Almeida se prepara para privatizar más de 5.600 plazas de aparcamiento, reduciendo el ingreso del Ayuntamiento y regalando terreno público a las empresas.
Lunes 31 de enero de 2022
Madrid es la historia de la especulación del suelo, ya sea en pos de la burbuja inmobiliaria, ceder un terreno para otro colegio del Opus Dei o que Nacho Cano construya un teatro en honor a su ego. En cualquier caso, concesiones a empresas y particulares para sajar y parasitar aún más al Estado, por supuesto con la complicidad de los líderes políticos alineados con su ideología rapaz.
En esta ocasión ha sido el alcalde de Madrid, Martínez-Almeida, quien lanza una nueva privatización, concretamente, de aparcamientos de la capital. Almeida planea privatizar hasta 5.600 plazas de aparcamiento subterráneo del centro de Madrid. Más de 1.600 plazas serán concedidas a Florentino Pérez, en las inmediaciones del Estadio Santiago Bernabéu. Esta licitación, que duraría 30 años en principio, supondrán un beneficio de 120 millones de euros que, en lugar de ir a las arcas públicas, irá al bolsillo del presidente del Real Madrid.
Para una ciudad tan atestada como Madrid, el tráfico y la ubicación de vehículos ha sido siempre un problema. La cuestión no es sólo ambiental (todos vimos desaparecer la boina madrileña durante la cuarentena, algo que no ocurría en mucho tiempo), sino también espacial.
Almeida atacó Madrid Central desde que tomara posesión de su cargo. A pesar de que la medida ya era por sí sola clasista y ecológicamente insuficiente, el nuevo alcalde convirtió su cruzada en una lucha por la libertad de circulación. Al margen del futuro de esta medida de Manuela Carmena (fue declarada ilegal aunque se continuaron con las multas por parte del Gobierno Central), lo cierto es que impedía el acceso de vehículos al centro de Madrid.
Esta decisión de privatizar las plazas de aparcamiento sigue la estela de las políticas de Almeida para el tráfico madrileño. Madrid está hueca, bajo la ciudad hay decenas de aparcamientos bajo el control del Ayuntamiento. Estos aparcamientos, polémicos desde su construcción por reforzar la confluencia de tráfico en el centro de Madrid, suponen un cuantioso ingreso a las arcas del Ayuntamiento.
Cientos de miles de plazas, a 500 euros al año por cada una, constituyen un ingreso millonario. Esto lo sabía Carmena, que ya inició un intento de remunicipalización de los aparcamientos, en los que reconocía una auténtica «mina de oro» en Madrid. De cada 60 millones que podía conseguirse con un aparcamiento céntrico, sólo 4 llegaban a manos del Ayuntamiento si éste era gestionado por una empresa privada. Almeida no ha dudado en hacer cuentas y conceder a sus compañeros de negocio la potestad de los aparcamientos, y todo fue en esta dirección desde el principio: regalar a empresas tras fomentar, por todos los medios, que los coches circulen libremente por la capital.
El impuesto de aparcamiento no deja de ser una política neoliberal para hacer negocio del contribuyente, enmascarada bajo una supuesta medida disuasoria para evitar el tráfico. No obstante, resulta obvio que hablamos de espacios públicos y, como tal, el dinero recaudado por su uso debería ir al Ayuntamiento, y de ahí a la mejora de los servicios públicos, como educación, sanidad o el mantenimiento de la ciudad. Pero para Almeida sólo es un pedazo más de Madrid que regalar a los empresarios.
Esta propuesta fue duramente criticada por Más Madrid. El partido encabezado por Mónica García criticó que estas concesiones eran ilegales y no harían más que fomentar aún más el tráfico interno de Madrid, con sus consecuencias contaminantes y económicas. Esta impugnación fue seguida por distintos colectivos vecinales que se oponían a la medida por los mismos motivos. Por su parte, tanto Almeida como el Real Madrid, alegando un estudio fraudulento y sin datos coherentes, defendía que la mayor afluencia de coches no conllevaría más contaminación y sería un bien para los vecinos colindantes a estas plazas de parking.
El resto de parkings no son menos polémicos. El hotel Liabeny, en la plaza del Carmen, costeó los proyectos de ampliación del aparcamiento para tener derecho sobre éste, creando un túnel que conecta directamente con el hotel para poder ser usado como aparcamiento privado.
Hay que mostrar la repudia a este tipo de políticas que regalan la ciudad a las empresas, siempre a costa de la clase trabajadora. Sin embargo, la única forma de combatirlas es organizándose. El programa de Más Madrid no es más que un municipalismo verde que no supone alternativa contra las empresas, y no ataca los problemas de raíz, como se ha vió con el proyecto de Madrid Central.
Frenar la contaminación o el torrente de vehículos no puede darse a costa de pagar multas o aparcamientos, sean públicos o privados. Eso es reforzar el clasismo de una ciudad que, ya de por sí, estigmatiza los barrios obreros y costear las políticas ecológicas sobre los trabajadores y no sobre las empresas, las auténticas responsables de la boina madrileña.