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Alemania. Oleada racista tras agresiones sexuales en Colonia

“Mil refugiados intoxicados acosan masivamente a mujeres alemanas.” Así se escribieron los primeros títulos después de la Nochevieja en la ciudad de Colonia. Ya quedó claro que muchas mujeres sufrieron una pesadilla de violencia sexista. Pero lo ocurrido se utiliza ahora para una masiva campaña racista.

Lilly Freytag Berlín

Andrea Lamantia Berlín

Jueves 7 de enero de 2016

Foto: Klasse Gegen Klasse

Durante Nochevieja en Colonia, por lo menos 75 mujeres sufrieron violencia sexual frente a la Catedral de la ciudad, en un lugar público y lleno de gente, cuando solo querían celebrar el Año Nuevo. Cada vez que sucede algo así, es un caso más que se suma a la violencia cotidiana contra las mujeres. Un martirio para las mujeres afectadas, que muchas siguen sufriendo incluso años después del asalto. Se crea un clima de miedo para todas las mujeres que les hace más difícil disfrutar su vida. La violencia contra las mujeres también consolida un orden en el que los espacios públicos son masculinos y las mujeres potenciales víctimas.

Nochevieja en Colonia y las reacciones

El acoso sexual es gravísimo para las mujeres, más allá de quien las acosó. Pero cuando el sexismo se ve y escandaliza sólo cuando implica a hombres inmigrantes, para después –ignorando el sexismo de los alemanes blancos– hacer ideología de la propia “superioridad cultural”, eso se llama racismo. Es los que se puede observar en los hechos ocurridos en Colonia.

¿Qué pasó exactamente? En la noche de la Nochevieja supuestamente se reunió un grupo de alrededor de mil hombres –si bien las cifras difieren mucho de acuerdo a la fuente– frente a la catedral de Colonia. Algunos de ellos supuestamente acosaron y robaron a mujeres aprovechando la multitud. Incluso se habla de por lo menos una violación. La prensa local informó sobre los hechos y una semana después todos hablan de ello. Ya se formularon más que 100 denuncias con la policía, de las cuales por lo menos 75 hablan de acoso sexual.

Aunque aún falta información, pero hay un dato que salió enérgicamente a la luz: según fuentes testigos, los agresores habrían sido en su mayoría inmigrantes del Norte de África. Este hecho obviamente le dio una fuerte plataforma a la derecha, que culpa el origen de los agresores como decisivo para los acosos.

Lo que está claro es que se trata de casos horrorosos de sexismo y violencia contra las mujeres que hay que denunciar plenamente. Pero también está claro que está teniendo lugar una instrumentalización brutal de los hechos por parte de los racistas. El secretario general del partido conservador CSU, Andreas Scheuer, por ejemplo, demandó la deportación inmediata de refugiados que ejerzan violencia sexual.

Pero no sólo hubo reacciones de la derecha. En la tarde del martes, varios cientos de personas salieron a la calle en Colonia para protestar contra la violencia contra las mujeres, pero también contra la instrumentalización racista de los acontecimientos. Levantaron pancartas “contra el sexismo – contra el racismo”.

“Los hechos en Nochevieja fueron una expresión extrema de violencia sexual contra mujeres. Eso es grave. Pero la violencia contra mujeres es un fenómeno cotidiano que sufren muchas”, opinó una participante. La moderadora del acto, Tanja Wiesenhof, dijo: “El problema de violencia machista no es un caso aislado y mucho menos uno que tenga que ver con inmigrantes.”

Racismo y sexismo cotidiano

Si bien hay muchos políticos que ahora advierten contra una sospecha generalizada hacia los inmigrantes, la focalización en el origen de los agresores ya es un problema. ¿A quién se le ocurriría mencionarlo con hombres alemanes? Sin duda la “indignación” que reclama un político del partido de Merkel CDU, Jens Spahn, no sería tan grande si los agresores hubieran sido identificados como sujetos “nativos”, y es dudoso hasta qué punto la prensa habría reportado con tanto ahínco sobre los hechos, incluso si las mujeres acosadas hubieran denunciado los delitos. Solo en una pequeña fracción de los casos de acoso sexual en Alemania hay denuncias en la policía, porque la experiencia indica que en muchos casos a las mujeres no se las cree y se las culpa a ellas mismas.

Es un paso adelante que se crea a las mujeres cuando reportan los acosos cotidianos a los que se ven sometidas. Pero es una muestra de un racismo abierto que solo se dé credibilidad y prensa en los casos en que se trata de denuncias de mujeres blancas contra inmigrantes.

