Entrevista al destacado docente, poeta y novelista Pavel Oyarzún Díaz oriundo de la región de Magallanes, Chile, donde nos cuenta cuales fueron las inspiraciones para sus escritos.
Ernesto Zippo Trabajador de Correo Argentino | MAC Rio Gallegos - Sta Cruz
Jueves 28 de noviembre de 2019 09:19
Foto: Pavel Oyarzún Díaz
Pavel Oyarzún Díaz es un destacado docente, poeta y novelista de la región de Magallanes (Chile). Tiene la particularidad de haber escrito tres interesantes novelas referidas al genocidio de los pueblos originarios, las luchas del movimiento obrero magallánico y santacruceño, quienes enfrentaban el enriquecimiento de los estancieros que se beneficiaban a costa de balas y sangre.
Sus obras poéticas de Pavel son: La Cacería (1989), La Jauría Desquiciada (1993), Patagonia la Memoria y el Viento (1999), In Memorian (2002) y Palabras abren Sepulcros (2005).
Luego volcó su obra literaria hacia la narrativa y publicó: El Paso del Diablo (2004), San Román de las Llanuras (2006), Barragán (2009), El Krumiro (2016) y Será el Paraíso (2019).
Desde su primera se abocó a rescatar de las sombras a los personajes que cuentan la otra historia, que trataron de ocultar desde el discurso oficial.
Esos protagonistas buscan justicia por quienes fueron masacrados, por quienes acrecentaron sus riquezas y que aún hoy se pueden ver en los palacios, mausoleos, los museos o las propias calles que los consideran próceres en Punta Arenas y Río Gallegos. Uno de los más destacados de aquellos es José Menéndez que tuvo el epicentro de su poderío económico en Punta Arenas.
Desde La Izquierda Diario entrevistamos a Pavel para que nos cuente cuales fueron los motivos de su brillante obra.
La novela “El Paso del Diablo” se basa en los fusilamientos obreros de la Estancia La Anita y la escapatoria del Gallego Soto con un grupo de huelguistas. ¿Cómo se te ocurrió escribir sobre ése hecho?
Pavel: Fue muy significativa para mí, porque fue mi primera novela y antes sólo hacía poesía.
Hice una ficción sobre aquellos sucesos porque El Paso del Diablo como lugar no existe en verdad, y yo no conocía la zona y escribí a ciegas, pero como la Patagonia es muy parecida por estos lugares y como no podía hacer historia del movimiento obrero ya que lo había hecho Osvaldo Bayer, me dediqué a escribir la novela. Me centré a escribir algo que no estuviera en los libros de Bayer y, por ejemplo, no figuraba como transcurrió la fuga del Gallego Soto.
Armé varios personajes de ficción como el sargento Valenciano, que persigue al Gallego, como un contrapunto entre los perseguidos y perseguidores.
Entonces los fusilamientos ocurrieron cuando anochecía el 7 y madrugada del 8 de diciembre de 1921 y el Gallego Soto se escapa con sus compañeros luego de desobedecer la asamblea. En esos tiempos, no respetar la asamblea era todo un desafío para los principios anarquistas y se supone que debía aceptar la votación, aunque le cueste la vida.
Años después visité la estancia La Anita con mis hijos y comprobé que las descripciones que hice en la novela, no estaban muy erradas.
Cuando termino la novela, la envío a la editorial LOM (de Santiago de Chile) creyendo que la rechazarían y pasaron los meses. Fue una gran satisfacción cuando me responden que les había gustado mucho y la iban a editar.
En la misma novela hay una interna dentro de la misma tropa que persigue al Gallego Soto y a sus compañeros. Es una interna entre el oficial y sus subalternos. ¿Hubo alguna intención de reflejar esa interna?
Pavel: Eso fue absolutamente premeditado, porque la estructura de los ejércitos latinoamericanos es tremendamente rígida en su constitución de clase. El ejército de Chile es uno de los mayores ejemplos de eso. Está la alta oficialidad, la oficialidad, el sector intermedio, los de clase y la conscripción y no se tocan nunca, no comen en los mismos lugares, no usan el mismo lenguaje y se diferencian en todo sentido.
Lo mismo ocurría con el 10 de caballería del ejército argentino que comandaba el teniente coronel Benigno Varela. Es por eso que desarrollé el personaje del sargento Valenciano como un hombre de origen campesino y muy humilde que, a pesar de todo, está sirviendo a un ejército que protege a un Estado burgués. En cambio, está el otro personaje que es el teniente Riviere, que le marca la distancia a la tropa. Por lo tanto, pueden estar en una misma campaña militar, los uniformes pueden ser parecidos, pero la distancia de clase no va a cambiar. Riviere no es muy querido por la tropa, y él lo sabe y lo hace notar.
Nuestros ejércitos tenían una influencia muy prusiana y se han caracterizado más por utilizar la fuerza contra la propia ciudadanía, que a un enemigo externo. Entre el siglo 19 y 20 los ejércitos eran prácticamente privados y al servicio de la burguesía.
