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Uruguay

Cultura. Pedro Juan Gutiérrez: Realismo sucio o Realismo a la cubana

El Realismo de Pedro Juan no escapa a algunos procedimientos tradicionales de esta corriente artística, pero a su vez incorpora variaciones provenientes del contexto particular de producción, de la experiencia personal del autor, de la historia literaria y de las exigencias del mercado literario.

Rafael Fernández Pimienta Escritor y docente.

Sábado 18 de julio de 2015

“El arte sólo sirve para algo si es irreverente, atormentado, lleno de pesadillas y desespero. Sólo un arte irritado, indecente, violento, grosero, puede mostrarnos la otra cara del mundo, la que nunca vemos o nuca queremos ver para evitarle molestias a nuestra conciencia.”

“Yo, revolcador de mierda”, en Anclado en tierra de nadie.

Lo anterior expone que más allá de las formas que asume el arte, es condición de este ser disidente. Es en la particular concepción y ejecución que adquiere su realismo donde reside esta disidencia. En Pedro Juan el Realismo asume grados hiperbólicos, el secretario de la sociedad, su amanuense, se atreve a contar cosas que en tiempos de Balzac no podrían aparecer.

“Lo mejor es la realidad. Al duro. La tomas tal como está en la calle. La agarras con las dos manos y, si tienes fuerza, la levantas la dejas caer sobre la página en blanco. Y ya. Es fácil. Sin retoques. A veces es tan dura la realidad que la gente no te cree.”

“Yo, revolcador de mierda”, en Anclado en tierra de nadie.

El Realismo necesariamente debe adscribirse a un presente histórico, es de ahí de donde surgen las pautas de verosimilitud que lo rigen, que lo legitiman. En este caso el adjetivo “sucio” proviene no sólo de un movimiento artístico donde pueden ubicarse algunos autores como Henry Miller o Charles Bukowski, en donde lo sucio tiene que ver generalmente con una valoración moral, con descripciones sexuales explícitas, con el manejo de un lenguaje socialmente rechazado, sucio como sinónimo de pecaminoso. En el caso del cubano, “sucio” adquiere, además del sentido anterior, un sentido literal, lo sucio proviene de un ambiente degradado, empobrecido, realmente sucio porque escasea el jabón, el agua, la electricidad. Son los tiempos del periodo especial, de la extrema pobreza que empuja a una supervivencia animal, desprovista de todo sentido a no ser el fisiológico. Por lo tanto, un autor realista, que quiere tirar la realidad en el papel, la expresará de la manera más cruel posible.

“En tiempos tan desgarradores no se puede escribir suavemente. Sin delicadezas a nuestro alrededor, imposible fabricar textos exquisitos. Escribo para pinchar un poco y obligar a otros a oler la mierda. Hay que bajar el hocico al piso y oler mierda. Así aterrorizo a los cobardes y jodo a los que gustan amordazar a quienes podemos hablar”

“Un día yo estaba agotado”, Anclado en tierra de nadie.

Es necesario crear un tono de sinceridad. Dicho tono se logra generando una cercanía con el lector, la sensación de confidencialidad, la cual se apoya en el uso de la primera persona, en la “intimidad” de los hechos y pensamientos transmitidos, en el ajuste entre lenguaje y personaje. Además, la primera persona del narrador es reforzada por el nombre elegido para el protagonista de sus historias: Pedro Juan.

Por momentos provoca extrañamiento el que acciones íntimas y poco agradables de contar aparezcan, pero luego de algunos párrafos se genera un efecto de acostumbramiento a esa exposición cruda de los hechos. El narrador colabora colocando esos sucesos, perfectamente naturales, pero poco literarios, en el medio de otras frases o enumeraciones que atenúan la dureza.

“Desayuné una taza de té, cagué, leí unos poemas homosexuales de Allen Ginsberg…”

“Cosas nuevas en mi vida”, Anclado en tierra de nadie.

Es en el ámbito de lo sexual donde el realismo de Pedro Juan se detiene y revuelve, para devolver al lector una imagen fisiológica que proporciona pocos matices para el amor.

“Es que el sexo no es para gente escrupulosa. El sexo es un intercambio de líquidos, de fluidos, saliva, aliento y olores fuertes, orina, semen, mierda, sudor, microbios, bacterias. O no es. Si sólo es espiritualidad etérea entonces se queda en una parodia estéril de lo que pudo ser. Nada.”

“Cosas nuevas en mi vida”, Anclado en tierra de nadie.

Los títulos de los tres libros que componen Trilogía sucia de La Habana (Anclado en tierra de nadie, Nada que hacer y Sabor a mí), indican no sólo la voluntad de ser realista, si no el tono desencantado, desesperanzado de estas narraciones, donde el humor, el desenfreno de las pasiones, el predomino de lo instintivo y de lo fisiológico marcan una lucha por la supervivencia a pesar de todo y de todos. El epígrafe a Sabor a mí es una perfecta síntesis del personaje central de estas obras y, quizá, del efecto provocado en el lector:

“El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado.” (Ernest Hemingway, El viejo y el mar)