La operación ideológica es sembrar sospechas sobre la comunidad inmigrante, como si inmigrantes y refugiados fueran siempre sexistas y como si la violencia contra las mujeres por parte de alemanes “nativos” fuera la excepción. Por el contrario, los acosos sexuales son parte de la vida diaria de las mujeres que viven en Alemania, sin importar su origen. Y tienen lugar en todos los sectores de la sociedad. Millones de mujeres se ven afectadas por acosos sexuales en sus lugares de trabajo y en la calle, pero sobre todo en el ámbito privado, en la familia. Además se enfrentan permanentemente con chistes y publicidad sexistas. El hashtag #Aufschrei (“grito”) que hace dos años tematizó el sexismo cotidiano encontró mucha resonancia, pero en la misma medida también encontró resistencia, mostrando la aceptación que tiene el sexismo en la sociedad.

En Colonia eso se expresa sobre todo en el carnaval que en cada año es una fiesta del acoso sexual normalizado. Por ejemplo, una tradición del carnaval renano es el “besito”: los hombres en el desfile del carnaval instan a mujeres jóvenes a darles un beso en la mejilla; quien no quiere participar es una “aguafiestas”. El periódico colonés explica: “El ’besito’ según abogados alemanes es parte de la tradición. Quienes lo interpretan como acoso sexual debería mantenerse alejado del carnaval.” Así uno puede interpretar al mundo según su propio gusto.

La violencia sexual solo se reconoce si la ejercen “los otros”. Si la ejercen hombres alemanes –¡y eso como parte de nuestra buena tradición alemana!– es culpa de las mujeres si se exponen a ello. Un caso clásico de victim blaming.

Las nuevas propuestas del alcalde de Colonia son similares. Deberá haber reglas de comportamiento para mujeres y niñas para eventos grandes, como si fuera la responsabilidad de las víctimas protegerse contra el sexismo. Y deberá haber “reglas de comportamiento para los carnavalistas de ’otras culturas’ para que ’no se confundan qué es un comportamiento alegre en Colonia y qué no tiene que ver con ser ’abierta’ sexualmente.” Claro, no es siempre fácil de reconocer qué es el sexismo, puesto que el verdadero sexismo es normalizado y encubierto por la “tradición”.

Con la misma lógica y en delimitación de otros países, la igualdad de derechos en Alemania se convierte cínicamente en un ejemplo. Así, la ex-ministra de Familia, Kristina Schröder, demandó una discusión sobre las “normas de masculinidad en otras culturas que legitiman la violencia”, mientras que la “feminista” de derecha Alice Schwarzer siguió con las difamaciones racistas y habló de una tolerancia falsa hacia hombres musulmanes que, según su opinión, traerían el terror y la guerra a Colonia y que pondrían en peligro las conquistas de la equiparación.

Juntos contra el sexismo y el racismo

Mientras los derechistas de Pegida y otros grupos sólo se interesan por los derechos de las mujeres si lo pueden utilizar para su propia agenda racista, en otros casos, el bienestar de las mujeres no les importa en absoluto cuando las hacen retroceder a su rol tradicional en la familia o quieren prohibir el acceso al aborto. Su preocupación por la autodeterminación sexual y corporal de las mujeres es por tanto una estafa cínica. Eso queda claro también si consideramos que solo están hablando de mujeres alemanas blancas, porque en ningún caso están dispuestos a proteger a las mujeres inmigrantes y refugiadas que se deportan a la miseria.

Las “feministas” de derecha como Alice Schwarzer muchas veces logran mostrarse como las defensoras de las mujeres. Pero en los hechos no se interesan para los problemas reales de la mayoría de las mujeres. Por el contrario, están a favor de intervenciones imperialistas y no se preocupan de las consecuencias que estas implican para las mujeres y el conjunto de la población de los países afectados. Con ese apoyo alimentan al racismo en el propio país y promueven el enfrentamiento entre las mujeres en Alemania. Lo hacen porque sus intereses no equivalen a los intereses de la mayoría de las mujeres y porque viven una vida completamente distinta con otras posibilidades: los millones de Euros que tiene Alice Schwarzer en sus cuentas bancarias en Suiza es una muestra de eso.

Para enfrentar al sexismo, las mujeres y los hombres solidarios de cualquier origen y sin dejarse dividir, tienen que organizarse contra la violencia machista, contra el acoso sexual y contra las ideologías sexistas y su origen. Y para ello, deben enfrentarse también al racismo. Solo la lucha en común puede resultar victoriosa. La manifestación contra la violencia contra las mujeres en Colonia el día martes puede ser un punto de partida para desarrollar la resistencia en este sentido. Todos los otros caminos, o bien llevan a la relativización, o alimentan aún más el clima racista actual.