La crisis sanitaria golpeó especialmente fuerte a los países de Latinoamérica. Con la privatización de importantes derechos sociales, el Covid-19 exhibe la peor cara del neoliberalismo.

Daniel Vargas Antofagasta, Chile
Domingo 22 de noviembre de 2020
Según el informe “La Nueva Cara de la Pobreza en Chile”, elaborado por el Banco Mundial, producto de la pandemia el país tendrá 800 mil nuevos pobres. Es decir, que si el 2019 la pobreza alcanzaba un 8,1% de la población este año la cifra será de 12,3%.
No es de extrañar. Los primeros meses de pandemia la crisis se hizo sentir fuerte sobres los sectores populares, que empezaron a protestar ante la situación de hambre que se vivía en el país, haciendo proliferar las ollas comunes.
Esta situación se intentó aplacar con la entrega de ayudas, alimentos e incluso echando mando del 10% de los ahorros previsionales para que la población pudiera hacer frente a la crisis social que generó la pandemia.
Lo anterior es también efecto del ataque al empleo que llevó acabo el gobierno. No solo se le dio rienda suelta a los empresarios para despedir en medio de la pandemia, sino que además se legalizaron las suspensiones.
Con el aumento del desempleo y la desocupación no es sorpresa que el Banco Mundial proyecte un crecimiento de la pobreza.
Esta misma situación se puede observar en el resto de Latinoamérica. En Argentina la crisis social ha echado a miles de familias a la calle, debiendo enfrentar la represión para hacerse de un lugar para vivir, como sucedió hace unas semanas en Guernica.
Así mismo, más recientemente, en Guatemala donde miles se lanzaron a las calles en contra de la precarización de la vida ante el recorte en servicios sociales que tuvo como efecto una gran manifestación que acabó con la quema del Parlamento.
En todo el continente los efectos de la crisis sanitaria se hacen sentir sobre el pueblo trabajador y pobre, los cuales soportan la crisis social sobre sus hombros. Mientras los grandes capitalistas del continente conservan sus ganancias son los pobres de américa los cargan la crisis sobre sus hombros.
La pobreza será una consecuencia estructural de este sistema mientras no se toquen las grandes ganancias capitalistas, las cuales se basan en la expoliación de los territorios y la explotación de los pueblos de américa.
Es enormemente sabido que nuestro continente tiene enormes riquezas, sin embargo, no están puestas al servicio de responder a las necesidades del pueblo. Esto la pandemia lo ha dejado claro.
En Chile con impuestos a las grandes riquezas, con la nacionalización de los recursos estratégicos, etc., se podrían haber financiado un plan para hacer frente a la crisis, con salarios de emergencia, prohibición de los despidos y más. Toda una serie de medidas que hubieran permitido un mejor pasar a los miles que hoy se encuentran desocupados.
La gestión desastrosa de los gobiernos capitalistas nos lleva a un callejón sin salida, sin embargo, existe una alternativa como lo muestran las masas descontentas en Guatemala. Sólo la mas amplia movilización puede permitirnos echar abajo la política empresarial que condena a nuestros pueblos a la pobreza.