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Red Internacional
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Ofensiva y ambigüedad en el primer Confech 2016

La primera sesión de la Confech se realizó el 19 de marzo en la Universidad Austral. Los dirigentes de las Federaciones discutieron congelar temporalmente el diálogo con el Ministerio de Educación y agendar la primera movilización estudiantil del año. Sin embargo, con dicha movilización se busca emplazar al gobierno para incidir en la reforma. Hablan de ofensiva, pero con movilizaciones por hitos.

Martes 12 de abril de 2016

El Primer Confech del año despuntaba atisbos de una posible rearticulación del movimiento estudiantil. Mientras durante el año pasado esperaron al gobierno, este año aseguran que “será un año de movilizaciones, tomaremos la ofensiva, porque lo que planteamos en 2015 en las mesas de trabajo con el Mineduc no se consideró en el borrador, y tampoco se nos ha respondido a las observaciones que hicimos posteriormente a siete puntos, como democracia, gratuidad, lucro, financiamiento y presentación del proyecto”, declaró Camila Rojas, presidenta de la Fech.
Una reforma sin renuncia

Para hacernos un panorama general de la reforma, es importante relevar que la exigencia de que se pusiese fin al lucro no se llevará a cabalidad; es más, en Institutos Profesionales y Centros de Formación Técnica aún estaría permitido. Además, la democratización de las instituciones con participación de estudiantes, académicos y funcionarios también se encuentra en cuestión, puesto que el Gobierno no pone como pre-requisito a las universidades que quieran entrar a la gratuidad, el hecho de que exista triestamentalidad. Y por último, la gratuidad solo sería para la duración nominal de la carrera, por lo que aquellos estudiantes que se retrasasen estarían obligados a pagar los años que quedasen fuera de esta nominalidad.

Frente a esto, la Confech decidió congelar el diálogo con el Mineduc y agendar la primera movilización del año para la segunda semana de abril. Le enviaron una carta a la ministra Adriana Delpiano. Declararon que “a pesar del trabajo y la plena disposición al diálogo, cuando a fines del 2015 se nos presentó el borrador de la reforma, dimos cuenta de que lo realizado en las mesas prelegislativas no se veía reflejado en el texto presentado, es más, ni siquiera fueron considerados los elementos convergentes de las síntesis”.

Incidir o decidir: He ahí el dilema

Pasaron todo un año de mesas pre-legislativas que no se tradujeron en ninguna modificación a la reforma educacional. La intención de dividir el proyecto de gratuidad en dos (adelantar una parte mediante becas y otra en un proyecto general), si bien, efectivamente dio el beneficio a aproximadamente 200 mil estudiantes, fue el más claro anticipo de cuál era su carácter: una reforma mercantil, estandarizada, excluyente.

Les pasó la cuenta. Izquierda Autónoma y la Unión Nacional Estudiantil, ambas organizaciones participantes del llamado “bloque de conducción” ya habían sido objeto de críticas en la plenaria de enero, donde se problematizó la decreciente masividad de las marchas por hitos, además de las decisiones tomadas “por arriba”, sin consultar a las asambleas de base. Hoy, congelan el diálogo con el gobierno y plantean movilización. Sin embargo, mientras los dirigentes de la Confech declaran la ofensiva, lo que esperan es “… que el Mineduc contemple lo tratado dentro de la reforma: la tarea de identificar puntos concordantes y posibles acercamientos está en sus manos”.

Tienen buenas intenciones, quieren incidir, hacer una “mejor reforma”. Pero, nosotros no queremos darle el visto bueno a una reforma cocinada por un parlamento de corruptos al servicio de los empresarios. Queremos decidir nuestra educación y construir un proyecto educativo gratuito, laico y no sexista. Democrático, expulsando el autoritarismo y el mercado de la educación. Pero, eso no lograremos conversando en mesas con el gobierno ni convenciendo a los parlamentarios con nuestras ideas, porque trabajan para los empresarios, no para nosotros. Esa educación gratuita que nos robó Pinochet, la conquistaremos con la fuerza de nuestra movilización.

No estamos solos, vamos por la unidad

La presión de la situación política nacional es innegable. Los políticos corruptos y empresarios coludidos se encuentran hoy en el centro del huracán. El ingreso de una izquierda más “radical” al organismo estudiantil también propicia el aumento de la tensión con el gobierno, endureciendo paulatinamente el discurso.

No obstante, aún no existen consignas claras hacia la manifestación en abril, ni tampoco se vislumbra su carácter. Pareciera ser que seguiremos en la lógica de las marchas-hito. Es fundamental trabajar por la unidad del movimiento estudiantil, para poder articular un plan de movilizaciones ascendente que nos permita conquistar la educación gratuita y el proyecto educativo que venimos construyendo desde el 2011. Para ello, un punto de apoyo crucial sería que las Federaciones levanten, con la más amplia democracia, congresos para discutir y organizar nuestra lucha. ¿Por qué lucharemos? ¿Cuál será nuestro motor? Es crucial reunirnos, para levantar nuestras demandas y actuar en unidad, fortaleciendo al movimiento estudiantil para dar la batalla este año.

No podemos obviar que no fueron capaces, los dirigentes de la Confech, de adherir ni convocar en unidad con las y los trabajadores para el paro nacional del 22 de marzo convocado por la CUT. No se la jugaron por convertir el paro en una gran jornada de protesta, como sí lo buscaron los estudiantes del Cordón Macul, cortando calle en la mañana desde el campus Juan Gómez Millas y el ex Pedagógico; organizando columnas para marchar junto a funcionarios desde las facultad de Filosofía y Humanidades y Derecho de la Universidad de Chile. No levantaron barricadas junto a los mineros como hicieron los estudiantes en Antofagasta. Es un antecedente.

Sin embargo, aún no es demasiado tarde. Mientras más nos unifiquemos con el movimiento de los trabajadores, en las calles, en la acción y en la lucha, más cerca estaremos de conseguir nuestras demandas. Porque también tienen ellos encima una reforma laboral nefasta que debemos ayudar a combatir. Es la práctica común donde encontraremos esa fuerza concreta para enfrentar a los empresarios, al parlamento corrupto y a un gobierno profundamente cuestionado que no escatimará en ataques para detenernos.