Macri anunció ante el auditorio industrial nuevos beneficios para los empresarios; prometió un Estado guardián de las reglas, eficiente y limitado. Exigencias para los gremios para limitar el ausentismo. Productividad y “derrame”: un discurso rancio que siempre vuelve.
Esteban Mercatante @EMercatante
Martes 15 de diciembre de 2015
Fotografía: DyN
“Creo en ustedes. Les pido que crean”. Así concluyó Mauricio Macri su mensaje a los empresarios en el cierre de la Conferencia de la UIA. Se trató de un discurso plagado de guiños hacia los grandes capitalistas y promesas de un Estado concentrando su presencia en asegurar reglas, desarrollar infraestructura (“sin corrupción”, como había dicho también a la mañana en Pergamino), y facilitar la gestión de negocios.
Su discurso empezó con un tono de orden, homenajeando a los gendarmes muertos en un accidente en la provincia de Salta: “Los gendarmes son muy importantes para nuestro país”. Ese tono volvería en el rigor hacia la clase trabajadora, que retomaría avanzado su discurso.
Macri afirmo la necesidad de “capitalizar las experiencias que hemos tenido a lo largo de 30 años”, pero siempre “corrigiendo los múltiples errores”. A lo largo de su exposición presentó el diagnóstico de un Estado débil, ineficiente, que adolece de regulaciones que entorpecen la actividad económica y que se ha transformado en una pesada carga debido a la elevada presión tributaria.
El anuncio de la noche llevó al sector industrial el beneficio que por la mañana había concedido al sector agropecuario: eliminación de retenciones a las exportaciones. “Hay que premiar al que se anima al desafío de exportar, por eso a partir de hoy en la Argentina no habrá más retenciones a la exportación industrial porque no corresponde”, dijo el Presidente ante los empresarios de la UIA. Más temprano, el Ministro de la Producción había informado también que se eliminarán a fin de año las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación, otra medida reclamada por los industriales.
Plan “de guerra” contra los trabajadores
Macri envió a los gremios una serie de mensajes que apuntaron a plantear el rigor de la nueva etapa. Llamó a empresarios y trabajadores a trabajar en conjunto con el Estado para fijar planes estratégicos de mediano y largo plazo que lleven al país hacia una economía estable. “La única solución estructural es generar más trabajo y crecer. Todos pensando con el compromiso de superarnos y lograr salir de estos ciclos tan perversos que tuvimos en nuestro desarrollo económico”, dijo el Presidente.
A los gremios les reclamó también reducir el ausentismo. No ir a trabajar llevará a la población a más pobreza y más exclusión. “Con estos niveles de ausentismo y conflictividad no somos un país viable“, clamó. Música para los oídos de los grandes empresarios presentes.
El contenido del pacto social que viene barajando por lo bajo el gobierno, empieza a delinearse claramente como un dispositivo a través del cual aspiran a imponer al conjunto de los trabajadores los duros requerimientos que requiere el país “viable” (para el capital). Quedará por ver si los obsequios a los burócratas sindicales en el terreno de los recursos de las obras sociales y otras prebendas, bastan para subirlos al barco de la colaboración con el plan laboral que tiene el macrismo. La política laboral amarilla no es, precisamente, una cosa que genera alegría.
Mientras llueven los obsequios a la patronal, lo opuesto se dibuja para los trabajadores y sectores populares. Tarifazos desde enero, devaluación (que significa inflación), techos a los salarios de la mano del pacto social, y la famosa “productividad” que para la burguesía argentina significa sobre todo ajustar las tuercas incrementando la explotación de la fuerza de trabajo, delinean un verdadero plan de guerra contra los trabajadores.
“Yo te conozco”, o cuando el pasado retorna como farsa
En el marco de un discurso plagado de mimos al capital, el mandatario buscó mostrarse firme ante los empresarios cuando pidió una actitud prudente y constructiva de todos. Así, alertó a los industriales sobre los aumentos de precios: “Por más que no tenemos ningún (Guillermo) Moreno ni lo vamos a tener, como Gobierno tenemos los instrumentos necesarios para corregir cualquier abuso que tengamos en términos de precios”. “Conozco quién es quién”, advirtió, haciendo referencia a la historia industrial de su padre, Franco, pero también de la suya propia.
Pero nada dijo sobre lo que algunos funcionarios de su gobierno estuvieron afirmando que iban a lograr, sin decir cómo: retrotraer los precios a los niveles del 30 de noviembre, antes de los aumentos descontrolados (que en realidad empezaron antes de esa fecha, anticipando el triunfo y aprovechando la inacción del kirchnerismo en sus últimos días ante las remarcaciones). Si la firmeza con la que se comportará Macri será igual que ante los banqueros con la estafa de los futuros urdida junto al ex Presidente del Banco Central Alejandro Vanoli, quienes después de agitar el fantasma de un primer default del gobierno de Macri se aseguraron cobrar sus contratos a cambio de algunas concesiones menores, los remarcadores pueden estar tranquilos. Sus precios no serán “cuidados”.
Mauricio Macri también afirmó que será implacable con quienes evadan impuestos y descuiden el medioambiente. “Necesitamos un desarrollo industrial inteligente y sustentable”, señaló. Y sostuvo que es importante que la industria innove y mejore la productividad. Sin embargo, el mandatario subrayó que en la última década el país perdió competitividad y opinó que eso deja a la Argentina “en extrema vulnerabilidad”.
El derrame, esa falacia en eterno retorno
A los empresarios les dijo que desea “que su tiempo esté puesto en mejorar la productividad, innovar”. Consideró que “si ustedes crecen le van a dar trabajo a muchísimos que hoy no tienen trabajo”, reeditando así la idea de que si a los empresarios les va bien, a todos nos va bien.
De esta forma, se configura un discurso que busca legitimar una política económica orientada a favorecer la iniciativa privada y asegurar la rentabilidad a pesar de los costos sociales que haya que imponer para lograrla, con el argumento de que es lo que a la larga más beneficia a toda la sociedad.
El menemismo vuelve en las palabras y en las políticas económicas.
La industria “inteligente y sustentable”
Solapadamente, o no tanto, Macri dio a entender que no todos los sectores serán igual de favorecidos. Se refirió a la necesidad de buscar un desarrollo industrial “inteligente y sustentable”, porque “si hacemos cosas no sustentable el costo lo paga la gente”. Esto recuerda la cantinela liberal tradicional sobre los enormes costos que genera el desarrollo de industrias “ineficientes”, cuando el país bien podría dedicarse a hacer “lo que somos capaces de hacer bien” (léase industrializar los productos del agro e importar todo el resto). “Le dimos demasiados años de ventaja al mundo. Tenemos que saber elegir en dónde está ese lugar que nos pertenece”.
Asquerosa alegría (para pocos)
Aunque las definiciones se van dando de manera paulatina, y todavía hay expectativa en los sectores empresarios por la concreción de cambios en los terrenos más críticos, el gobierno de los CEOs va cumpliendo con las expectativas generadas. El mandatario manifestó que esta semana encarará otro paso hacia la “normalización de la economía”, que será la salida del cepo cambiario.
Rigor a la fuerza de trabajo, desregulación y recorte impositivo, los anuncios sobre tarifazos adelantados durante el día, y la promesa de un Estado facilitador más que interventor, confirman los primeros pasos del ajuste que tanto venía reclamando la burguesía.