Bajo el argumento de misericordia, el Papa Francisco, máxima autoridad de la Iglesia Católica reduce las sanciones de los sacerdotes que cometen abusos sexuales, a “una vida de oración y prohibición de ejercer públicamente su ministerio”.
Martes 28 de febrero de 2017
La problemática de vulneración de derechos a la infancia que se mantiene presente en la Iglesia, ha sido de conocimiento mundial tras los lamentables casos de abusos sexuales que han sido develados por diversos niños, niñas y adolescentes. Los cuales, encontraron en la Iglesia, la presencia de agresores sexuales que tienen el poder de la impunidad, manteniendo a los sacerdotes pederastas, en muchos casos bajo plena libertad.
Actualmente, la situación se mantiene y se expresa en las declaraciones que señala el Papa, respecto a la disminución de sanciones para los curas que abusan sexualmente de niños. Frente a quienes refiere, merecen mayor “misericordia”, por lo que en adelante los curas acusados de cometer agresiones sexuales, mantendrán su estatus sacerdotal y las sanciones que aplicará la Iglesia, serán solo referente a “una vida de penitencia y oración y a la prohibición de ejercer públicamente su ministerio”.
Al respecto, Juan Carlos Cruz quién fue una de las víctimas de abuso sexual de Karadima, señaló, “es una verdadera vergüenza, el descaro de la mentira y la protección de los pedófilos”. Y llama abiertamente a rechazar una posible visita de Francisco I a Chile.
Cabe mencionar, que es la misma Iglesia que a nivel internacional se inmiscuye en las legislaciones de diversos países, imponiendo la negación de los derechos de las mujeres y la diversidad sexual bajo argumentos conservadores de lo “natural y divino”. Es la que ha protegido a los pederastas en desmedro de las victimas de sus agresiones. Manteniendo en secreto las vulneraciones, siendo cómplices por omisión y al mismo tiempo, propiciando un espacio donde las agresiones sexuales parecen no tener consecuencias para quienes las ejercen. Mientras dejan a los agredidos con una historia de amargura frente a la imposibilidad de hacer justicia.
Sin embargo, este no es el único camino, son cientos de miles de personas que han decido develar sus historias de abusos bajo el objetivo de hacer justicia frente a lo ocurrido. Es necesario que los sectores que han sido oprimidos, se organicen para poner de manifiesto esta problemática y exigir el cese de los privilegios de la Iglesia.