Esa estructura se hace mucho más dramática en el siglo 20, con más rigurosidad al enfrentar al movimiento obrero a pesar de que hubo algunas fisuras que la historia oficial se encargó de ocultar. Hubo algunos ejemplos en Chile y Argentina donde un grupo de oficiales se dieron cuenta de que eran un ejército de mercenarios no muy bien pagados y trataron de vincularse con los movimientos sociales. Hubo casos donde había oficiales que asistían a los mítines obreros, incluso llegaron a hablar en ellos. Pero fueron rápidamente extirpados de las filas militares.
Te recomendamos: “El Paso del Diablo”: una novela sobre la patagonia rebelde
Te recomendamos: “El Paso del Diablo”: una novela sobre la patagonia rebelde
¿Tu curiosidad por contar sobre la otra historia de la región de Magallanes de donde viene?
Pavel: Mi primer libro fue publicado hace treinta años y eran poemas que se llama “La Cacería” y tiene que ver con el exterminio de los pueblos originarios de Magallanes y Tierra del Fuego. Elegí el territorio como género literario y desde la poesía y la narrativa está ligado a ciertos sucesos dramáticos o directamente trágicos. Los mismos temas que abordé en la poesía, lo hice también en la novela. Es porque generalmente escribo sobre lo que sé que ocurrió aquí.
¿Hay un conocimiento sobre la historia en tus novelas?
Pavel: Yo tengo dos grandes pasiones como la literatura y la historia. Ambas están muy vinculadas porque son historias que conozco de las investigaciones de Osvaldo Bayer y de colaborar con un investigador y amigo llamado Carlos Vera Delgado, quién editaba una revista que se llamaba “Revista Impacto” y se refería a la historia del movimiento obrero de Magallanes y al exterminio de los pueblos originarios. Por eso, cuando escribo la novela “San Román de las Llanuras”, mi intención era que se concentre la historia de José Menéndez y de Alexander McLennan (el asesino de indígenas), la Federación Obrera de Magallanes y otras historias que se cruzan allí. El protagonista es un personaje descreído, escéptico y un tanto rufianesco. Quería que la novela sea una suerte de síntesis de la historia de Magallanes y me gustó mucho escribirla.
La historia siempre se ha tomado desde el discurso oficial, escrita por los vencedores. ¿Desde tu obra buscabas reflejar la historia de los vencidos?
Pavel: Por ejemplo, mi tercera novela es “Barragán”, que tiene que ver con la vida de un mestizo tehuelche que no figura en la historia oficial de Magallanes o en los libros, pero sí estaba en los rumores de los peones de las estancias por lo menos hasta 1916 o 1920, donde se hablaba de Barragán como un insurgente.
Por eso, me ha tocado escribir sobre la historia de los vencidos, lo asumo y quizás no como un propósito, porque es la historia que me ha atraído como escritor.
Hay un personaje en “Barragán” que se llama Gustave Torez y es un francés que dice haber estado en La Comuna de París. ¿Hubo comuneros entre los primeros habitantes de Punta Arenas?.
Pavel: Por ejemplo, en 1874 estalla la primera huelga portuaria en Punta Arenas a muy poco de fundarse la ciudad. Los obreros se niegan a descargar y mediante una investigación que hicimos con mi amigo Carlos Vera Delgado comprobamos que varios de esos obreros portuarios eran franceses que podrían haber participado en La Comuna de París y perfectamente encaja en la historia ya que había ocurrido en 1871. De allí desarrollé al personaje francés Gustave Torez, amigo de Barragan.
A diferencia de las organizaciones obreras que existían en Chile por aquellos años, que eran de carácter más pacifista, la Federación Obrera de Magallanes y de Santa Cruz tendían a enfrentar a las fuerzas represoras mediante las armas ¿Cuál era el carácter ideológico de esas organizaciones?
Pavel: Los movimientos obreros cercanos a 1920 de la Patagonia chilena y argentina estaban marcados por el anarcosindicalismo, por eso ellos contemplaban el método directo de lucha y creían en el enfrentamiento contra el Estado burgués.
Siempre me llamó la atención la desmesura que tenía la organización, como lo era la Federación Obrera de Magallanes que fue la más grande que existió en Chile y en 1915 ya tenía nueve mil militantes inscriptos.
Tenía prensa, tenía teatro y tenía biblioteca, marcando la cultura en el campo, donde las reivindicaciones más importantes que tenían los trabajadores se obtuvieron en aquellos años. Incluso estuvo aquí Luís Emilio Recabarren dando conferencias en 1916 y llega a decir en una carta escrita a los comunistas uruguayos que, el movimiento obrero chileno aún es precario, su conciencia de clase no está consolidada, con excepción de la Federación Obrera de Magallanes.
Cuando llega a Punta Arenas, se encuentra con anarcosindicalistas muy formados y varios llegados de Europa. Incluso la misma organización llega a decirle a Recabarren que no van a apoyar a la Federación Obrera de Chile, ni a él en sus pretensiones electorales, porque los obreros magallánicos no se inscribían en los registros electorales.
