La posible desaparición del PSOE tal y como lo conocemos está inscrita en la situación. Sánchez apuesta a evitarlo y blanquear la marca para terminar de arrinconar a Podemos a la tercera posición. ¿Será el Corbyn español?

Santiago Lupe @SantiagoLupeBCN
Jueves 29 de septiembre de 2016
Foto: EFE
La guerra abierta en la dirección del PSOE en los últimos días puede estar anticipando el primer gran cataclismo en el aparato del Régimen del 78 desde que se abriera su crisis orgánica. La posibilidad de que uno de los dos principales partidos del régimen, y el único que ha jugado este papel desde su nacimiento, se parta o desaparezca tal cual es, está inscrita en la situación.
En el otro extremo de la hipótesis, si Sánchez gana -o “empata”- la partida, es posible que intente un "efecto Corbyn". Un Sánchez victorioso contra el “viejo PSOE”, encarnado en Susana Díaz, los barones, Felipe González y los 17, que sostenga el No a Rajoy y lleve a terceras elecciones, puede intentar recuperar parte del electorado perdido y venderse como una renovación de la socialdemocracia española que permita arrinconar aún más a Podemos en la tercera posición.
La batalla interna de los social-liberales tiene pues una relevancia mayúscula para el futuro inmediato de la crisis orgánica en curso. Como escribía hace dos semanas, hasta ahora esta crisis se estaba desarrollando esencialmente “por arriba”, y aunque comenzó “por abajo” con las luchas juveniles, sociales y obreras del 2011-2012, la expresión del malestar de amplios sectores había tenido fundamentalmente una expresión parcial en lo electoral con la irrupción del nuevo reformismo. Este era y es su principal “balón de oxígeno”, lo que le daba a la crisis un ritmo lento y menos catastrófico.
Sin embargo, la magnitud de las contradicciones acumuladas, puede hacer emerger escenarios más críticos, aún sin que haya una intervención independiente de los trabajadores y sectores populares. El bloqueo institucional vigente se deriva de la confluencia de dos fallas en los cimientos del 78. Por un lado, la crisis de representatividad, que afecta de manera especial a su pata izquierda, el PSOE, y lleva a que éste, o una parte de éste, pelee por su propia supervivencia como alternativa de la alternancia frente al ascenso de Podemos. Por el otro la crisis del modelo territorial y la emergencia de la cuestión catalana, que dificulta enormemente que el PSOE pueda contar con algunos otrora aliados dentro del mismo régimen para ejercer esa alternancia, los nacionalistas catalanes y vascos.
Este impasse solo tiene una solución para una parte de la dirección socialista, aceptar la investidura de Rajoy y, de facto, sostener ese gobierno en las tareas urgentes y cruciales, es decir, poner las cuentas al día -el ajuste de 10.000 millones pendiente y demandado por Bruselas- y hacer frente a los siguientes episodios del proceso catalán. Díaz, González y los barones están dispuestos a imponer esta línea, y parece que a cualquier precio. Que esto implicara dejarle el terreno de la oposición a Podemos y por tanto, abriera paso a una mayor caída del PSOE como “alternativa de la alternancia” es algo que no entra en unos cálculos más cortoplacistas.
El miércoles vimos como se gestaba un golpe coordinado para tumbar a Sánchez, con las editoriales de El País -en cuyo Comité Editorial está nada menos que Rubalcaba-, las declaraciones de Felipe González y la dimisión de 17 miembros de la Ejecutiva. Lo que tal vez no esperaban es que éste se resistiera e hiciera uso de su cargo de Secretario General para desactivar el golpe, incluso vetando la entrada a la sede a varios de los críticos o bloqueando la reunión del Comité de Garantías que vendría a sancionar el “putsch”.
Por el momento nadie afloja. No lo hace Díaz, que ayer reunió a los suyos, el Comité Director andaluz, para dejar claro que sigue adelante con el golpe. Si Sánchez continúa con sus planes, no se puede descartar que este ala llegue incluso a promover un “tamayazo”, que en los hechos dejaría al PSOE partido en dos. Una victoria táctica para el Régimen, formar gobierno, al precio de una gran derrota estratégica, destruir una de las dos patas del bipartidismo. A diferencia de Grecia, donde los social-liberales del PASOK se liquidaron fruto de la fuerte resistencia en las calles al ajuste aplicado en común con la derecha de Nueva Democracia, en el Estado español se podría dar una “pasokización por implosión” ante las propias contradicciones que atraviesan al régimen político y por lo tanto, a al mismo PSOE como parte fundamental del mismo.
Sin embargo, tampoco podemos descartar que Sánchez se salga con la suya, ya sea con el partido unido o dividido. A esto puede ayudar que su futuro político está atado a que gane o no esta guerra, y por tanto parece que está dispuesto a hacer lo posible para ganarla. Se mantiene firme con su propuesta de celebrar primarias en octubre y el congreso en noviembre, apelando a las “bases” socialistas a las que además está tratando de aglutinar en las redes y por medio de sus declaraciones con un discurso de ser quien representa la única oposición real al PP dentro de las filas socialistas.
Esto significa que su hoja de ruta pasa por ser reelegido como Secretario General antes de que acabe el plazo para la segunda votación de investidura ¿Para qué? Esta por verse. Puede dejar pasar los días y asestar el No definitivo a Rajoy, preparándose así para ir a nuevas elecciones tras un Congreso que “renueve” al PSOE y se prepare para unas generales en las que poder presentarse como un resistente numantino contra el PP y el PSOE más “casta”. O, la menos probable, puede intentar un gobierno con Podemos y los nacionalistas vascos y catalanes, sobre los que insinuó en su anuncio del plan el lunes que podría levantar el veto. Esta última es por ahora la más improbable porque, sobre todo después de la superación de la moción de confianza de Puigdemont, es un acuerdo que pasaría por aceptar el referéndum.
Que la hoja de ruta de Sánchez es recuperar lo perdido ante Podemos está claro. Lo intentará hacer al frente del PSOE, logrando la difícil tarea de “disciplinar” a todos los oficiales y generales sublevados. Pero incluso si el PSOE se parte o desaparece como lo conocemos, su orientación parece no ser otra que encabezar un proyecto político que represente una “renovación tranquila” para el Régimen del 78. La política de mano extendida de los últimos 9 meses de parte de Podemos ha contribuido a recrear la imagen de que existe un PSOE “decente” con el que es necesario y deseable pactar. De convertirse Sánchez en un Corbyn español, es decir, un renovador del social-liberalismo con verso de izquierda, sin duda tendrá mucho que agradecerle al Pablo Iglesias del Siglo XXI.

Santiago Lupe
Nació en Zaragoza, Estado español, en 1983. Es director de la edición española de Izquierda Diario. Historiador especializado en la guerra civil española, el franquismo y la Transición. Actualmente reside en Barcelona y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.