Los tres últimos años de gobierno de Otto Pérez Molina, hubo pocas manifestaciones de la envergadura que vimos las últimas semanas. El descontento de la población con los constantes escándalos de corrupción, abuso de influencias y vínculos de políticos y empresarios con narcotraficantes, llegó a un límite.

Sandra Romero México | @tklibera
Sábado 16 de mayo de 2015
Aunque la renuncia de Roxana Baldetti es sentido como un triunfo de las movilizaciones, lo cierto es que el gobierno optó por una renuncia anticipada para frenar el descontento y ahora poder llevarlo por un camino “ordenado” e impedir que las manifestaciones ocasionen nuevas renuncias.
Ya han surgido sectores de derecha en los medios que hoy se preguntan ¿quiénes son los que protestan?, ¿por qué lo hacen y qué persiguen? Estos son indicios de criminalización de la protesta social. Los mismos periódicos que ayer celebraban las grandes “marchas ciudadanas”, hoy “no saben quienes son” los que siguen en las calles. Con estos argumentos buscan poner fin a la lucha y que ésta no vaya por más.
Pero existe un sector de la población que no ha quedado conforme con la renuncia de Baldetti y es natural, pues sabemos que quitar una cabeza no resuelve el problema de fondo, en un país donde se protegen los negocios de las grandes empresas y la injerencia extranjera, al mismo tiempo que se imponen los planes contra los trabajadores y campesinos.
¿Qué sigue después de la renuncia de Baldetti?
Ni el derechista Partido Patriota, ni el régimen de conjunto podrán pasar por democráticos con la renuncia de Baldetti. No olvidemos que este régimen tiene pendientes miles de condenas por genocidio contra militares y políticos que participaron durante la guerra sucia en la persecución política y desaparición forzada y que hoy siguen en el poder.
En muy poco tiempo se logró la caída de Baldetti, pero que vaya a prisión por sus actos de corrupción aún no está dicho. Del 25 de abril, que iniciaron las protestas, a la fecha, además de esta renuncia, pocas cosas han cambiado en Guatemala: los principales ministros, funcionarios, empresarios y políticos implicados en anteriores escándalos por corrupción siguen en sus cargos. Así como el propio presidente, que tuvo el cinismo de despedirla como “una mujer valiente”.
La experiencia del movimiento democrático surgido en poco más de un mes, con miles de jóvenes a la vanguardia, debe servir para que los guatemaltecos
se den cuenta que Otto Pérez quitó a Baldetti para no cambiar nada de fondo, y cerrar esta crisis política llevando todo el descontento a manos de un sistema judicial corrompido y enraizado en la terrorífica guerra sucia del pasado. Una justicia para ricos donde mientras miles de pobres son recluidos en las cárceles del país, los criminales de cuello blanco siguen en el poder.
El régimen busca llevar el descontento a las próximas elecciones
El próximo 6 de septiembre, se llevarán a cabo elecciones para presidente, vicepresidente, 158 diputados congresistas, 20 diputados al Parlamento Centroamericano y 338 cargos para alcaldías y municipios.
Hoy, 16 de mayo, se espera otra marcha de miles y algunos dicen que será la más grande en los últimos 26 años en Guatemala. A la convocatoria se han sumado estudiantes, profesores, trabajadores, amas de casa, campesinos, organizaciones de derechos humanos y hasta deportistas.
Algunos analistas celebran que este movimiento no tenga líderes y sean “los ciudadanos” indignados en las calles los que se expresen. Este discurso es el prejuicio contra la organización política, para evitar que la juventud y el pueblo se organicen de forma independiente, moralizados por el actual movimiento. Pretenden que la clase trabajadora no haga más de lo que ya ha hecho.
No quieren que surjan “líderes” entre los oprimidos, pero no dicen nada frente a los líderes de la clase dominante enquistados en el poder y el fortalecimiento que busca el Partido Liberal en las próximas elecciones.
Podrían ser las discusiones independientes en asambleas, por centros de trabajo, por escuelas y barrios, donde se voten representantes democráticos, electos por voto y mandatados por la base, los que representen la lucha.
Pero de la caída de la vicepresidenta, a la votación de un plan de lucha nacional para enfrentar los planes, las privatizaciones, la precarización laboral, el desempleo, la falta de lugares en las universidades, la inseguridad y barrer a todos los políticos corruptos del régimen hay una diferencia.
Para que los trabajadores guatemaltecos y la juventud puedan avanzar en esta perspectiva, tendrían que impulsar una Asamblea Nacional de lucha donde se discutan todos estos problemas y con qué acciones podremos resolverlas, como la huelga general.
Es necesario que el pueblo guatemalteco cuestione el proceso electoral que inicia y denuncie que el gobierno quiere evitar que sigan las protestas. Por ello, mientras algunos ya hablan de una “reforma del estado”, los miles que han participado en las protestas, deben recordar que no se podrán lograr grandes reformas con los empresarios, terratenientes, represores y derechistas que hoy gobiernan Guatemala.