¿Era muy fuerte el anarcosindicalismo en estas regiones?
Pavel: Hay que pensar que el único espacio interoceánico que existía hasta 1914 era el Estrecho de Magallanes y no existía aún el Canal de Panamá. Por lo tanto, por aquí pasaban todos los barcos de Europa, entonces descendían muchos pasajeros y con ellos muchas ideas anarquistas, que hacen que no sean tan fuertes las ideas reformistas o socialdemócratas que había en el norte de Chile o Argentina.
En ésos años la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego (que eran los enemigos del movimiento obrero de Magallanes) reconocían en un comunicado que publicaron durante una huelga que hubo en 1915, que la organización obrera magallánica tenía tal capacidad, que podían soportar una huelga durante seis meses.
Es por eso que en 1919 deciden darle un golpe definitivo a la Federación Obrera Magallánica con la represión en el Frigorífico Bories de Puerto Natales, la masacre que realizan en el edificio de la Federación Obrera en Punta Arenas de 1920 y los fusilamientos en Santa Cruz en 1921 y lo hacen para acabar con el anarcosindicalismo.
Yo pienso que la burguesía local tenía miedo de que ocurriera lo mismo que en Buenos Aires donde estaban los anarquistas expropiadores como Severino Di Giovanni, o Kurt Gustav Wilckens.
Regresando a la literatura, ¿como se hacían para poder editar poesías o novelas que reflejen la historia de los vencidos aquí en Punta Arenas?
Pavel: En la década de los ochentas, para editar un libro era necesario estar autorizados por la Dirección de Información y era prácticamente imposible porque estaban los militares, pero en cuanto se acerca la década del noventa aparecen los primeros libros que toman esos ejes temáticos.
Yo empiezo a publicar a finales de la década del ochenta, cuando surgen algunas editoriales muy pequeñas e independientes como Atelí de mi amigo Carlos Vega Delgado, quién cumplió una labor muy importante editando obras de escritores muy jóvenes de aquellos años puntarenenses y también de la Patagonia argentina. Luego sale la Revista Impacto que tenía un rescate histórico del exterminio indígena y la Federación Obrera.
¿Desde la literatura y la historia que ustedes abordan hubo alguna resistencia o interpelación de algún sector?
Pavel: El tema del exterminio indígena dejó de ser algo tabú cuando lo incluimos con otros escritores, de la misma manera lo hicimos también con la historia de la Federación Obrera.
Básicamente lo que cambió fue la actitud que tenían los escritores de la tradición, me refiero a los escritores que durante los años cincuenta, sesenta y setenta omitieron o lo ocultaron. Era una literatura apolítica, sin nada que tenga que ver con el movimiento obrero.
Por eso no basta con el aporte de los historiadores y allí están los aportes de los escritores de ficción, los novelistas y poetas que es un cambio quizás no tan profundo como quisiera, pero hace treinta años atrás era impensado que se aborde estos temas.
Hoy hay un espacio cultural que está en disputa, donde cualquier versión unilateral de la historia trae elementos perniciosos y eso lo sabemos porque hemos padecido historias que ocultan.
Somos testigo de un cambio que antes eran rumores o leyendas y hoy día ya no es así porque la historia oficial hoy se tiene que hacer cargo del exterminio indígena.
La entrevista a Pavel Oyarzún Díaz fue concretada cuatro días antes de que estallara la rebelión en Chile.
Punta Arenas no fue una ciudad ajena a los sucesos que están ocurriendo en el país hermano y hubo estallidos sociales, donde hubo importantes reivindicaciones a los pueblos masacrados por la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego y un hecho simbólico fue el derribo de la estatua de su fundador José Menéndez que se encontraba en la plaza principal de la ciudad y a cambio pusieron los jóvenes, el busto representativo de un habitante originario como homenaje a los masacrados.
Fue algo muy impactante que antes los escritores como Pavel se encargaban de rescatar desde la literatura y hoy se los rescatan en las calles de Punta Arenas y en las paredes. Un rescate a poco de cumplirse 100 años de los sucesos obreros, que choca contra el discurso oficial que impusieron desde arriba y de a poco los historiadores, los escritores y ahora las y los jóvenes toman en sus manos en Punta Arenas.
Estas Palabras Abren Los Sepulcros
Estas palabras abren los sepulcros
y dejan huesos a la vista.
Osamentas, a plena luz del día,
reciben, por fin, el viento de las llanuras.
En la velocidad del aire
va el gesto despavorido
que aquí tapiaron.
Para horadar la mortaja de un silencio duro
fueron escritas en el territorio del viento,
definitivamente.
Estas palabras abren los sepulcros,
Y un puñado de cadáveres ya está de regreso
para decir, después de tanto,
a esta hora y en este sitio exacto
recibimos los tiros,
y el fuego donde ardemos para siempre.
Pavel Oyarzún Díaz.