviembre del año pasado, perdieron el miedo al que la población venía siendo sometida por décadas.

En varias ciudades colombianas ardieron decenas de puestos de Policía llamados CAI (Comandos de Acción Inmediata), que no son más que lugares de detenciones arbitrarias, violaciones sexuales, vejámenes y torturas cuando no asesinatos. A uno de esos lugares es que fue llevado Javier Ordoñez luego de ser torturado en la vía pública, y diciendo “Por favor, no más, me ahogo”, que no hacían más que recordar las palabras de George Floyd, asesinado también por las fuerzas policiales de Estados Unidos.

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No casualmente estas protestas se producen en un momento de manifestaciones en Estados Unidos por la discriminación racial y el abuso policial contra los afroamericanos. Las protestas de Colombia están más estrechamente ligadas al abuso contra los jóvenes y los pobres, donde prima también clase y racismo a la hora de matar por parte de los cuerpos represivos.

Fotografía EFE/ Carlos Ortega
Fotografía EFE/ Carlos Ortega

De allí que el foco de la rabia es esa maldita policía que goza de completa impunidad en la Colombia represiva y asesina de jóvenes, de luchadores sociales, dirigentes comunales, de indígenas, sindicalistas, en fin, contra aquel que se atreve a salir a protestar y defender su derecho. No es casual que lo primero que hizo Duque fue salir a defender a esas fuerzas policiales asesinas, y su mentor, Álvaro Uribe, haciendo llamado a más militares a la calle.

Por eso en diferentes lugares, tanto el miércoles como este jueves, se libraron batallas campales entre los manifestantes y las fuerzas de represión en la que múltiples edificaciones policiales fueron destruidas. Es que la furia se dio cita frente a los siniestros CAI con el grito: ¡No más!

Fueron muchas las ciudades del país en que se salió a protestar, principalmente en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, entre otras. Solo en Bogotá, desde tempranas horas se adelantaron 17 movilizaciones en lugares como el CAI Villa Luz, Aures, Rincón, Plaza de Bolívar y Portal Norte, entre otros.

Al igual que el miércoles, este jueves el blanco de las protestas fueron los CAI de la Policía, atacados con piedras y otros objetos y obligaron en algunos casos a la intervención de unidades antimotines como el de los asesinos del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad).

En Bogotá de nuevo el principal punto de concentración fue el CAI de Villa Luz, en el oeste de la ciudad, donde “trabajaban” los dos policías involucrados en la muerte de Javier Ordóñez. Como respuesta a esta situación, miembros del Esmad arrojaron gases lacrimógenos para forzarlos a replegarse.

Una de las situaciones más tensas se vivió en el barrio Zona Franca, en la localidad de Fontibón, también en el oeste de Bogotá, al que se le lanzaron piedras y palos contra la infraestructura y que se desatara un enfrentamiento entre los manifestantes y el temido escuadrón represor del Esmad, quienes de acuerdo a denuncias en las redes sociales varios de ellos hicieron disparos al aire.

En el barrio Verbenal, en el norte de Bogotá, donde vivían dos de los jóvenes asesinados en la revuelta del miércoles, los manifestantes llenaron de palos y objetos inflamables el CAI y le prendieron fuego como en la noche anterior.

También hubo acciones de protesta en otras zonas como el Portal del Norte y el tradicional barrio 20 de julio, en el sur de la ciudad, donde se enfrentaron el Esmad y los manifestantes. Frente a esta situación la alcaldía de Bogotá decidió adelantar de las 23.00 a las 20.00 hora local el cierre de la operación del sistema de autobuses Transmilenio.

En otras ciudades del país como Cali, la protesta se expresó en saqueos en las sucursales del BBVA y el Banco de Bogotá, siendo que durante los enfrentamientos con la Policía se rompieron vidrios en una estación del sistema de autobuses MIO.

En Medellín, los manifestantes se reunieron en el Parque de los Deseos con el propósito de recorrer varias calles hasta llegar al Comando de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá. En Barranquilla, un grupo protagonizó protestas en la Plaza de la Paz al grito de "¿Por qué nos asesinan?".

En Barranquilla así como en otras ciudades intermedias como Cúcuta, que tiene el principal paso fronterizo con Venezuela se repitieron las escenas; Manizales y Pereira, ubicadas en el céntrico Eje Cafetero, e Ibagué, capital del departamento del Tolima.

Es que la violencia policial de los cuerpos represivos colombianos es atroz, y en tiempos de pandemia se le otorgaron más poderes a los policías. En vez de medidas de control de salud pública se establecieron medidas policiales de abuso, donde se empoderaron a los cuerpos represivos dándoles carta blanca en su actuación criminal.

De allí estos asesinatos en tiempo de pandemia, como el caso del joven afrodescendiente, Anderson Arboleda, que lo mataron en Puerto Tejada por “violar” la cuarentena. Dos patrulleros de la Policía descargaron sobre su cabeza varios bolillazos con fuerza, lo que le ocasionó -horas después- un derrame cerebral. Estaba en la puerta de su casa.

A esto hay que sumar los violentos desalojos en plena cuarentena con destrucción de sus casas a personas en zonas muy pobres de las afueras de Bogotá y otras ciudades. No son actos de vandalismo lo que se ha visto en estas dos jornadas de protesta, como lo pinta la prensa mediocre y afín al gobierno o a las élites de poder, es rabia contenida frente a tantos abusos policiales.

De acuerdo a Temblores ONG, organización que trabaja por la protección de los derechos humanos, que desde el 2017 viene documentando los distintos casos de abuso y violencia que involucran a miembros de la Policía, contabilizan hasta la fecha cerca de 40.400 casos, teniendo como fuente principal de información al Instituto Colombiano de Medicina Legal, lo que indica que el número seguramente es más elevado.

Solo en el primer trimestre de este año se abrieron por abuso policial, ocho procesos al día. En el primer semestre la policía abrió 3.674 casos, 1.474 por presunto abuso de autoridad. ¿Y los no denunciados? De este número de casos, solo 10 policías han sido destituidos.

Fotografía Diana Rey / Semana.com
Fotografía Diana Rey / Semana.com

Durante décadas la policía colombiana fue un brazo del Ejército, así como ha sido un instrumento constante para cuidar las clases dominantes, bancos y poderosos, de allí los atroces abusos, miserables asesinatos. No se ha tratado de excesos, en Colombia es violencia institucional y estatal. Por eso es no hay reforma ni democratización policial posible de esta policía asesina, solo cabe la disolución de todos estos órganos de represión estatal.

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