Moyano y Barrionuevo se iban a reunir ayer pero el gastronómico no apareció. Mientras avanza el deterioro de la economía, el salario y el empleo, las centrales opositoras siguen enfrascadas entre desmovilización y la interna peronista. ¿Qué hará la izquierda?

Lucho Aguilar @Lucho_Aguilar2
Viernes 3 de octubre de 2014
Cuando le preguntaron a Juan Carlos Schmidt (adjunto de Hugo Moyano), sobre el plenario de secretarios generales del 2 de octubre, atinó a decir “se iba a realizar en conjunto con la CGT Azul y Blanca para ver cómo seguíamos el plan de acción que se había acordado en enero”. Efectivamente, todos habían ido a esperar los anuncios: fecha y modalidad de las nuevas medidas. Pero Barrionuevo y su tropa no aparecieron por la calle Azopardo. Schmidt intentó salir airoso: "hasta el momento nosotros no hemos levantado la programación del plan de acción pero ha habido distintos enfoques en la unidad de acción". Más allá de los eufemismos, se podría decir que Moyano y Barrionuevo no se han puesto de acuerdo con una nueva medida de fuerza ante la situación que vive el movimiento obrera. O, para decirlo de otra manera, decidieron continuar la tregua abierta tras el paro del 28 de agosto.
Hugo Moyano también habló, aunque poco. Repitió lo que todos saben: "la situación socioeconómica confusa y difícil" y la crisis que expresa la salida del presidente del Banco Central "va a traer consecuencias como la pérdida de puestos de trabajo y la suspensión de trabajadores".
Cualquier trabajador se puede preguntar, sobre todo aquellos que el temor a perder el trabajo los mantienen más preocupados que activos: ¿por qué estos señores no preparan una nueva medida para que podamos protestar por la inflación, el salario, las suspensiones?
Desde el 28 de agosto se han sucedido idas y vueltas, pero el llamado “plan de acción” se ha convertido en una seguidilla de declaraciones y reuniones de cúpulas, sin ninguna medida concreta. Mientras las centrales oficialistas sostienen sin fisuras la política oficial, las centrales opositoras confirman que no tienen intención en enfrentar el ajuste o las medidas anti-obreras del gobierno.
Para muchos, el motivo va mucho más allá de las cuestiones sindicales, incluso de las estrictamente terrenales. Por un lado, las cúpulas gremiales ya están metidas en la campaña electoral 2015. El moyanismo tiene huevos en todas las canastas: Moyano se reúne con Macri, su hijo Facundo se pasa a las huestes de Massa, su lugarteniente Plaini ya impulsa a Scioli como Presidente. El barrionuevismo quiere unir a todo el peronismo opositor para enfrentar al Frente Para la Victoria. Incluso la CTA opositora está tironeada por quienes impulsan la candidatura de Binner, y quienes prefieren jugar a De Gennaro. En lo que todos coinciden, y ahí lo terrenal se confunde con lo celestial, es en el apoyo a las directivas del Jorge Bergoglio, el Papa Francisco. El pedido de que la transición hacia el próximo gobierno sea lo más ordenada posible, postergando en este caso los reclamos obreros, es palabra santa para todas las cúpulas gremiales.
Habrá que esperar entonces, los próximos anuncios. Miceli, de escasísima convocatoria en las grandes concentraciones obreras de la industria y los servicios, anuncia una jornada de lucha para dentro de 50 días. Moyano adelantó la posibilidad de un paro y una concentración…en una cancha de fútbol.
Hay un detalle importante en toda esta cuestión. Desde el “plan acordado en enero” de las centrales opositoras a esta parte, han ocurrido hechos importantes en lo que tiene que ver con el movimiento obrero. Los dos paros generales – 10 de abril y 28 de agosto – mostraron el malestar de millones de trabajadores contra las políticas oficiales. Pero también el crecimiento de los sectores combativos y la izquierda entre los trabajadores. Fueron parte distintiva de esos paros, pero también protagonistas de las luchas que se realizaron durante la tregua de las centrales. Desde que se inició el conflicto de Gestamp, hasta que irrumpió la histórica lucha de Lear y más tarde la gestión obrera de Donnelley, la izquierda clasista ha mostrado su protagonismo sindical, pero también político. Es que cada uno de esos conflictos obligó a actuar a los “poderes reales” que dirigen el país: las máximas autoridades del gobierno, las fuerzas de seguridad, la burocracia sindical, hasta el parlamento.
Tras la importante perfomance electoral, el protagonismo en esas luchas aparece como una medida esencial para entender a la izquierda como factor real en la realidad nacional. Este elemento es tomado no sólo el gobierno, sino también por las centrales opositoras. Todos tratan de evitar escenarios que permitan que el malestar obrero sea capitalizado por una alternativa de lucha, que enfrente el ajuste de los empresarios y el gobierno.
Como plantea la editorial de La Izquierda Diario de este viernes, los conflictos de Lear, Donnelley y los ataques en curso, hacen imprescindibles ampliar esa unidad para la acción en la lucha de clases. Pero mientras se necesita ese encuentro, algunos prefieren el desencuentro. En este aspecto, el PTS propone un encuentro unitario del movimiento obrero combativo y la izquierda, con plena democracia interna y acordado entre todos, en especial junto a los delegados y comisiones internas que tallan en la política nacional.
Mientras Barrionuevo y Moyano se preparan para ser los Caló y Pignanelli del próximo gobierno, la izquierda debe preparar una alternativa a todas esas variantes.

Lucho Aguilar
Nacido en Entre Ríos en 1975. Es periodista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001. Editor general de la sección Mundo Obrero de La Izquierda Diario.