El presidente cubano Raúl Castro participó por primera vez en una Asamblea de Naciones Unidas. Tuvo su segundo encuentro con su par norteamericano Barack Obama. El primero había sido en Panamá en la Cumbre de las Américas y permitió la histórica reapertura de embajadas.
Miércoles 30 de septiembre de 2015
Fotografía: EFE/Behar Anthony / Pool
La histórica gira de 4 días del Papa Francisco por Cuba, sus llamados a seguir avanzando por el “camino de la reconciliación” con Estados Unidos, incluyendo el levantamiento del criminal bloqueo económico que impone sobre la isla desde hace más de 50 años, sus entrevistas con Fidel y con Raúl Castro y la negativa a mantener contacto con los grupos disidentes, fortaleció la posición política del gobierno cubano que impulsa una compleja transición económica y social.
Junto a esto, el discurso del 28/9 de Raúl Castro frente a la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York y especialmente su reunión con el presidente norteamericano Barack Obama al día siguiente, refuerzan y ratifican el reconocimiento a Raúl y la cúpula castrista como quienes pueden reconducir Cuba al capitalismo. En ambos casos, el presidente cubano reiteró la exigencia del levantamiento del bloqueo y la devolución del territorio soberano ocupado por la base militar norteamericana de Guantánamo. En su discurso en la ONU reafirmó también su solidaridad con los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner en cuanto al reclamo por Malvinas, de Rafael Correa de Ecuador y de Nicolás Maduro de Venezuela contra los intentos desestabilizadores de la derecha, así como al de Dilma Rousseff de Brasil.
Obama, a la vez que dijo estar “seguro de que el Congreso levantará inevitablemente un embargo que ya no debería estar ahí”, sigue presionando y chantajeando por “reformas continuas” en la isla que permitan “el impacto” de las medidas que viene tomando la Casa Blanca. Estas medidas van dirigidas a aflojar el bloqueo y facilitar algunas operaciones comerciales. Desde que se anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países en diciembre pasado y la reapertura de las respectivas embajadas en La Habana y Washington, la administración Obama flexibilizó las condiciones para viajar a Cuba y varias delegaciones de empresarios de distintos rubros han visitado el país para interiorizarse sobre las nuevas “oportunidades” de negocios.
La ilusión progresista
El discurso político de Castro está orientado a mostrar que Cuba no ha renunciado a sus “banderas históricas”, y que triunfó sobre la política imperialista de acoso permanente y ahogo económico contra la revolución. Está acompañado por todo el arco reformista y los gobiernos “nacionales y populares” latinoamericanos que ven en las nuevas relaciones una “victoria de la revolución cubana” y “un beneficio” para su pueblo. Ya hemos discutido en otras oportunidades contra esa falsa idea basada en ocultar que la vuelta al capitalismo solo puede traer mayores penurias a las masas trabajadoras cubanas.
La experiencia histórica demuestra dónde lleva la actual orientación económica. Durante la brutal crisis económica desatada en 1990 tras la caída del “bloque soviético” la burocracia castrista se basó en la heroica resistencia del pueblo cubano, y apeló a encendidos discursos antimperialistas y por la revolución socialista, para poner en marcha el “periodo especial en tiempos de paz” que combinó un enorme ajuste presupuestario con una apertura económica al capital extranjero permitiendo grandes inversiones sobre todo en turismo bajo la modalidad de empresas mixtas.
Esta política de ajuste interno más atraer capitales internacionales, evitó el hundimiento total de la economía, pero los verdaderos beneficiarios fueron los jerarcas de la burocracia del Partido Comunista de Cuba y del Estado, muy en particular de las FARC (elite del ejército) que controla las principales empresas y el comercio exterior. Si bien la libre circulación del dólar y el desarrollo del turismo redundaron en el surgimiento de sectores acomodados y medios, se profundizó la estratificación social donde millones de cubanos sin acceso a la moneda extranjera vieron reducir drásticamente su nivel de vida y obligados a sobrevivir de las más diversas formas.
¿A dónde llevan las reformas?
Hoy, en el marco del debilitamiento estratégico del chavismo venezolano, su mayor aliado en la última década, la política es muy similar. Reducción de subsidios y gratuidades, de la libreta de racionamiento, aumento de la edad jubilatoria, despidos masivos en las empresas estatales “deficitarias” a veces reestructuradas como “cooperativas” para encubrir su quiebra, se combinan con una amplia gama de beneficios, condiciones atractivas, ganancias garantizadas y seguridad a la propiedad privada, para seducir al capital extranjero a invertir en Cuba. Nuevamente, los grandes beneficiarios son los capitales foráneos y los jerarcas de la burocracia, mientras las masas populares siguen soportando los grandes problemas sociales sin solución, como (entre otros) la vivienda o el deprimido poder adquisitivo del salario y el que será pronto un nuevo flagelo, la desocupación.
En el medio, se encuentra el sector cuentapropista impulsado desde hace años por el gobierno como una suerte de malla de contención social. Calculado en más de 400.000 personas (alrededor del 10% de la población económicamente activa), tiene hoy una fuerte dinámica y va desde algunos sectores muy acomodados con importantes ingresos en moneda fuerte, pasando por pequeños comerciantes, arrendadores de viviendas, etc., hasta las decenas de miles de pobres que intentan sobrevivir tratando de vender algo a turistas al estilo de feriantes o manteros.
Un proceso similar se vive en el campo, donde la entrega de tierras en usufructo y la posibilidad, sobre todo para las cooperativas agrarias, de vender una parte de la producción en forma privada entre otras reformas de mercado, está impulsando buenos negocios en el sector, mientras los pequeños campesinos se ven crecientemente obligados a “asociarse” a alguna de las “cooperativas”.
El pueblo trabajador debe tomar un camino de lucha independiente
No hay ninguna perspectiva progresiva para el pueblo cubano de la mano de restauración capitalista a la que apunta el gobierno de Raúl bajo una cínica “actualización del modelo socialista”. Y esta orientación es la que se está fortaleciendo con el “deshielo” de las relaciones con EEUU y las negociaciones propiciadas por la nueva cara visible del Vaticano, el Papa Francisco.
Los y las trabajadoras tienen tomar en sus manos los destinos del país, echando a la burocracia del gobierno y del estado, acabando con el régimen de partido único, desarrollando sus propias organizaciones de lucha, e imponiendo un verdadero gobierno de los trabajadores y el pueblo. Solo así se podrá poner en marcha un plan económico democráticamente discutido (no la farsa de reuniones controladas por el PCC y sus colaterales) y al servicio de las grandes mayorías, que empiece por poner fin a todos los privilegios de la burocracia y la revisión de todas las reformas de mercado en interés de los trabajadores.
Al revés de la alianza que establece la burocracia con la administración Obama, un verdadero gobierno obrero y popular en Cuba apelará a la solidaridad y la movilización de sus hermanos de clase, los trabajadores y trabajadoras de todo el continente, encaminada en primer lugar a derrotar el bloqueo económico sin condiciones, y a enfrentar en toda la región al imperialismo y a los gobiernos capitalistas.