
Alfredo González @Alf_Gonzalez_
Viernes 3 de octubre de 2014
Hasta que fue privatizado en noviembre de 2012, el servicio de ambulancias de PAMI se ocupaba tanto de los traslados de los afiliados como así también de la atención médica de las urgencias en domicilio. Esta privatización significó un recorte de “gastos” de la institución y, también, de las prestaciones a los afiliados.
El servicio de ambulancias de Pami atendía a los pacientes en su domicilio por consultas de Código Verde (en general cuadros que no causan descompensación hemodinámica), Código Amarillo (patologías de gravedad moderada) y Código Rojo (aquellas que ponen en riesgo de forma inmediata la vida).
A partir de la fecha citada, la atención médica de urgencias en domicilio pasó a manos privadas y, aunque cueste creerlo, atienden sólo códigos amarillo y rojo. Pero esta "evaluación de la gravedad" se realiza de forma telefónica; en el mejor de los casos, un médico en el teléfono. En la mayoría de los casos está a cargo de un personal administrativo.
De forma cotidiana, centenares de afiliados a Pami se encuentran con situaciones como la siguiente:
Familiar: -Hola. Buenos días. Mi padre está cursando un postoperatorio de cadera. Está muy dolorido. Comenzó a sentirse mal, por momentos se desorienta. Le tomé la temperatura y tiene 38.5°C. La herida está muy roja. Como es viernes a la tarde, tengo temor de que se complique durante el fin de semana...-
Operador:-Señora, nosotros atendemos sólo cosas graves, no vamos a ir sólo porque tiene un poco de fiebre. ¿No tiene Ibupirac?
F: -Si...-
O: -Y... Dele uno, con eso le va a bajar-
F: -¿Y si sigue mal?-
O: -Comuníquese con el médico de cabecera-
F: -Pero no hace consultorio hasta el lunes-
O: -Bueno, señora. Trate de tenerlo sin fiebre hasta el lunes, y si no, llévelo a la guardia-
F: -Pero ¿cómo lo llevo? No se puede mover...
O:- Lo lamento, pero no nos ocupamos de los casos que no son graves- Tuu tuu tuu...
A casos como éste se suman accidentes cerebro-vasculares diagnosticados telefónicamente como crisis nerviosas y numerosas consultas adjudicadas a “familiares ansiosos”; todo esto retrasa la atención y hace que patologías que pudieran tener una solución se agraven con el paso de las horas o los días.
En definitiva, negocios redondos para las empresas de emergencias privadas y pacientes sin la atención que necesitan.

Alfredo González
Rosarino, médico y militante del PTS, escribe habitualmente sobre Salud en La Izquierda Diario.