El último proceso de selección universitaria demostró una caída sostenida en los puntajes de distintos colegios emblemáticos. La derecha comenzó una arremetida criminalizadora contra el movimiento estudiantil y la Nueva Mayoría defiende su tibia reforma. ¿Qué significan realmente los descensos en los resultados de la PSU?
Viernes 13 de enero de 2017
Por estos días, hemos visto una fuerte campaña mediática en torno a los resultados obtenidos en el último proceso de selección universitaria (PSU). A partir de los malos resultados de los colegios emblemáticos, la prensa del régimen y sus representantes dentro de los distintos sectores del gobierno salieron a criminalizar la justa lucha que el movimiento estudiantil ha desarrollado desde el 2011. Ésta ha puesto en la discusión el tipo de educación que queremos, lo que ha empujado al gobierno a tomar postura y desarrollar distintos proyectos de ley que hoy están en discusión o implementación.
Salió a pronunciarse el director del Instituto Nacional, el señor Fernando Soto. Éste culpó expresamente a los mismos estudiantes por movilizarse contra el sistema de selección, contra las políticas de subvenciones, por una educación gratuita para todas y todos. Atribuye a los métodos históricos de lucha la caída en los resultados PSU, pero no señala nunca que el sistema de conjunto ha empujado a los estudiantes a un despertar político y los ha posicionado como un actor político dentro de la escena, que ha salido a las calles a defender lo mínimo que el Estado debería asegurar.
Obviamente sus palabras encuentran amplio eco en medios de derecha como El Mercurio, La Tercera, emol, varios canales de televisión y otros medios impresos y digitales.
Ante la controversia, el último gesto político de la derecha respecto del tema fue pedir una “sesión especial” con la ministra de Educación para tratar el problema de la caída en los puntajes, apuntando sus dardos contra el intento del gobierno por “eliminar la selección”, medida que comenzó en la región de Magallanes y llegaría a Santiago recién el 2023.
Si hay algo que reflejan estos malos resultados, es el hecho de que el sistema ya no da abasto. Sólo dos colegios municipales están dentro de los 100 colegios con mejores resultados, hecho que sólo indica una cada vez mayor brecha social en la educación, que sigue privilegiando a los mismos de siempre y que, todos sabemos, se mantiene en el afán de algunos (dentro del mismo gobierno) de cuidar sus propios intereses económicos.
El sistema bajo el cual se administran los fondos estatales a la educación pública también es parte del fondo del problema de la brecha y la desigualdad, que no sólo permite, sino que exige la competencia por las subvenciones a través de la matricula a todos los colegios bajo éste sistema de financiamiento.
Por último, el mismo hecho que exista un sistema de selección de los estudiantes que quieren entrar a la educación superior es lo que está mal en sí mismo, pero sobre todo cuando hay claras diferencias materiales en la educación que recibe la clase trabajadora en contraste a las clases altas de nuestro país.
Por esto, la necesidad hoy es ser muy claros en nuestras demandas y no flaquear ante los embates de la derecha y sus medios, ni ante la tibieza del gobierno que busca quedar bien con todos los sectores, buscando siempre la conciliación de posiciones irreconciliables, pues obedecen a la pugna entre intereses económicos distintos: por un lado los empresarios de la educación (con representantes dentro y fuera del gobierno) y el movimiento estudiantil, que apoyado en su clase, exige el derecho básico de acceder al conocimiento.
Hoy más que nunca: ¡Educación gratuita laica y no sexista ahora! ¡Fin a las pruebas estandarizadas y a la selección en la educación! y ¡Porque la educación pública sea responsabilidad del estado: estatización de los colegios municipales y gratuidad universal en las instituciones educaciones del estado, incluyendo universidades e institutos técnicos!