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Red Internacional
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Abuso patronal. PedidosYa asegura que repartidores son "sus propios jefes": ¿Autonomía o precarización?

Desde el inicio de la pandemia, se han multiplicado los repartidores de aplicación que, a toda velocidad, llevan a la puerta de los hogares desde medicamentos hasta hamburguesas y pizzas. La mayoría, extranjerxs y jóvenes precarios, que han denunciado no tener seguridad, como mascarillas o alcohol gel, ni mucho menos estabilidad.

Jueves 23 de julio de 2020

Diversas movilizaciones han impulsado este último tiempo, lxs trabajadorxs de apps en Santiago y en Latinoamérica, por mejor paga y seguridad ante el Covid-19. La última fue un paro masivo, impulsado de forma internacional, el día X.

A fines de mayo, 19 repartidores venezolanos, peruanos y chilenos denunciaron a la empresa luego de que la compañía les comunicara que estaban despedidos. Lxs trabajadorxs exigieron ser reconocidxs como trabajadorxs dependientes; además de denunciar prácticas anti sindicales.

Esta denuncia fue respondida hace algunos días, cuando el viernes pasado PedidosYa señaló que "no existe contrato laboral, por lo que no se trata de ningún despido injustificado, ni mucho menos una práctica antisindical". Y continuó señalando que "el trabajador, cuando necesita, puede y quiere, se conecta a la aplicación [...] la decisión de prestar o no prestar los servicios de transporte de mercaderías es libre: Es el rider quien decide si conectarse o no”. De igual manera, que “no existe una jornada de trabajo establecida”.

En contraparte, los trabajadores -la mayoría, de forma anónima para no recibir hostigamiento de parte de la empresa- denuncian que a inicio de año, PedidosYa, impulsó medidas entre las que redujo el pago mínimo por reparto a casi la mitad, quitó las horas garantizadas en que los repartidores recibían compensación -hiciera o no una entrega- y empezó a pagar por kilómetro recorrido.

Cuesta imaginar que el régimen relatado sea la decisión de quienes quieren ser sus propios jefes. O que jornadas extenuantes bajo la lluvia, el frío y en el marco de la pandemia costeando sus propios implementos, sean parte de la búsqueda de un sustento autónomo. Muchxs de quienes allí trabajan son, de hecho, extranjerxs a quienes les han negado los papeles, o jóvenes que necesitan costearse los estudios y hacer malabares para calzar los tiempos.

¿Economía colaborativa o nueva forma de explotación?

Esta trasnacional, junto con otras aplicaciones como Rappi, Uber Eats o Glovo, hacen uso de este régimen laboral, amparándose en una supuesta "economía colaborativa", cuando la verdad es que tales empresas facturan cada vez más millones a costa de condiciones de completa precarización e inestabilidad de sus trabajadores, quienes hoy intentan considerar como esenciales a pesar de que sus entregas principales no se tratan de insumos básicos.

La excusa de que no hay una relación laboral entre los repartidores y la aplicación es, en realidad, una herramienta para que estas no se hagan cargo de derechos mínimos, como los seguros médicos y sanitarios en caso de accidentes o enfermedades laborales, como ya hemos visto en casos de accidentes donde a la empresa le importa más la entrega. Tampoco se garantiza la cobertura en caso de desempleo. Ni mucho menos hay una regulación sobre la jornada laboral, que la mayoría de las veces no respeta descansos ni horarios.

Ante estos verdaderos abusos, lxs trabajadorxs de aplicaciones han comenzado a decir basta, y a movilizarse en Argentina, Brasil, Chile y otro países. Y a organizarse sin importar la fronteras en la Red de Precarizadxs, denunciando estas prácticas y a los gobiernos que las sostienen. Hoy, son un verdadero ejemplo de unidad y de cómo enfrentar las medidas de un gobierno, como el de Piñera, que a la pandemia solo ha respondido con represión y precarización.